Pues alguien miente.

Los platos ya no los recuerdo pero de los vinos, exactamente. Se empezó con un albariño, se siguió con un Protos y se terminó con un Moët-Chandon.
Me parece imposible que un periodista se inventara todo. Eso lo ha tenido que largar alguien.
A la comida se le han hecho algunas objeciones desde la estupidez de la pobreza evangélica. Lo normal es que el embajador del Papa si invita a cenar al presidente del Gobierno no le dé dátiles, leche de camella y pan ázimo. O un bocata de calamares. Ya lo de un champagne francés en vez de un cava español, aunque sea mucho mejor, ya me parece una metedura de pata. Y más cuando monseñor Monteiro tenía programado un viaje inmediato a Cataluña.
Pues no debió sentar bien allí lo del champagne porque el nuncio se apresuró a desmentirlo en Gerona. Y poco después en Zaragoza. Apenas una botellita de vino que no llegó a terminarse. Con lo que, de ser cierto eso, no habría estado el diplomático a la altura debida pues el Protos no es lo más indicado para la merluza ni el albariño para los quesos.
A lo que vamos. Alguien nos ha mentido. O el Nuncio y se descorcharon tres botellas u otra persona y se descorchó sólo una. ¿Quién ha sido el mentiroso caso de no serlo el Nuncio? ¿El señor Presidente del Gobierno? ¿Las monjas que atienden a la nunciatura? ¿Un Ministre Consigliere? ¿Un Consigliere? ¿Un Adetto Ecclesiastico? ¿Un Primo Segretario?
Porque hay alguien que miente.
Ya sobre otra cuestión, los bienes de la Franja reclamados por la diócesis de Barbastro-Monzón, también habló monseñor Monteiro. Que los aragoneses tienen que tener paciencia. Que los ocho años que lleva en España se ha ocupado intensamente del tema y que todo llegará. Cuando llegue.
Pues, con ese ritmo, ¿cómo vamos a extrañarnos de que emplee años para encontrar un obispo? Con Carrera está a punto de llegar a los tres. Es que los españoles no tenemos paciencia ninguna. Tenemos un nuncio casi abstemio y muy trabajador. Un mirlo blanco. ¿O alguien nos engaña?