Ni la muerte de un presidente ni un atentado ni nada ni nadie podría haber obsesionado a tanta gente como el anuncio de la retirada de Guardiola como entrenador del Barça. Los exegetas descompusieron los discursos de Rosell, de Guardiola y de Zubizarreta , palabra por palabra y reforzaron la interpretación de cada una e ellas con la descripción detallada de los gestos que el orador la acompañaba. Hubo cadenas que interrumpieron la programación para conectar en directo con la sala en donde acontecía la cosa. Y eso en el día, y casi a la misma hora, en que el Gobierno anunció el nuevo número de parados. Las retrasmisiones, en general, estaban cargadas de un enorme sentimentalismo. Estos medios, lo admitan o lo nieguen, están dando más importancia a un entrenado que a ningún científico y mitificándolo.