3 sep 2022
Periferia: la felicidad donde no se espera
La mayéutica de Jesús era más que una técnica de pensamiento, era una misericordia viva, cercana y transformadora. Era un proceso que se dirigía persistentemente hacia un nuevo punto de partida para encarar la vida: ponerse en el lugar del otro, especialmente del que sufre física (el ciego), moral (la prostituta) o socialmente (el centurión).
Jesús va hacia ellos para compartir sus vidas, curarlos y revelarles un camino desconcertante de felicidad. En el sermón del monte nos propone no una felicidad de fabricación humana, de autoayuda, sino una felicidad inesperada que es don, un concepto disruptivo de plenitud.
ponerse sistemáticamente en el lugar del que sufre, hace de la relación con “el tú disminuido”, el punto de referencia para encarar toda la realidad. Jesús deja de lado el culto a la propia tranquilidad espiritual (que tanto se vende en nuestra época narcisista y cool) y se traslada a la periferia del descartado,
Puedo seguir viviendo como un cómodo cómplice de las estructuras de pecado que ya están y causan sufrimiento en el mundo. O soy parte de las estructuras de Gracia que continuamente empujan hacia las periferias, porque el “Bien tiende de suyo a expandirse”
Colaboramos cuando vivimos los dones de los cuales disponemos con gratitud y austeridad y no con ostentación y postureo creyendo ilusoriamente que sólo son méritos nuestros, sabiendo que todo lo creado puede ser de administración privada, pero no somos sus dueños absolutos, sino que están destinados al bien común del cual nos nutrimos