En la escuela, “Cultura Religiosa” para todos (V)

La Religión, impedimento para el consenso educativo

Una “calle”, relativamente fácil, la escuela
“Quiero que la Iglesia salga a la calle”, decía el papa Francisco a los jóvenes en Río de Janeiro. Supongo que no quería decir que los clérigos salieran a la calle con la variedad de sotanas de colores diversos, con sus mitras, mucetas de lujo, fajines de seda, solideos judaizantes y otros aditamentos pintorescos. Se refería al Pueblo de Dios, a los bautizados, auténticos “sacerdotes, profetas y reyes” de la nueva Alianza. Los que van por la vida sin disfraz alguno, “como uno de tantos”, los que trabajan las bienaventuranzas para que “puedan ser” realidad algún día, los que “han despertado... y visten las armas de la luz” (Rm13,11-12), las que vestía Jesús.

Los “disfrazados”, símbolo del clericalismo, han absorbido el protagonismo de los bautizados. Han logrado exaltar tanto el sacramento del orden que el sacramento del bautismo y la dignidad igual en Cristo de los bautizados ha quedado reducida a pura teoría, ni siquiera asimilada por los propios bautizados. ¿Cuántos bautizados conocen mínimamente la teología del bautismo? Los “disfrazados” están mal vistos por su afán de protagonismo, de poder, de representación, de ocupar los primeros puestos, de singularizarse por su “cargo”, no por su “trabajo” cristiano al estilo de Jesús. ¿Quiere el Pueblo de Dios que “salgan a la calle” los clérigos “como uno de tantos”, o “disfrazados” con los símbolos de su función eclesial? ¿Cómo serán más “signos” del Evangelio, de la Iglesia de Jesús?

Una “calle”, relativamente fácil, es la escuela. Ahí tiene la Iglesia (los bautizados, quienes han recibido el primer y principal sacramento) un ámbito abierto para “salir” a anunciar el Evangelio. Pero, “fijos los ojos en el que inició y completó nuestra fe, Jesús”. “Como uno de tantos”, sin privilegios. A enseñar lo que saben y viven. Como los demás profesores. Con los mismos derechos, pero con los mismos deberes: oposición en la pública, contratos laborales en la privada, horarios, cargos académicos, asignaturas evaluables y válidas como las demás, etc.

“El PP estudia que la asignatura de Religión no cuente para la media”
Al leer, hace unos días, esta noticia, me reafirmo en la tesis de mis artículos anteriores: “En la escuela, `Cultura Religiosa´ para todos”. Creo sinceramente que, en la situación cultural y social moderna, el analfabetismo religioso dificulta de forma singular la convivencia en la escuela y en la sociedad. Sin haber sido iniciado sabiamente en el conocimiento y comprensión de las religiones, se está expuesto a malentender una sabiduría muy humana. La ignorancia obliga a la irreligión, a disparatar sin sentido –la ignorancia siempre fue muy atrevida-, a veces incluso a la persecución.

El conocimiento del hecho religioso es parte básica de la formación humana. Toda religión es una creación cultural, a veces muy compleja, y con muchas manifestaciones en diversos campos de la ciencia, la música, la arquitectura, la poesía, la ética, etc. etc. Conocer la verdad de cada religión, lo fundamental de sus textos fundacionales, las etapas históricas, los diversos códigos éticos, los ritos, la organización, etc. debe ser patrimonio de cualquier persona actualizada. Es un modo de conocernos mejor y comprendernos. Nadie debe tener miedo a la verdad humana. Si una religión –o un aspecto de una religión- no nos humaniza, no nos hermana, no nos sirve para vivir mejor... es señal de que no viene del Misterio que nos ha puesto en esta vida. Sólo alaba al Creador quien cuida a su criatura: “la gloria de Dios es el ser humano viviendo” (Ignacio de Antioquía, + 107).

Elección voluntaria, la mejor forma de decir que no es necesaria culturalmente
En la situación actual, más de la mitad de los jóvenes (el 60%) en bachillerato, la mitad (50%) en la ESO, y el 30% en Primaria, no estudiarán religión alguna. El 40%, el 50% y el 70% no conocerán los Valores éticos comunes a todos ser humano, respectivamente. Y, además, haciendo que estas dos materias sigan siendo “Marías”, es decir, devaluadas, marginales. De oferta obligatoria en ESO y Primaria, y voluntaria en Bachillerato. Elección siempre voluntaria. Es la mejor forma de decir que no son necesarias culturalmente. Por ello, no cuentan para las reválidas, las notas medias, las becas... ¿Cabe más desprestigio? Sí, el de sus profesores. Son nombrados digitalmente (“dígitus”: a dedo) por los superiores de cada institución religiosa, y por el tiempo “de su voluntad”, incluidos los despedidos “ideológicos” sin reclamación posible, sin derechos laborales, sin poder detentar cargos en el centro de enseñaza, recluidos sus horarios a los márgenes...

Es lamentable, además, que induzcan a que se trate de la misma manera a la Ética, los Valores éticos humanos. Escandaliza que algo tan necesario a todos como los “valores éticos comunes” se les dé a unos y no a otros. Cuando tantas quejas hay en la sociedad, y en la misma Iglesia, sobre la falta de valores humanos, esta materia sea voluntaria, y apenas cuente para nada en la enseñanza de nuestros jóvenes. Y, en el fondo, por el afán de imponerse unas Religiones en la Instituciones civiles.

Como cultura, al margen de las “confesiones” interesadas
La religión no tendrá la dignidad que merece hasta que no se imparta a todos como “cultura”. Lo que es en realidad: ayuda a buscar sentido a la vida, induce a cultivar la conciencia moral, debe ser factor de progreso humano, se expresa y está conectada con todas las ramas del saber, desde las ciencias hasta las artes, las letras, la historia, etc. “La historia y las aspiraciones de cualquier religión, de lo que la variedad de ellas significa, sí es materia de cultura y de enseñanza”, reconocía Antonio Gala, en una reciente Tronera (El Mundo 29.05.2013). Pero, como cultura, tiene que enseñarse al margen de las “Instituciones” religiosas. Su manipulación interesada hace que toda religión sea excluyente, fanática, y a veces inhumana. Eso del “derecho de los padres” es sospechoso. Son los hijos los que tienen derecho a ser cultos y prepararse para poder decidir. Si un padre no quiere “historia” para su hijo, ¿se le va a respetar? Si quiere que sepa “espeleología”, ¿se le va a respetar? ¡Qué bien le viene a la Iglesia apoyarse, cuando le interesa, en los padres para seguir dominando y obteniendo privilegios y beneficios! Es la autoridad civil, a través de sus representantes, la que debe encontrar consenso suficiente para articular el sistema educativo común, exigible en la sociedad de nuestro tiempo. Es lamentable que la cultura religiosa, por quererse impartir por las diversas Confesiones, sea motivo importante, entre otros, de que nuestro sistema educativo esté siempre cambiando de acuerdo con el color político dominante.

¿No le hace pensar a la Iglesia la contradicción de padres y alumnos que piden religión confesional a la escuela y la rechazan en su comunidad religiosa? ¿Por qué no facilita la posibilidad de que todos los alumnos puedan ser cultos en materia religiosa? Y sin condenar a la alternancia a los Valores éticos, tan necesarios para todos.

Rufo González
Volver arriba