Domingo: Evangelio y liberación


La tierra nuestra libertad
Apertura

En nombre del Padre de todos los Pueblos,
Maira de todo,
excelso Tupà.
En nombre del Hijo
que a todos los hombres nos hace hermanos.
En nombre de la Alianza de la Liberación.

En nombre de la Luz de toda Cultura.
En nombre del Amor que está en todo amor.

En nombre de la tierra-sin-males,
perdida en el lucro, ganada en el dolor.

En nombre de la Muerte vencida,
en nombre de la Vida,
cantamos, Señor.

Profesión de fe de Pedro Casaldáliga

Creo que América es de raiz indígena y debe recuperar esta identidad madre, como Pueblo y como Iglesia. Lo que significa defender la autodeterminación de los diferentes Pueblos indígenas del Continente, su organización en federaciones y confederaciones. Esto significa apoyar la reivindicación de esos Pueblos sobre sus respectivos Territorios, en muchos casos; y el reconocimiento oficial de su lengua, en otros.Y significa la oposición abierta y consecuente a las políticas integracionistas de los distintos Gobiernos antiindigenas, que son casi todos los Gobiernos del Continente.

La Iglesia, además de entonar un mea culpa mucho más amplio y real por la connivencia y omisión del pasado, debe "convertirse al indio", superar la tentación proselitista de la "evangelización compulsoria" y llevar simplemente el Evangelio, y no la cultura extranjera, mucho menos el Capitalismo,
la dependencia, el consumismo occidental.

La Pastoral Indígena e Indigenista no pueden quedarse en adaptaciones, que siempre terminan por viciar tanto el alma de un Pueblo diferente como el mismo Evangelio de Jesús.

América, en sus diversas naciones, en su entresijo continental debe reaprender los valores básicos de las culturas indígenas: la ecología espontánea, la comunitariedad, la perenne vivencia religioso-cultural, el antilucro y el anticomunismo del indígena todavía libre.

La artesanía, la música, la danza, la fiesta indígena deberían ser recuperados por América, sin folklorismo y sin primitivismos.

Sé que estoy defendiendo una Utopía. Por eso la defiendo. El Evangelio es siempre la Utopía Mayor.

Plegaria popular

Yo soy América,
soy el Pueblo de la Tierra,
de la Tierra-sin-males,
el Pueblo de los Andes,
el Pueblo de las Selvas,
el Pueblo de las Pampas,
el Pueblo del Mar...

-Yo soy Apache.
-Yo soy Azteca.
-Yo soy Aymara.
-Yo soy Araucano.
-Yo soy Maya.
-Yo soy Inca.
-Yo soy Tupí.
-Yo soy Tucano.
-Yo soy Yanomami.
-Yo soy Aymoré.
-Yo soy Irantxe.
-Yo soy Karajá
-Yo soy Tapirapé.
-Yo soy Terena.
-Yo soy Xavante.
-Yo soy Kaingang.
-Yo, Guaraní.
Y con canto Guaraní
todo el Resto del Continente,
todos los Pueblos de mi Pueblo,
cantan ahora su lamento.

-Hermanos venidos de fuera,
si queréis ser hermanos,
escuchad mi canto.

-Queremos escuchar,
de corazón abierto,
con la mano del remordimiento
sobre el ara del pecho.
Queremos reparar
la Historia de esta Tierra,
masacre secular.

Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del Reino

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La muerte del indio

Se moría José Pérez
vestido con hambre diaria.

El me miraba a los ojos
y yo le miraba el alma,
yo le hablaba en el oído
y él me gritaba al alma,
él me cogía la mano
y yo le entregaba el alma.

Se moría José Pérez
vestido con hambre diaria.

A él le dolía cuerpo
a mí me dolía el alma,
a mí se me iba el llanto
a él se le iba el alma,
a él le moría el cuerpo
a mí me moría el alma.

Cuando murió José Pérez
el hambre fue su mortaja.

G. García Laviana (asturiano)


A corazón abierto
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