Julián, un nonagenario que sigue soñando
José de Nazaret y el Dios de los sueños
Sin desperdicio, para pensar y orar: Iglesia madre y maestra o hija y discípula
PENTECOSTÉS (28-V-2023)
1) Gn 11, 1-9 /2) Sal. 103 /3) Hech. 2, 1-11 /4) Secuencia /5) Jn. 20, 19-23
1.- Si queremos entender de modo adecuado Hech. 2, 1-11, tal vez sea necesario recordar un relato mucho más antiguo: El que hemos escuchado en la I lect.; la razón es que Hech. 2, 1-11 está construido en paralelismo antitético con Gn. 11, 1-9:
a) Un único pueblo/Muchos pueblos
2.- Por esta “diversidad-unidad” aquella comunidad naciente (paradigmática para los siglos posteriores, también para el nuestro) se autocomprende, como decía san Máximo el Confesor (580-662)[1] (y recoge un gran teólogo ortodoxo contemporáneo)[2] como una comunidad “syndiairoumene”, es decir, “unida en y a través de la diversidad” por la acción del Espíritu de Jesús; y por ello
a) Vive la pluralidad-diversidad como gracia
3.- Sin embargo (y bien lo sabemos todos) esta experiencia festiva de la libertad no siempre permaneció viva en el seno de esa “Iglesia syndiairoumene”; pues, con el paso del tiempo, comenzó a hacerse poderosa y fuerte y
* Terminó por imponerse una sola lengua
* ... y por no entenderse la gente entre sí
* Y se acabaron la diversidad, la libertad... la fiesta
* Y pentecostés dejó de ser “re-cord-ado”; a lo más, sólo era “memori-zado”
4.- ¿Qué puede decirnos esto hoy y aquí? ¿qué modelo de Iglesia y de comunidad parroquial nos invita a que construyamos? No lo sé; y, además, tal vez no sea demasiado fácil encontrar la respuesta adecuada; aunque, quizá, una aproximación a una respuesta podría ser lo siguiente:
4.1.- Movidos por el Espíritu tendríamos que ser una Iglesia plural
a) Lo que es posible que genere en nosotros inseguridad y desconcierto
4.2.- Movidos por el Espíritu, tendríamos que ser una Iglesia abierta
4.3.- Movidos por el Espíritu, tendríamos que ser una Iglesia acogedora
5.- Y es que si nuestra Iglesia (nuestra comunidad parroquial) no se sitúa/no nos situamos en la sociedad de este modo, ¿podríamos ser y llamarnos la comunidad de discípulos de Jesús, que se deja llevar por el Espíritu?
6.- Tal vez, ser una Iglesia plural, abierta y acogedora, al servicio del mundo, es la misión que tenemos y que nos recuerda todos los años la fiesta de Pentecostés, que hoy estamos celebrando: Eso es quizá evangelizar
7.- Creo que, aunque sea poco a poco, hemos dado ya bastantes pasos y deseamos seguir caminando por esta senda; vamos, pues, a celebrarlo
[1] Máximo el Confesor: Myst. 2 (PG, 91, 668C-669A).
[2] Zizioulas, I. D.: El ser eclesial, Ed. Sígueme, Salamanca, 2003, 234.
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