1 feb 2026
De Petro, Colombia: Jesús tuvo relaciones con Magdalena. El problema no es si las tuvo, sino cómo, pues de ellas nació la Iglesia
G. de Petro, presidente de Colombia dice: Jesús tuvo relaciones con Magdalena. El tema no es si las tuvo, sino cómo, pues de de las “relaciones” de Jesús y Magdalena ha nacido el Cristianismo
El tema ha causado revuelo en Colombia, no sé de dónde ha sacado de Petro, Presidente de Colombia, esa teoría, pero merece una reflexión-
1. El tema de las relaciones entre un “macho” y una “hembra” pertenece a la esencia de los animales superiores del día 6 de Gen 1 entre los que se pueden contar monos caballos y toros. No sé si De Petro se refiere a estas.
2. En la segunda mitad del día 6, según la Biblia, Dios creó a los seres humanos Pero ellos, surgiendo en un plano de relaciones sexuales de tipo biológico, estrictamente hablando, no nacen de ellas, sino de unas relaciones distintas, situadas en el nivel de del aliento de vida de Dios (Gen 2, 7) y de la palabra compartida, un tema que atraviesa toda la desde Gen 1-3 hasta Hn 1, 12-14.
3. De estas relaciones de Aliento/Espíritu/Palabra entre Jesús y Magdalena nació la iglesia, como sabe cualquiera que lee algo la Biblia. No sé si D Petro sabe esto, pero en Colombia, su tierra, hay buenas facultades de teología, y podrá aprenderlo si quiere.
4. En este contexto es mucho más importante el tema de “relación de familia” que Jesús quiso instituir, conforme a los relatos del NT. Cualquier lector normal de la Biblia sabe que los familiares de Jesús se opusieron a la forma en que él quiso establecer una familia con Magdalena y otros compañeros, tema del que hoy voy a tratar, en las reflexiones que siguen.
5. En una próxima postal, mañana o pasado trataré del tema clave que está en el fondo de las preocupaciones de De Petro: Qué tipo de relaciones de Jesús y Magdalena fueron causa o medio para el surgimiento de la iglesia.
Radicalismo de amor, nuevo tipo de familia
No fue patriarca-progenitor (en la línea de Adán, Abraham o los doce padres de las tribus), con hijos carnales/tribales de nueva familia, para crear así una nueva familia “califal” frente a las otras, sino hermano y amigo universal, abriendo espacio de amor y encuentro personal con y para los rechazados del sistema. No fue garante del orden establecido, ni profeta elitista, sino mensajero de un Reino que debía empezar por los excluidos del sistema, en comunión de vida, desde el margen de la sociedad, iniciando, con los carentes de familia y tierra, un proyecto de comunicación con otros, en amor mutuo (Mc 10, 30-32).
El radicalismo ético de la tradición sinóptica era un radicalismo itinerante que podía practicarse únicamente en condiciones extremas y marginales.
Sólo aquel que se había desligado de los lazos cotidianos con el mundo; aquel que había abandonado hogar y tierras, mujer e hijos; aquel que había dejado que los muertos enterraran a los muertos y que tomaba como ejemplo los lirios y los pájaros, podía practicar y trasmitir con credibilidad ese ethos…[1]
Su amor a los hombres no es negación, sino intensificación del deseo y comunión de vida, esto es, de encuentro y gozo creador/sanador, de palabra y obra, entre personas, en una línea que culmina en la comida-palabra (en una línea eucarística). De esa forma, en comunión con hombres y mujeres de su entorno, prostitutas, impuros y eunucos, oponiéndose a otros “valores” de excelencia y exclusivismo de una parte de la sociedad, Jesús pudo ser principio y signo de esperanza mesiánica y familia del Reino, sabiendo que en esa familia los primeros son los niños y pobres, carentes de familia (cf. Mc 9, 33-37; 10, 13-16; Lc 6, 20).
Su proyecto marcó así el comienzo de una transmutación de la familia, sin patriarcas varones que dominaran sobre el resto de la comunidad. Eso significa que fue célibe por proyecto de vida, en una línea de apertura más amplia al amor, esto es, a un tipo de amor múltiple y “provocador” a los enfermos, posesos, pobres, oprimidos y excluidos de su entorno. No creó una “religión” en sentido actual de sacralidad grupal de elegidos, sino un movimiento de renovación, es decir, de recreación de amor de la familia, desde los estratos amenazados de la sociedad, entre los pobres y excluidos, partiendo de la capacidad más honda de amor y palabra que transforma (eleva, vincula, cura) a las personas, de manera mística
No quiso fortalecer el orden imperante (con sacerdotes/rabinos judíos y soldados imperiales de Roma), sino descubrir, iniciar y promover una comunidad de amor en apertura a todos, hombres y mujeres, en acogida, afecto y respeto. Inició caminos, aunque no los estructuró en forma legal, formó “exorcistas”, sanadores, hombres y mujeres, de nuevas familias. No fue padre superior, con dominio sobre el resto de la casa, no fue marido poderoso, en sentido patriarcal, sino hermano y amigo de todos. No fue esposo mejor que los de su entorno para instaurar muevas formas de relación jerárquica, sino persona (ser humano) para los demás, suscitando y animando un grupo inclusivo y abierto, de varones y mujeres, ancianos y niños, en el que había lugar para personas de tendencias afectivas distintas, incluidos eunucos, a quienes quiso potenciar en amor. En esa línea podemos presentarle como “varón” ejemplar, que fue suscitando experiencias, curaciones y caminos personales de amor.
‒ No mandó a los suyos que se casaran y tuvieran hijos, conforme al mandato de Gen 2-, sino que dijo a todos que se amaran y acogieran unos a otros, empezando por los enfermos pobres, y buscaran la forma de hacerlo, en apertura a los rechazados del sistema. No aceptó las tradiciones dominantes que exigían que tanto varones como mujeres asumieran el matrimonio, para ser así fieles al mandato de la creación que decía: ¡Creced, multiplicaos…! (Gen 1, 28). Ciertamente, no negó ese mandato, y fue a lo largo de su vida amigo y protector (educador) de niños, pero no puso ese mandato en el centro de su mensaje, como hacían otras tradiciones.
A su juicio, más (=antes) que casarse y tener hijos, él quiso que pudieran vivir todos los hombres y mujeres (casados o no), crecer y vivir todos los niños del mundo), para quienes buscó espacios y caminos de solidaridad personal y de acogida a los pobres y excluidos, esperando así la llegada del Reino, en amor, salud y libertad. Su opción fundamental fue la familia de Dios, abierta a todos los hombres y mujeres, no un tipo de pequeña familia al servicio de sí misma y de sus hijos.
‒ Fue persona de trabajo, artesano (tekton), pero no propuso ni inició una forma deredención laboral. Al contrario, en un momento dado, abandonó su oficio y vida laboral, para compartir la visión de penitencia y juicio del Bautista, y después para crear su propio movimiento de Reino, al servicio de la comunión desde los rechazados o marginados de la “buena” sociedad establecida, pero abiertos al amor. En aquel momento, a su juicio, la prioridad no era crear una comunidad de trabajadores, empeñados en sostener a su familia, sino de iniciar y animar un movimiento de solidaridad recreadora, desde los más pobres, en gesto de amor abierto hacia varones y mujeres, aceptando cada uno su condición personal y afectiva, para amar a los otros y crear comunidades (nuevas familias) abierta a los hombres y mujeres del entorno.
‒ Su movimiento surgió en un contexto de desintegración familiar. Los nuevos impulsos sociales y laborales habían destruido un tejido secular de “casas estables”, entendidas como unidad afectiva y laboral, en torno a un padre de familia, con mujer/mujeres e hijos a su servicio, bajo su cuidado. En consecuencia, una parte considerable de la población, es decir, de los varones (sin trabajo estable, ni heredad: casa/tierra) y, más todavía de las mujeres tenían dificultad para fundar una familia en sentido antiguo. Pues bien, en ese contexto él quiso poner en marcha un tipo de familia que rompiera el orden patriarcal, para abrirse en claves de solidaridad y comunión desde los antes excluidos. Eso no implicaba ningún tipo de debilidad, sino más bien de protesta creadora y de sanación, de transformación al servicio de la vida.
Su celibato fue expresión y principio de transformación y curación para el amor. En aquel contexto (Galilea), ser célibe (¡y más aún eunuco!), como dicen algunos, no era un signo de superioridad, sino de carencia, una debilidad o maldición (iba contra el mandato: ¡creced, multiplicaos!: Gen 1, 28). Pero Jesús convirtió esa debilidad y carencia en fortaleza superior y en abundancia, al servicio de la vida, en una forma de expresar la felicidad de Reino y de solidarizarse con los más pobres, abriendo para ellos una esperanza nueva de familia.
De esa forma rechazó una norma que ponía el matrimonio al servicio de la buena “descendencia” (para que no se borrara el nombre de su casa: cf. Dt 24, 5-6). Fue varón, pero no patriarca dominante, tanto en un contexto judío, como griego o romano, pues su celibato le vinculó con personas sexual y familiarmente marginadas, superando los estereotipos de una sociedad estamental, que se fundaban en la visión de Dios como gran Padre de familia. De esa forma superó los modelos habituales de dominio de los varones sobre las mujeres, para presentarse como hermano de todos, en un gesto de igualdad solidaria,desde los más pobres, no por debilidad, sino por afirmación de vida superior, por desbordamiento de creatividad humana.
Celibato escandaloso. Sus familiares quisieron casarle
Así entendido, el celibato de Jesús fue un gesto de protesta, como indica Mc 3, 20-21.31-35) un pasaje de durísima disputa de familia que consta de introducción con un espacio propio (oikos o casa: 3, 20), y dos escenas, una intercalada en otra. Al principio y fin está la familia (Mc 3, 21.31-35), en el centro la nación, representado por los escribas (3, 22-30).
-- Introducción: casa-iglesia (Mc 3, 20). Jesús está en su “casa” (no en su casa familiar, con mujer e hijos) sino en su casa de comunidad, rodeado por el pueblo (okhlos) que le busca (3, 20) empezando por la muchedumbre de la orilla del mar (poly plethos: 3, 7-8). Todo lo que sigue se refiere a esta casa donde él se instala con los suyos, a pesar de la condena de unos (escribas) y el intento de rapto de otros (familiares). En ese contexto define Jesús su familia como corro de personas que cumplen con él la voluntad de Dios (cf. 3, 34-35) .
-- En los extremos de la escena (Mc 3, 21.31-35) están los familiares (madre y hermanos, no padre) que le toman por loco y pretenden sacarle de esa casa de comunidad escandalosa (de grupo mezclado), que no es buena para él, que no responde a la tradición de Israel, para llevarle a unacasa suya propio, la casa de un buen matrimonio al estilo israelita (de marido y mujer con hijos). Los “familiares” de Jesús se sienten postergados (rechazados) por un Jesús transgresor, que ha roto las tradiciones de Israel, y se creen con derecho para imponerle su criterio de familia, sacándole y de esta familia grupal (escandalosa) y llevándole a Nazaret, donde tendría que estar con su pequeña familia tradicional. Todo nos lleva a pensar que en esta escena de Mc 3, en la que sus familiares (con la madre) quieren que abandone su familia ·escandalosa de Cafarnaúm y vuelva a Nazaret para establecer allí una familia tradicionalde marido y mujer con hijos, dentro de una sociedad estamental como la del judaísmo, hay un recuerdo pre-pascual (un recuerdo de la vida de Jesús, de su celibato histórico), aunque el texto ha podido ser recreado después, tras la pascua.
-- En el centro queda la acusación de los escribas (Mc 3, 22-30), representantes del judaísmo de ley y templo controlado por Jerusalén (de donde bajan: 3, 22). Creen que Jesús ha roto el orden de la casa de Israel y le acusan (a él y a los suyos), diciendo que su acción y grupo nace de Satán, porque abre la familia, creando una comunidad mestiza, fundada en relaciones de palabra y amor personal, no de pura carne (relación de matrimonio formal) y sange (genealogía) . Asumen así el reto de Jesús (que había curado en la sinagoga al hombre con espíritu impuro: 1, 23), llamándole poseso (3, 22.30); pero Jesús responde acusando a sus acusadores de pecar contra el Espíritu Santo.
Marcos ha vinculado el rechazo de los familiares (extremos del texto) y la condena de los escribas (centro), insistiendo quizá más en la acusación de los familiares que quieren llevar a Jesús, para que se case como (entre) ellos, con lazos de carne, sangre y ley, pero no pueden condenarle sólo ellos y por eso vinculan su gesto al de los escribas que vienen de Jerusalén (3, 22-30), con los que se unen, y acusan a Jesús de estar poseído por Belcebú. Conforme a la visión de Marcos, en la raíz de la acusación de estos familiares de Jesús se esconde el judaísmo (no mesiánico) de los escribas de Jerusalén, de forma que su texto nos sitúa ante una disputa a tres bandas entre cristianos de la comunidad de Marcos, familiares judeo-cristianos de Jesús y judíos nacionales con escribas de Jerusalén.
Aquí insisto en laintención de los parientes (para’autou), que piensan tener autoridad sobre Jesús, diciendo que está loco, pues “rompe” el orden de familia, no se casa ni se integra según lay en una familia de sangre (genealogía) y de carne (generación).Entendido así, este texto del celibato grupal, escandaloso, de Jesús (que va en contra del orden familiar de su entorno judío ha sido integrado por el evangelio de Marcos en el contexto de la ruptura más extensa de Jesús con el conjunto del pueblo de Israel. Marcos vincula así el celibato grupal (escandaloso) de Jesús, que rompe su vinculación con la familia de Nazaret con su forma de romper la integración legal con la gran familia del judaísmo de Jerusalén, tal como lo empieza a entender el fariseísmo.
A través de su celibato grupal escandaloso, Jesús se ha separado de sus familiares (es Jesús quien se separa de ellos y no a la inversa, de manera que ellos, en consecuencia, no creen en él no pueden aceptar su mensaje y camino, como dice el evangelio de Juan). Esta ruptura familiar de Jesús va unida a su ruptura israelita. En ese sentido se puede afirmar que sus familiares le excluyen de su familia (porque Jesús se ha excluído de ella), y que los escribas de Jerusalén le excluyen del judaísmo legal, porque ha sido él quien se ha excluido, separado de la ley de Israel.
Sea como fuere, a Jesús quieren “prenderle” sus propios familiares. Quieren que abandone su pretensión (su casa abierta a los impuros, su familia no tradicional), Por eso quieren agarrarle a la fuerza (kratêsai: 3, 21), a fin de que abandone su nuevo estilo de vida, es decir, que se mantenga fiel a su antigua de familia. De esa forma se ponen de parte de los escribas de Jerusalén, representantes de la ley nacional israelita (Mc 3, 22-30) que acusan a Jesús diciendo: Tiene a Belzebú y con el poder de Belzebu, Príncipe de los demonios, expulsa a los demonios.
Eso significa que los dos grupos de antagonistas de Jesús se vinculan (a) Por un lado se alzaba el pueblo legal (la gran nación israelita), cuyos representantes (escribas de Jerusalén) acusan a Jesús de endemoniado, porque está poniendo en riesgo la unidad sagrada de Israel, que ellos defienden. (b) Por otra parte estaban los parientes directos de Jesús, que quieren llevarle a su familia antigua y casarle, para que se someta da esa forma al orden de conjunto de Israel.
Israel era una familia nacional (3, 22-30), un pueblo separado de los restantes pueblos. Los escribas defienden la sacralidad de Israel. Jesús, en cambio, afirma, con su mensaje y con sus exorcismos, que ese pueblo corre el riesgo de caer “endemoniado”, bajo espíritus perversos. Como los antiguos profetas (Isaías, Ezequiel…), él afirma que ha venido a liberar a Israel de sus demonios. Los escribas le acusan de poseso, él se defiende.
¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede subsistir.
Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que está llegando a su fin. Nadie puede entrar en la casa del Fuerte y saquear su ajuar, si primero no ata al Fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa.
En verdad os digo: todo se les perdonará a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan, pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón; será reo de pecado eterno. Pues decían: ¡tiene un espíritu impuro! (Mc 3, 223-30)
Le acusan de expulsar demonios con ayuda de Belcebú, señor perverso, dueño malo de la casa del mundo, para destruir de esa manera el judaísmo (esto es, la casa israelita, el buen matrimonio del pueblo de Israel con Dios), diciendo que, bajo capa de piedad (ayuda a unos posesos matinales), Jesús está entregando al conjunto de Israel en manos del Diablo, rompiendo así la unidad de la casa especial israelita.
La fuerza sustentante de la nueva comunidad (iglesia) que Jesús está instituyendo con su proyecto mesiánico es el Espíritu y por eso aquellos que impiden y niegan su acción liberadora pecan contra el Espíritu Santo. Dura ha sido la acusación contra Jesús; durísima su respuesta: Rechazando la obra de Dios, los escribas se destruyen a sí mismos!Pues bien, poniéndose al servicio de los excluidos (posesos), Jesús demuestra una autoridad superior a la de los escribas de ley. No se trata de tener a los hombres sometidos por ley, sino de liberarles, por encima de la ley, para la transformación social, para la libertad del Reino.
La ayuda que Jesús ofrece a los proscritos, su forma de acoger a los posesos, pecadores, publicanos, es el fundamento de la Iglesia, entendida como Casa de Dios, lugar de su presencia (en oposición a los escribas que elevan de hecho una casa del Diablo, expulsando y condenando a los enfermos, pecadores y posesos).
Para actuar como actúa, liberando a los “posesos de aquella ley”, Jesús debe tener un poder más fuerte que fuerte que el de los escribas, más fuerte que el del diablo El tema no es de “ortodoxia” teórica, en línea de religiosidad separada de la vida, sino de vida y comunión entre los hombres y mujeres en línea de palabra y amor. Los escribas necesitan dominar sobre los hombres, para gobernar de esa manera sobre un tipo de “esclavos”. Jesús, en cambio, no quiere dominar a esclavos, sino liberarles.
Los escribas acusan a Jesús diciendo que, que al abrir su comunión a los posesos, marginados, pecadores, él destruye la estructura del judaísmo legal, actuando de hecho como ministro de Satán. Pero, Jesús les responde y condena diciendo que son ellos (judíos nacionales) los que construyen una casa de Satán, el Diablo, es decir, de Belzebú mientras que él libera a marginados y enfermos, a pobres y endemoniados oprimidos por el Diablo, abriendo para ellos la puerta del Reino.
-- Espíritu Santo. Han acusado a Jesús de poseso, infiltrado de Satán, como muestra el comentario conclusivo: ¡Decían: tiene un Espíritu impuro! (3, 22. 30). Pues bien, hablando así, los escribas pecan contra el Espíritu Santo, rechazando la acción salvadora de Dios que llama, que convoca por Jesús a los posesos y pobres (3, 28-29).Al negarse a liberar a los posesos, los escribas y jueces de Israel se están condenando a sí mismos.
-- Jesús aparece en el centro de la discusión como Fuerte (iskhyros, cf. 3, 27), vencedor sobre Satán, en palabra que recuerda la escena del Bautismo (cf. Iskhyroteros: Mc 1, 7). Jesús no ha venido a repetir u organizar en clave de ley lo que ya existía, como deseaban los escribas (cf. 1, 22), sino a vencer a Satanás y construir sobre el mundo la nueva familia de Dios, con autoridad sobre los espíritus impuros, una familia en libertad, sin dominio de unos sobre otros, de varones sobre mujeres, de padres/patriarcas y maridos sobre el conjunto de la familia (cf. Mc 3, 21-28).
Verdadera casa/familia de Jesús (3, 31-35).
Los “familiares” vienen con la madre de Jesús, para “dominarle”, es decir, a exigirle que se mantenga fiel a la ley de familia (de casa, de domus) del judaísmo. Las dos familias(la del gran Israel con los escribas y la del pequeño Israel los parientes de Jesús) son inseparables, de manera que las dos rupturas son en el fondo la misma. (a) Por una parte, Jesús supera el orden nacional de Israel (representado por escribas. (b) Por otra parte, él va en contra del orden patriarcal de sus parientes. Por eso, si le han atacado y han querido condenarle los escribas, vendrán a atacarle y querrán condenarle (encerrarle y casarle) también sus parientes, para que no destruya la estructura de poder patriarcal de Israel (ni la la familia patriarcal de Nazaret) La escena está perfectamente construida:
Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, pues decía que estaba fuera de sí…Y llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar.
La gente estaba sentada a su alrededor, y le dijeron: Tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Jesús respondiendo les dijo: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados a su alrededor, en corro, añadió: He aquí mi madre y mis hermanos. Pues quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. (Mc 3,21. 31-35)
Frente a la multitud que no dejaba a Jesús ni comer, se había elevado, como hemos visto, su antigua familia que quería prenderle, llevándose a casa, es decir, a la casa familiar de su madre y de sus hermanos, casándole en ella, conforme a la ley israelita (3, 21). Esta madre y hermanos quieren “casarle”, esto es, obligarle a construir su casa/familia en el contexto de la ley nacional israelita. Vienen pensando que tienen poder para ello.
La estructura del texto muestra con claridad que estos “parientes” forman parte de la “nación israelita”, y así quieren que Jesús se someta a la ley social del conjunto de Israel y a la ley familiar de Nazaret, que abandone por tanto sus “exorcismos” (que deje de querer “convertir” a Israel..,), que deje a un lado sus intentos de transformación de de las familias de Nazaret, volviendo al esquema y modelo de familia de su casa anterior en Nazaret donde, según su familia, debería haberse instalado creado una buena familia de poder sobre el mundo, fortaleciendo la estructura familiar de su grupo, en oposición al orden más amplio de la estructura familiar de Roma.
Eso significa que Jesús debe volver con sus parientes, aceptando la estructura “sagrada” de las casas de Israel. Los parientes vienen a exigir a Jesús se “case” como el resto de sus hermanos, sometiéndose a la ley precedente (sagrada) de la familia de Israel, convirtiéndose en un verdadero “padre de familia” con poder sobre el resto de los familiares, dentro de la estructura israelita, que no busque una familia distinta hecha de enfermos y posesos, de pecadores y marginados, que no intente crear nuevas formas de relación interhumana, formas que se fundan y se centran en la libertad y en la palabra de acogida a expulsados, impuros y endemoniados.
Significativamente, los parientes vienen sin “padre”, porque el padre israelita de Jesús llamado “José” ha muerto (o no ejerce ya su función antigua) , y porque ello no pueden apelar a un “padre Dios nacional”. Éste es un pasaje central del mesianismo de Jesús. Su madre y sus hermanos vienen a “casarle”, llevarle a la casa/legal de Israel), para que proclame y funde desde ella su mesianismo. Pero Jesús rechaza el mesianismo que le proponen los “hermanos de familia”.
Conforme al principio de la escena, estos familiares habían querido llevar a Jesús a la fuerza (kratêsai), diciendo: ¡está loco! (3, 21). Ahora, al final de la escena (Mc 3, 31-35), después de haber presenciado la disputa de Jesús con los escribas (3, 22-30), en vez de renunciar y defender a su hermano, estos parientes de Jesús, que vab su madre, insisten. Parecen gozar de autoridad sobre Jesús; por eso envían a llamarle, (3, 31). No repiten en sentido externo la acusación de los escribas (¡tiene a Belzebú, está endemoniado!), pero la respaldan, afirmando exestê, está fuera de sí, en el doble sentido de la palabra: Es un loco personal (un perturbado) y un peligroso social (es un destructor de la familia). Entre la posesión demoníaca (escribas) y este tipo de locura familiar hay una relación estrecha. Por eso, Marcos ha asociado las razones de los escribas y de los familiares, presentando las dos condenas (de escribas y la parentela) como una única causa condena.
- Los escribas expulsan a Jesús de un tipo de Israel, pero no pueden condenarle a muerte (apedrearle), pues no hay en Israel una ley estricta y clara que lo ermita. En un contexto algo distinto, pero convergente, los sacerdotes de Jerusalén tendrán que acudir más adelante al poder romano de Pilatos para condenarle y ejecutarle (Mc 15 par).
- Los parientes de Jesús declaran que “está loco” y quieren llevarle a su casa, para que allí se case… y deje de buscar otro tipo de familia. Teóricamente podrían apelar, con el respaldo de la madre, a la “ley de castigo del hijo desobediente” (Dt 21, 18-21). Pero, en aquel contexto, parece que el cumplimiento “físico” de esa ley resultaba complejo… Lo único claro es que Jesús resiste y se independiza de su familia, la rechaza y crea una distinta, con los problemas que eso implica
La gente avisa a Jesús: ¡Tu madre y hermanos están fuera y te buscan (Mc 3, 32). En la casa de la iglesia (cf. oikos: 3, 20.22) está Jesús con la gente sentada en torno a él (peri auton: Mc 3, 32.34), con aquellos a quienes ha llamado, que está met'autou (con él: 3, 14). Fuera (exô) permanecen los familiares (3, 31-32). No entran, no se sientan en corro, ni acogen los nuevos caminos del reino. Desde allí quieren que el mismo Jesús salga, obligándole por fuerza (kratêsai: 3, 21) a dejar la casa de su comunidad, para volver a su familia judeocristiana (cf. 6, 1-6).
Con la autoridad de su pasado (sangre israelita) y del presente de su institución (ellos representan la iglesia judeocristiana de Santiago y José, con quienes la madre de Jesús parece vinculada en Mc 15, 40.47; 16, 1), estos hermanos de Jesús han venido a llevarle a la casa antigua. Por fidelidad a una familia más extensa y profunda de hermanos, Jesús ha tenido que romper con un tipo de buena familia intra-judía. Ése es el sentido de su amor de celibato. Al final de su camino en el mundo no estarán sus hermanos de carne, defendiéndole y solidarizándose con él ante la cruz y en el entierro. Sólo unas mujeres amigas, con un discípulo amado, serán su familia. Con ellos comenzará la nueva historia de los hijos de Dios sobre la tierra, en camino de resurrección.