¿Se ha abierto la veda del Nuncio?

Pero últimamente, en poquísimos días, la especie ha dejado de estar protegida y se ha abierto la veda. Y curiosamente los disparos provienen del periódico más afín a la Iglesia de los de tirada nacional. De La Razón.
Un excelente periodista, especializado en cuestiones eclesiales, Navarro, hace muy pocos días dedicaba un extenso artículo a las vacantes episcopales españolas. De las diócesis que no tienen obispo y de aquellas que lo tienen pasado de fecha. El artículo era muy correcto pero crítico con monseñor Monteiro de Castro.
Yo he escrito mucho sobre ese asunto, en tono ciertamente más deslenguado, y no voy a decir mucho más. Casi es igual que tanta demora en nombrar obispos se deba a que el nuncio no sepa, no quiera o no le dejen. En cualquiera de los casos vaya papelón el suyo.
Me alegra mucho coincidir con Navarro uno de los pocos periodistas especializados en cuestiones eclesiales que sabe de lo que escribe.
Hoy, Santiago Martín, un peso pesado en la información eclesial y en la Iglesia, de quien dicen que incluso ha figurado en ternas episcopales, le dispara un perdigonazo a pretexto del caldito que no sé si habrá hecho sangre en la portuguesa carne pero plumas perdió una cuantas.
El artículo, sumamente interesante lo encontráis, además de en el periódico, en Rumores de Ángeles. Y supongo que también estará, ya o en muy breves momentos, en el nuevo Foro JAI. Que todavía no he abierto.
Se refiere al intento de ZP de dividir a la Iglesia española entre un nuncio bueno, con quien se puede hablar, y unos obispos impresentables a quienes hay que dar leña un día sí y otro también.
Y la advertencia no es velada sino clarísima. Ojo, señor nuncio, si se presta a esa trampa.
Este año se cumplirán los ocho de la llegada a España de este personaje incoloro, inodoro e insípido. Creo que está más que demostrado, desde hace bastante tiempo, que esta nunciatura le venía muy grande. Comprendo que en Roma no sepan que hacer con él. Pero tampoco por ello hay que castigar a España. Que le ha sufrido con infinita paciencia salvo algún montaraz como yo.
A mí, señor nuncio, me es igual que el caldito se le atragante o no a usted y al señor Rodríguez Zapatero. Pero no vaya a hacer que se nos atragante a los católicos españoles.