El presidente de la Conferencia Episcopal tardará en olvidar el encuentro de este miércoles, estas cuatro horas, en las que escuchó lamentos, historias, lágrimas… de supervivientes de abusos en la Iglesia. Y de los padres de los que no lograron, como Diego, sobrevivir, y a los que la sociedad, y la Iglesia, deben, debemos verdad, justicia y reparación
Porque la verdadera historia es la de la dignidad, el dolor y, pese a todo, la mano tendida de los supervivientes. Que no son enemigos de la Iglesia, ni mucho menos
Omella, como también Osoro, Fernando Valera, Luis Ángel de las Heras, Joseba Segura, José Cobo, y muchos otros (afortunadamente, algunas cosas están cambiando) han dado un paso hacia adelante, hacia el dolor de las víctimas, y hacia sus legítimas exigencias, también económicas (¿por qué no?) que puedan tener. Que no deberían ser exigencias de las víctimas, sino de la propia institución