Jesús llama “hipócritas” a los dirigentes de su pueblo por valorar sus tradiciones más que la vida humana -hoy diría: los derechos humanos- (Mt 15, 3-9) Domingo 20º TO (16.08.2020): una extranjera enseña a Jesús la voluntad divina

El bien de la persona está por encima de la tradición y la ley

Comentario: “Ten compasión de mí, Señor... Mi hija tiene un demonio muy malo” (Mt 15, 21-28)

El texto narra la curación de una chica “cananea” (Mateo), “sirofenicia” (Marcos), fuera de Israel, en la región de Tiro y Sidón. Estas ciudades  antiguas, en la costa del Líbano, son famosas por el comercio. No eran de religión judía, pero tenían alguna referencia del judaísmo, pues a Jesús la madre de la chica le reconoce “Hijo de David” (v. 22) y entiende el privilegio de Israel (v. 27).

Mateo narra, en versículos anteriores (Mt 15,1-20), un duro enfrentamiento de Jesús con los sectores más piadosos de Israel (“fariseos y escribas de Jerusalén”). Le preguntan “¿por qué quebrantan sus discípulos la tradición de nuestros mayores?”. Jesús contesta preguntando por qué ellos quebrantan “el mandato de Dios en nombre de su tradición”. Es la historia normal de toda institución, también de la Iglesia. El “mandato de Dios” (que la persona viva dignamente) debería ser la inspiración original de toda religión. La voluntad del Creador es la vida sus criaturas. Debe ser la base de toda tradición original sobre la vida humana. Cuando en nombre de Dios se imponen leyes, que no honran la inspiración original, es decir, que no respetan la vida personal de modo absoluto, se está siendo infiel al Dios, “amigo de la vida” (Sab 11,26). Por eso, por valorar sus tradiciones más que la vida humana (hoy diría: los derechos y deberes humanos), Jesús llama “hipócritas” a los dirigentes judíos (Mt 15, 3-9). “Se escandalizan” (Mt 15, 12). Jesús insiste: “son ciegos, guías de ciegos” (Mt 15, 14). A los discípulos les aclara que el núcleo de la moral es la conciencia personal, que expresa la bondad o la maldad: “lo que sale de la boca brota del corazón” (15, 16-20). Esto le crea ambiente hostil y “se retira a la región de Tiro y Sidón” (Mt 15,21). 

Jesús cura a la hija de una mujer no judía. Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”, grita. Marcos dice que “la hija estaba poseída de un espíritu impuro” (Mc 7, 25). Mateo dice que “tiene un demonio muy malo” (v. 22). “Espíritu impuro o malo” se opone a “espíritu santo o bueno”. Aquel inspira maldad, contamina, daña, es incompatible con Dios y su Amor. “Santo” es lo que pertenece a la dimensión divina, a la bondad. Nos hace semejantes a Dios, que es origen de todo bien, misericordia y compasión. Crecer en el bien o decrecer hasta niveles inhumanos es el desafío de la libertad. La fe en el Misterio-Dios, que nos trabaja con su Espíritu Santo, colabora con nuestra libertad en la realización del bien.

“Los rasgos del espíritu impuro (demonio malo) son: a) es un factor activo que no procede del hombre, sino del exterior. b)El hombre puede aceptarlo y en ese caso las acciones se atribuyen igualmente al hombre y al espíritu (Mc 1,23-24). c)Es alienante: una vez que se apodera del hombre, lo despersonaliza: ya no actúa realmente el hombre, sino “el espíritu”; d)“el espíritu impuro” es figura de una ideología contraria al ser de Dios” (J. Mateos-F. Camacho: “Evangelio. Figuras y símbolos”. Ed. El Almendro. Córdoba 1989. Pág. 172). “Estar endemoniado” (Mt 15,22) añade a “estar poseído por un espíritu impuro” (Mc 7,25) un rasgo de exaltación o violencia externa, convirtiendo al individuo en fanático y extremista” (Ídem, pág. 174). Entre la madre y la hija no hay entendimiento. La madre cree que la hija está imbuida de una fuerza negativa, de modo exaltado y violento. Por eso pide a Jesús que la cure.

Atiéndela, que viene detrás gritando, dicen los discípulos.Jesús responde: “Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel”.La mujer se arrodilla: “Señor, ayúdame”. Jesús responde: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos ”.La mujer: “Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de las mesas de los amos”. Jesús no tiene más remedio: “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Oración:Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David” (Mt 15, 21-28)

Jesús, buscador de la voluntad divina:

te descubro hoy en el evangelio creciendo, como nosotros,

en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2,52);

los acontecimientos te van descubriendo la voluntad del Padre:

te enfrentas a los hipócritas, aunque sean piadosos y sabios;

el bien de la persona está por encima de tradición y ley humanas;

obrar en conciencia, desde el corazón, hace digno al hombre (GS 16).

Ser fiel a tu conciencia te crea enemigos y te induce a

retirarte a la región de Tiro y Sidón” (Mt 15,21);

allí das un paso nuevo en tu crecimiento pastoral;

no eres un robot divino al margen de la libertad de conciencia;

ni un sabio en leyes que tiene respuestas para todo;

tu libertad va tomando decisiones, como nosotros,

conforme crece tu conocimiento y tu conciencia.

Hoy, una mujer extranjera te enseña la voluntad divina:

al principio “no respondiste nada” a su grito de auxilio:

¿era el modo mejor para tratar a un no judío?

¿creías que era esa la voluntad de Dios?

Los discípulos te ayudan: Atiéndela, que viene detrás gritando:

no debías de verlo claro cuando contestas:

Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel”;

la mujer te ruega de rodillas: “Señor, ayúdame”; 

tu respuesta desconcierta: “No está bien tomar el pan de los hijos

y echárselo a los perritos”;

para la mentalidad judía, “perros” son los paganos, lo no judíos;

la mujer parece estar de acuerdo con esta apreciación;

está acostumbrada a la esclavitud, a la marginación:

su hijatiene un demonio muy malo”;

está dominada por una ideología extrema y violenta;

no soporta la opresión del sistema impuesto;

era una inadaptada agresiva, socialmente desquiciada.

Su respuesta pacífica, sosegada, consigue cambiarte:

-“Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen

las migajas que caen de las mesas de los amos”.

La voluntad del Padre Dios te ilumina la mente y el corazón:

Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Esta mujer, Jesús, marcó “un antes y un después” en tu misión:

Dios quiere que todos los hombres encuentren la dicha;

Dios quiere personas libres e iguales en dignidad y libertad;

Dios no quiere fanatismo ni obediencia ciega,

ni esclavitud ni violencia.

Para ti, Cristo, fanatismo, esclavitud y violencia:

son “espíritu impuro, demonio malo”, incompatible con Dios; 

son ideologías que enajenan, despersonalizan,

impiden ser nosotros mismos y utilizar nuestra razón;

anulan algo tan humano como el discernimiento y la libertad.

Tu palabra estaba llena de autoridad (Lc 4,32; Mt 7,28):

respetas nuestra inteligencia y libertad en crecimiento;

buscas el bien humano por encima de toda institución;

propones, no impones, el amor sin fronteras, sin violencia;

ayudas a “crecer” como personas, 

a cambiar opciones buenas,

a progresar en tu seguimiento.

Queremos, como Tú, Cristo hermano, acercarnos a todos:

escuchar, piensen lo piensen, vivan como vivan;

dejarnos interpelar por todo acontecimiento y circunstancia;

comprometernos humildes, sin fanatismo, con la verdad;

poner nuestro esfuerzo en la construcción de tu reino;

sembrar sinceridad, racionalidad, sensatez... en nuestras relaciones.

Preces de los Fieles (D. 21º TO 16.08.2020): una extranjera enseña a Jesús la voluntad divina

Mi hija tiene un demonio muy malo”, escuchamos decir a una madre. Esta queja es una constante de esposos, hijos, padres o madres, vecinos, jefes, empleados... Es la convivencia difícil en libertad, siempre peligrosa. Pidamos sentir la “actuación constante del Padre y el Hijo” (Jn 5,17) que ayudan a crecer nuestra vida, diciendo: “Ten compasión de nosotros, Señor.

Por nuestra sociedad:

- que aprenda a dialogar y a respetar los derechos humanos;

- que aleje la violencia y los fanatismos políticos y religiosos.

Roguemos al Señor: “Ten compasión de nosotros, Señor”.

Por las intenciones del Papa (agosto 2020):

- que valoremos a “todas las personas que trabajan y viven del mar”;

- que “los marineros, los pescadores y sus familias” vivan dignamente.

Roguemos al Señor: “Ten compasión de nosotros, Señor”.

Por nuestras comunidades cristianas:

- que seamos capaces de dialogar, de respetar, de ayudarnos a crecer;

- que el amor y el entendimiento esté por encima de opciones políticas.

Roguemos al Señor: “Ten compasión de nosotros, Señor”.

Por nuestras familias:

- que la desavenencia no lleve nunca a la violencia y la muerte;

- que no nos cansemos nunca de vivir en amor gratuito.

Roguemos al Señor: “Ten compasión de nosotros, Señor”.

Por las relaciones laborales:

- que la economía esté al servicio de las personas;

- que en las empresas exista la solidaridad en trabajo y en beneficios.

Roguemos al Señor: “Ten compasión de nosotros, Señor”.

Por esta celebración:

- que nos haga crecer en amor mutuo;

- que nos convierta a la confianza en la verdad y el bien.

Roguemos al Señor: “Ten compasión de nosotros”.

Señor, tú tienes compasión de todos.Queremos tener un corazón como el tuyo, que “se hace todo para todos” (1Cor 9,22b). Queremos atender a cualquier persona aunque “tenga un demonio muy malo”, como terminaste haciendo Tú con la hija de aquella mujer cananea, a la que reconociste tener una gran fe por preocuparse tanto por su hija. Ten compasión de nosotros, Tú, que vives por los siglos de los siglos.

Amén.

Jaén, 16 de agosto de 2020

Jaén, 16 de agosto de 2020

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