Así, sin aspavientos y sin necesidad de aplausos, el burlador termina burlado, no por una asociación, ni por un adversario ideológico, sino por aquello que nunca falla: la verdad, que no se ríe, pero tampoco se deja ridiculizar.
No hubo en su intervención tonos ideológicos ni discursos de confrontación. Al contrario, el obispo apeló al diálogo, a la responsabilidad compartida y al bien común, recordando que ninguna sociedad se construye excluyendo ni enfrentando.
No era la droga. O al menos no solo. A Estados Unidos le interesa el petróleo venezolano, y su presidente lo ha dicho sin eufemismos. Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, incluso por encima de Arabia Saudí.
La lógica del Herodes contemporáneo no se limita a un solo país. En el continente americano, Donald Trump volvió a mostrarla con crudeza. En su discurso sobre Venezuela, no pronunció ni una sola vez la palabra “democracia”, pero repitió 27 veces la palabra “petróleo”. El mensaje fue inequívoco: lo que está en juego no son valores universales, sino recursos estratégicos y control geopolítico.
Su historia nos recuerda que ser Iglesia es, sobre todo, ser coherente, humano y valiente, y que, en muchas ocasiones, los verdaderos constructores de la comunidad cristiana no están en la cúpula, sino en la vida concreta de cada creyente que vive su fe con integridad y amor.
La política de Trump combina deportaciones masivas, presión económica sobre países pobres y una estrategia de apropiación de recursos que genera sufrimiento humanitario. Las sanciones, bloqueos y amenazas de intervención no solo debilitan la economía y provocan escasez, sino que empujan a millones a buscar refugio fuera de sus fronteras. Cada política anunciada, cada declaración de interés sobre recursos extranjeros, tiene un efecto directo sobre la vida de familias que no tienen otra opción que migrar.
Desde una mirada creyente, la vida de Chelo Carballal Balsa confirma que Dios sigue actuando hoy. No a través de grandes estrategias, sino mediante personas buenas, disponibles, capaces de asumir la fatiga histórica sin perder la ternura. Dios se deja ver en vidas así.
Las calles brillan intensamente mientras, en tantos hogares, la nevera permanece a media capacidad. La contradicción es tan evidente que casi duele: millones gastados en luces mientras miles no pueden costear una cena digna.
No es casual que a Jesús se le despreciara por su origen. “¿No es este el hijo del carpintero?”, se preguntaban. Venía de Nazaret, un lugar sin prestigio. El desprecio por lo pequeño no es nuevo. Ya entonces se dudaba de que algo valioso pudiera surgir de un sitio así. Y, sin embargo, desde allí se pronunció un mensaje que sigue interpelando siglos después.
La clausura del Año Jubilar deja también una lectura clara del momento que vive la diócesis bajo el ministerio de monseñor Fernando García Cadiñanos. A lo largo de este tiempo, el obispo ha mostrado un estilo pastoral marcado por la sencillez evangélica, la cercanía humana y la capacidad de llegar a las personas, con una visión de Iglesia en comunión con la Iglesia universal y un compromiso constante con los más vulnerables.
En tiempos de ruido religioso y silencios culpables ante la injusticia, la teología de Queiruga no solo piensa a Dios: lo defiende, devolviéndolo al lugar donde siempre quiso estar, el corazón vivo del ser humano.
En un contexto saturado de mensajes rápidos y superficiales, cobra especial valor una predicación que no se limite a repetir tópicos ni a tranquilizar conciencias de forma automática, sino que sea capaz de enseñar, de interpelar y de ofrecer claves para leer la vida desde el Evangelio.
Hoy, como entonces, no hay lugar en la posada. Familias enteras han sido expulsadas de sus hogares. También aquí, también ahora. En Badalona, estos días, familias vulnerables han sido arrojadas a la calle, privadas de techo y de dignidad, mientras el calendario litúrgico anuncia el nacimiento del Dios-con-nosotros. El pesebre ya no está solo en Belén: está en Gaza, en los campos de refugiados, en las aceras de nuestras ciudades.
Hay algo que los sectores ultras de la Iglesia no soportan, algo que los desmonta, que los deja sin discurso, que los expone como lo que realmente son: traficantes de miedo revestidos de piedad. Ese “algo” se llama libertad, y nada encarna mejor esa libertad que la figura de María tal como la ha explicado, con maestría teológica y hondura espiritual, Xabier Pikaza, uno de los mejores teólogos del ámbito hispano. Mientras los fundamentalistas se aferran a sus fórmulas rancias, Pikaza hace lo que ellos no pueden permitirse: pensar sin miedo, leer la Escritura sin cadenas, abrir ventanas donde otros levantan muros. Y eso, para muchos, es intolerable.
Un amor adulto es aquel que permanece incluso cuando cuesta, cuando no hay recompensas inmediatas, cuando ser fiel implica sacrificio. Es el amor que se apoya en la fe, se sostiene en la esperanza y se expresa en la caridad concreta.
Insistió en que no se puede mirar a las personas migrantes como una amenaza, sino como hombres y mujeres que sufren con mayor dureza las dificultades sociales. Su mensaje fue claro y valiente: la dignidad humana está por encima de cualquier frontera.
Una cruz puede brillar en un santuario. Pero solo una vida entregada, humilde y valiente puede iluminar una Iglesia en crisis. Todo lo demás —ritos, regalos, gestos solemnes— ya no basta.
La ironía es que este repentino entusiasmo democrático solo aparece cuando gobierna la izquierda. Durante los años de Mariano Rajoy, ni una sola exhortación episcopal pidiendo elecciones anticipadas, ni comunicados inflamados cuando estalló el caso Bárcenas, cuando los ordenadores del partido se rompían a martillazos, ni cuando la corrupción se convirtió en rutina informativa.
La Patrística, pese a su riqueza teológica, heredó en gran parte la visión del mundo mediterráneo, donde la mujer era considerada más débil, más pasional, más proclive a la tentación