Y Cartagena... otra 'primada' Catedral de Murcia: "¡Qué hermosa eres!"

Catedral deMurcia
Catedral deMurcia

"La torre de la catedral de Murcia alcanza los 93 metros -hasta los 98 con la veleta-, y la diversidad de estilos configura un conjunto artístico ciertamente espectacular y armonioso"

"El gran capital de su torre radica en la plural y diversa colección-rebaño de campanas que tienen censadas y en el uso que de ellas mandan hacer el clero y las cofradías de laicos y laicas"

"La gran fachada-retablo en piedra de la catedral, junto a su palacio episcopal, se avecinda en la plaza del Cardenal Belluga. La portada es ciertamente espectacular"

"En el interior, cada una de las capillas, de por sí, justifica sobradamente la visita a todo el conjunto: Los Vélez, (Monumento Nacional), "Los Junterones", renacentista, La Inmaculada y Sanantonioestá..."

"Y Cartagena... otra primada. Se cree y se refiere con multitud de argumentos arqueológicos y documentales, que su primera comunidad cristiana fue fundada por el Apóstol Santiago"

"La catedral –templo ruinoso y antiguo- no podrá compararse con la de Murcia, pero es imprescindible tenerla en cuenta en la historia eclesiástica de España"

La torre de la catedral de Murcia, después de la de Sevilla, con su Giralda, es la de mayor altura y belleza de todas las de España, cuyo elenco los adjetivos, aún en superlativo, apenas si podrían hermosear y medir más y mejor. Alcanza los 93 metros -hasta los 98 con la veleta-, y la diversidad de estilos configura un conjunto artístico ciertamente espectacular y armonioso.

Al ser las torres símbolo y referencias exactas, no solo de las catedrales, sino de las mismas ciudades en las que se ubican, de la de Murcia, ya desde la lejanía, se puede y se debe asegurar que está bien surtida de bienes del cielo y también de la tierra… ”La torre, como un vigía/ con sus ojos/ de hito en hito/ mirando está”. Porque, a la condición de poder ser vista y elogiada, necesariamente hay que adscribirle la posibilidad de contemplar desde ella la naturaleza, el paisaje, y las obras en favor de los vecinos y visitantes, que crearon y siguen re-creando sus artífices.

En uno de los cuerpos de la torre (a.1521-1793) se hallan los cuatro famosos “conjuratorios” dedicados a sus cuatro hermanos santos -Fulgencio, Leandro, Isidoro, y Florentina-, y en las distintas direcciones, con el “Lignum Crucis” que se venera en el templo, intentaba el clero “conjurar” las tormentas, bendecir las cosechas, curar las epidemias o desterrar los malos espíritus. Una y muchas veces las riadas del indomable rio Segura no desolaron huertas y campos, gracias a la fe, a la devoción y a la inversión en esperanzas sobrenaturales que manifestaron acumular los murcianos, desde lo más alto y santo de su torre, en el hondón de sus conciencias.

Pero el gran capital de su torre radica en la plural y diversa colección-rebaño de campanas que tienen censadas y en el uso que de ellas mandan hacer el clero y las cofradías de laicos y laicas, intérpretes fieles de la voluntad de Dios. Los nombres y apellidos son sobradamente conocidos por una gran mayoría de murcianos quienes hasta las distinguen por su voz, palabras y “sones”.

Su letanía es esta: “San Agustín, santo Tomás de Aquino, san Isidoro, San José, san Leandro, la Madre de Dios, ,a Mora, La Nueva, Santiago, santa Bárbara, san Pedro, La Mayor, La Menor, el Santo Cristo0o, Nuestra Señora de Belén, santa Florentina, Fuensalida- La Catalana, santa Águeda, san Antonio, san Victoriano y la Nona, cuyas características la hacen destacar sobre sus hermanas con sus 124 cm. de diámetro y sus 1104 kg. de peso.

Gran parte del santoral murciano y religioso, en general, se halla entre la tierra y el cielo, siempre en sacrosanta disponibilidad de favorecer a los fieles, quienes a través de ellas, escuchan la voz de Dios y divisan los horizontes presentes y futuros en los que conjugar los verbos de su existencia en la tierra, no siempre ni para todos “Valle de lágrimas”, sino “Fuen-Salida”, con multitud de vivificadores caños bautismales. (Y es que “cuatro cosas hay en Murcia 7 y de tres nos libre Dios:/el hospital, la cárcel, la TORRE/ y la Inquisición”, sigue rimando la copla popular al compás que le marca el coro de las casi dos docenas de sus campanas)

La gran fachada-retablo en piedra de la catedral, como no podía dejar de ser de otra manera y junto a su palacio episcopal, se avecinda en la plaza del Cardenal Belluga. La portada es ciertamente espectacular y de las que su recuerdo perdura por muchos templos, catedralicios o no, que hayan sido visitados en el “iter” turístico personal o colectivo. En el espacio de 54 metros de altura se instalan 20 esculturas, que son y encarnan otros tantos capítulos de la historia eclesiástica universal y de la murciana.”La Ciudad de Dios” y la “Jerusalén Celestial”´ se hacen presentes con rigor, devoción y prisas por adentrarse en sus interiores, con respeto a las correspondientes limitaciones coronavíricas temporales, con la nota de que “dada la situación actual, la catedral de Murcia permanecerá cerrada hasta nuevo aviso”. La devoción a la Virgen María, en el misterio su Asunción, está reflejada y esculpida a la perfección en la fachada. Los nombres del Pozo, de las Cadenas y de los Apóstoles bautizan el resto de las puertas de la catedral.

Ya en el interior, cada una de las capillas, de por sí, justifica sobradamente la visita a todo el conjunto. La de Los Vélez, Adelantado Mayor de Murcia, don Juan Chacón, dedicada a san Lucas, posee algunas de las características y significados propios de otras semejantes que se encuentran en las catedrales de Sevilla y de Burgos. Es sorprendentemente artística, hasta el punto de haber sido declarada “Monumento Nacional” antes que lo fuera toda la catedral murciana Juan Chacón fue consagrado en su cargo, siendo obispo de Cartagena-Murcia, don Rodrigo de Borja (1482-1492), que sería posteriormente elegido papa con el nombre de Alejandro VI.

Los Vélez

En la capilla de “Los Junterones”, el estilo del Renacimiento alcanza en España notas preclaras. La capilla fue ideada y financiada por Gil Rodríguez de Junterón, Arcediano de Lorca y Protonotario Eclesiástico en Roma, en tiempos del papa Julio II ,”mecenas” de Miguel Ángel . “Aquí vine para la vida” es frase lapidaria que se encuentra en esta capilla en la que espera la resurrección el cuerpo del Arcediano, sepultado precisamente en un sarcófago, expresamente traído de la Ciudad Imperial de Roma.

La Inmaculada le confiere nombre a otra capilla con la singularidad de ser la primera en el orbe católico dedicada a tal dogma mariano, y que fuera erigida por el obispo Trejo, embajador de Felipe II, ante el papa, en misión de que se planteara declarar entonces el dogma, que habría de serlo, por fin, nada menos que en el siglo XIX. En la capilla de san Antonioestá el sepulcro del obispo Fernando de Pedrosa, y la tumba de Jacobo de las Leyes, quien fuera redactor de “Las Siete Partidas”. La capilla del Baptisterio es renacentista. La del Socorro, o de san Antón, con imagen de la Virgen, atribuida a Salzillo, fue fundada por el Comendador de Lorqui.

Es elemental prestarle suma atención al gran órgano neogótico con sus 4000 tubos, uno de los de mayor relevancia en Europa. ¡“Escucha el órgano de la catedral de Murcia”¡ es bastante más que un eslogan turístico. Es un acto de adoración a Dios y que un cesto de flores y frutos de lo mejor de la huerta murciana que ¡ya es decir y de alabar¡

El Museo-Sala Capitular alberga preciados tesoros de piedad, arte y riqueza. Salzillo se hace repetidamente presente en el mismo. La Virgen de la Leche, el Arca del Jueves Santo, la Custodia del Corpus, el joyero de la Virgen, esculturas romanas, retablos, cuadros y tablas son colecciones que mantienen, aconsejan y urgen contemplar, previa documentación, la fe de quienes visitan tan sagrados lugares.

En la Capilla Mayor, la urna -sepulcro renacentista, es depositaria del “corazón y de las entrañas” del Rey Alfonso X “El Sabio”, quien “muerto en Sevilla “por la gran lealtad con que esta cibdat de Murcia le sirvió en su adversidad, las mandó sepultar en la misma”. Hay también otros enterramientos, como los de los “Cuatro Santos” y otros personajes nacidos en la región, hoy Comunidad Autónoma uniprovincial.

De la catedral de Murcia, al igual que de la mayoría de ellas, no es posible dejar de reseñar que, además de cumplir otros menesteres eclesiológicos, sirvieron y sirven en abundancia para otros tantos lugares de enterramientos de obispos que de alguna manera contribuyeron a su construcción, reforma o mantenimiento, sí como de sus familiares, y también-¡ cómo no¡- de reyes y nobles. Revisar esta idea a la luz de la pastoral y del concepto de Iglesia post-conciliar, seguramente que obligaría a un replanteamiento amplio y profundo de lo que son -debieran ser- estos templos a los que les confieren nombre, condición y existencia las “cátedras” desde las que sus obispos adoctrinan y evangelizan e imparten el pan de la Palabra y en de la Eucaristía, en paz, en gracia de Dios y como fiel expresión de convivencia entre todos los estamentos del pueblo y de sus gremios, que fueron sus verdaderos edificadores.

Cartagena: Otra "primada"

Titulada canónicamente esta entidad eclesiástica como “Cartagena-Murcia”, es imprescindible proseguir la lectura de este capítulo con la exposición siguiente

En Cartagena se cree y se refiere con multitud de argumentos arqueológicos y documentales, que su primera comunidad cristiana fue fundada por el Apóstol Santiago -sí, el de Compostela-por lo que reclama su título inicial de “Diócesis Primada”, tal y como refiere el lema del escudo de su catedral con la leyenda de “Sancta Mater Ecclesia in Hispania”, dedicada a Santa María la Mayor, con frecuente advertencia de que ella es “ La Iglesia de todos”. El sucesor de Santiago se llamaba Basilio.

Hay constancia de la existencia de una catedral en tiempos visigodos, con nombres y actividades de obispos que participaron en Concilios con mención para los celebrados en Valencia y Toledo y aún en Elvira. Consta también la existencia de una catedral en tiempos musulmanes construida por un general de nombre Comencilo. Los enterramientos y las lápidas sepulcrales dan cuenta de ellos con fidelidad.

Reconquistada Cartagena por Alfonso X “El Sabio”, el papa Inocencio IV restableció la diócesis con categoría de Metropolitana , mediante la Bula promulgada el 31 de julio de 1250, fundando seguidamente este rey la “Orden de Santa María de España o de la Estrella”.

Las obras de la posterior catedral, que sería la actual, se iniciaron en el siglo XIII, con planta gótica, un tanto original, ubicada en un lugar más original y extraño aún, aportando algunos la explicación de que precisamente en él habían sido martirizados no pocos cristianos “de tal forma que en cualquier puñado de tierra que se extraiga, habrían de aparecer gotas de sangre”.

Año imborrable en la historia de la ciudad y catedral de Cartagena es el 1291 cuando su obispo-arzobispo dom Martínez Magáz, huyó -sí, huyó-, como refieren las crónicas, para posesionarse de unos “territorios y acequias” que les habían sido donadas en Murcia. Ante las repetidas insistencias de los cartageneros -pueblo y Concejo- , la población fue excomulgada en dos ocasiones, abandonada su catedral que de vez en cuando era reparada con donaciones de los particulares. A algún obispo, con su sede en Murcia, hasta se le ocurrió la idea de destruir el templo catedralicio cartaginés y en su lugar erigir una ermita, proyecto al que el ayuntamiento se opuso terminantemente.

Desde entonces, las relaciones oficiales y oficiosas en el orden cívico y pastoral entre Cartagena y Murcia, jamás pudieron calificarse de convivenciales, sino todo lo contrario. Aún a la hora de discernir acerca de la propiedad de capillas e imágenes, el tema ni se planteó ni resolvió con decencia y generosidad, como suele hacerse entre contratantes. La catedral –“templo ruinoso y antiguo”- no podrá compararse con la de Murcia, tal y como hemos descrito. De todas formas, es imprescindible tenerla en cuenta en la historia eclesiástica de España y rezarle a su patrona la Virgen del Rosell, a los Cuatro Santos y al marinero Cristo de Lepanto.

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