Estoy de regreso a mi país, Colombia, después de casi 20 años de misión en Kenia. Al terminar esta etapa de mi vida lo que aflora en mi corazón es gratitud. ¡Gracias, Kenia!
Un misionero es rico de la gente que lleva dentro, cada encuentro es su mejor negocio, cada oportunidad de dar y recibir es ganancia, todo es humanidad.
Estoy feliz de que mi biografía, así simple, anónima y escueta como es, se haya vuelto trama para la urdimbre de tantas personas.
Doy gracias, y ahora vuelvo a lo otro mío y a los otros míos, a acostumbrarme a lo que tiempo atrás tenía por familiar y a no dejar morir la alegría y la buena noticia que recibí de mi familia keniana.
Ahora que estamos implementando los acuerdos de paz en nuestro país, Colombia, creo oportuno hablarles de un proceso de reconciliación que tuvo lugar hace ya muchos años por estos lados de Kenia.
Llega la navidad y el 2021 está llamando a la puerta, todavía podemos darle oportunidades a la paz.
Entre las historias que narran la guerra colombiana, me impresiona mucho la de Minelia, “la loquita de Bojayá”.
En la cabeza de esta mujer negra, que a juicio de muchos le faltaba un tornillo, intuyo que razona “la mente de Cristo”.
Minelia sobrevivió al horror y cuando muchos de sus paisanos pudieron salir todavía en el cruce de disparos y estruendos, ella optó por quedarse con los heridos que no se podían mover y con un montón de cuerpos desmembrados.
Cristo, y así se ve en Minelia y en los pequeños, razona dando la vida. Tal vez necesitemos un grado o muchos de locura para que en la Iglesia toda razonemos así.
Minelia también se tomó el trabajo de recoger las partes dispersas de los cuerpos desmembrados, y poner cada una al lado del que creía era el cuerpo que le correspondía”.
Minelia, más cuerda que cualquiera, tan loca como la Iglesia de la pascua,
La Eucaristía, despedida del “bendito Bosco” fue fiesta para todos, cristianos y no cristianos, hijos e hijas de Dios. Si la Iglesia está de verdad presente, el Resucitado en medio de la comunidad, nadie puede morir solo y sin la vida que no muere
"Gracias a Dios un hermano así. Gracias a Dios un obispo así. El aliento de gente así empuja las velas de esta barca que es la Iglesia"
"El Obispo Antonio se metió en la Colombia profunda, navegó los grandes ríos del Guainía, vivió una vida simple al lado de los indígenas y campesinos de su jurisdicción, se preocupó de la educación y de promoción de los más pobres"
"Una artesana que saca de la materia la belleza que se esconde en todo, un albañil que construye la ciudad, un músico que crea de las notas armonía, un empleado que a punta de escoba y trapero no se cansa de limpiar y hacer brillar, un astronauta que dilata el cosmos en sus viajes arriesgados de agujeros negros, uno que sin letras y títulos es experto en humanidad, una médica que toca los sufridos y desafía la muerte, un deportista que electriza un estadio, una investigadora que revela los secretos desde siempre escondidos, una maestra que suscita sabiduría, un mentor que inspira a los que empiezan, papás y mamás que dan vida, amantes que desafían las arrugas del tiempo"
"Un sacerdocio que aprieta diferencias en un abrazo"
Doña Fabiola Lalinde es la protagonista de la historia que inspira mi reflexión
Mujer colombiana, paisa, perdió a su hijo Luis Fernando Lalinde Lalinde. Como buena madre, no descansó hasta encontrar, muchos años después, los restos mortales y la verdad de la muerte de su hijo
Luis Fernando desapareció en octubre de 1984, violentos lo torturaron, lo ejecutaron sin juicio y escondieron su cadáver en las montañas
Ella llamó a su búsqueda 'operación ciricí', y en su relato de los hechos, declarado por la UNESCO patrimonio para la memoria del mundo, admite que “este drama se convirtió en una experiencia dolorosamente bella”
Creo que todos esos documentos sean linterna para las oscuridades de esta guerra que no acaba y de esta fuerza de muerte que intenta aplastarnos
El archivo de la señora, escrito en las tinieblas y en la esperanza, inspira confianza y tesón, es un aliciente para la resistencia y la resiliencia
La Iglesia, en un contexto como Colombia, tiene también que montar operación cirirí, volverse “insistente, persistente e incómoda”, hasta encontrar el cordero sacrificado y en pie
Antes de que se atreviera a preguntar, uno de los policías, más acribillándola que preguntándole, le grito: - ah, ¿usted es la mamá del ladrón? Ella, espontáneamente, sin pensarlo dos veces, respondió despacito: - no es un ladrón, es mi hijo
"Así es Dios. Dios nunca nos define por lo que hacemos, ni por nuestros pecados ni por nuestra virtud… Dios nos define por lo que somos, sus hijos e hijas"
"Fui a celebrar la misa en un pueblito de muy pocos cristianos y cuando llegué, encontré que no había nadie y que la pequeña iglesia estaba vacía. Pregunté dónde estaban y me dijeron que se habían ido para un matrimonio"
"Empecé a dar gracias a Dios de que los cristianos no hubieran venido a la misa que yo quería presidirles y de que yo haya podido participar de la que toda la aldea celebraba: algo me decía por dentro que, en esa fiesta, que gracias al cielo no me perdí, había comulgado el pan de Dios que es la alegría y que él no niega a ninguno de sus hijos"