El dominico e 'instragramer publica 'Pensar con el Evangelio. Buscar la verdad desde lo cotidiano de la de la vida' Ángel Luis Fariña: "Dios tiene su sitio en nuestra historia y nos empeñamos en quitárselo"

Ángel Luis Fariña
Ángel Luis Fariña

"Los jóvenes sí que tienen esa necesidad de trascendencia, sí que tienen esa necesidad de espiritualidad, sí que se cuestionan sobre lo que llamamos las últimas preguntas"

"Para mí, el impulso y el trampolín es la Palabra de Dios, que me dice que aquel que está más fastidiado, aquel que está más desvalido es a quien tengo que que atender primero"

"Si hacemos un lenguaje un poco más asequible, puede ser que la sociedad nos entienda un poquito más"

"Cada vez estoy más convencido de que hay que hincar un poquito más las rodillas antes de hablar. La lengua, a veces, se nos dispara en todos los ámbitos, quizás porque no ponemos las rodillas en el suelo antes de pensar lo que vamos a decir"

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"Las radicalidades no me gustan en absoluto".  El dominico (y maestro de escuela) Ángel Luis Fariña nos recibe en la basílica de Atocha, la casa de los predicadores en Madrid, para hablar de juventud, evangelización y nuevos lenguajes, con motivo de la publicación de Pensar con el Evangelio. Buscar la verdad desde lo cotidiano de la de la vida, editado por El ojo de Poe. Hablamos con él.

- Dominico, y joven.

- Bueno, bueno, la jota ya se me ha ido cayendo un poco.

Eres del 78. Eres un niño, ya democrático. Yo nací en el 76, te saco dos añitos, o sea, que ya estamos mayores. Trabajas con chavales...

Trabajo con adolescentes, sí. Doy clases aquí, en el colegio de Atocha. Pero algo me enseñan también ellos

Además, vamos a hablar de un libro de reflexiones que haces a través también de redes sociales, y supongo que los chavales, ahí, nos enseñan muchísimo y nos ponen las pilas...

Nos ponen las pilas porque nos hacen preguntas. Me hacen preguntas que, a veces, tengo que pararme a pensar. Preguntas que digo, "y qué respondo yo ahora"… También los chavales interpelan.

Ángel Fariña, op
Ángel Fariña, op

En tu libro, titulado Pensar con el Evangelio. Buscar la verdad desde lo cotidiano de la de la vida, editado por El ojo de Poe, precisamente utilizas el Evangelio como herramienta para interaccionar con las nueva generaciones y con el día a día...

- Sí, yo creo que el Evangelio -lo pongo en la introducción- no ha dicho todavía su última palabra. Es decir, a la luz de la Palabra de Dios podemos encontrar respuestas que sean de máxima actualidad. Estoy releyendo los Hechos de los Apóstoles, por ejemplo, y la Asamblea de Jerusalén vaya si está actualidad. Vaya si es actual el famoso 'esto no se puede hacer así', 'esto hay que hacerlo así' y 'esto no se ha hecho así'. En el fondo, es un poco caricaturizar, pero lo tenemos a la orden del día.

- Tiene el Evangelio respuestas para todo o no hay que buscar respuestas para todas las cuestiones concretas, sino más bien un estilo de vida, un estilo de caminar una forma de situarse?

- Creo que el Evangelio tiene respuesta, principalmente, desde la fe. El Evangelio no es un recetario que nos dice qué ingrediente tenemos que echar, aún cuando sí es cierto que el libro lo he hecho pensando también en aquellos que son indiferentes. No pensé primero en ellos, pensé primero en el creyente, porque el Evangelio es es una herramienta, un instrumento para creyentes. Pero también puede tener una respuesta para el que es indiferente. A veces nos cuesta ver una respuesta o la respuesta que encontramos nos fastidia; no nos gusta escuchar lo que nos puede decir el Evangelio, o la conclusión a la que lleguemos, o el pensamiento que nos surja a raíz del Evangelio. A quien tenemos que interpelar y a quien tenemos que interrogarnos es a nosotros mismos. Cuando la Palabra de Dios me interpela, quizá tengo algo que mirar en mí.

- ¿Eso lo notas en tu trabajo con chavales? Porque a veces la Biblia, como conjunto de libros, está como muy lejana; un lenguaje muy abstracto. Un mundo, incluso visual, que no pertenece a las nuevas generaciones que mañana pueden ir al Museo del Prado y ver un cuadro, que para nosotros sería entendible sin problemas, y no tener esas claves porque no están dentro de su pensamiento cerebral, de su óptica de vida.

- Ahora que me dices esto, me viene a la mente cuando yo estaba de profesor en Zaragoza y cómo intentaba relacionar el refranero español con la Palabra de Dios. Yo les decía a los alumnos si les sonaba la expresión 'llorar como una Magdalena'. Y una de las alumnas me dijo: 'Sí, sí; cuando tú mojas la magdalena en el café con leche por la mañana, las gotas que caen. Eso es llorar como una magdalena". Mientras que al oír esta expresión, tú has pensado en María Magdalena en la mañana de Pascua, que estaba llorando.

Entonces, puede que en lo religioso (digo puede, ¿eh? Yo siempre digo, puede, quizá, a lo mejor, tal vez… No hago máximas tajantes) no hayamos presentado la Palabra de Dios desde el texto evangélico, sino que quizá hayamos puesto primero una doctrina, una serie de máximas, y luego ya vendrá el Evangelio. Creo que ahí tenemos un pequeño error.

Ángel Fariña, op, autor del libro
Ángel Fariña, op, autor del libro

- Tal vez porque dimos por supuesto determinadas cosas que hoy no se dan. Hoy no se es cristiano porque sí, ni lo normal es bautizarse, que tus padres estén en casados... Hay muchas realidades que no son las que eran normales antes.

- De hecho, hoy, la palabra normal hay que ver en qué contexto se dice. Porque hoy son normales los nuevos modelos de familia. Hoy es normal que tengas alumnos de otras confesiones religiosas. Hoy es normal que tengas alumnos absolutamente indiferentes para con los religioso y, por ende, sus padres. Lo normal hoy en día es esa pluralidad.

- ¿Eso es bueno o es malo?

- Yo creo que es bueno. Acabamos de celebrar Pentecostés, y Pentecostés no es un esquema cerrado; nos habla de pluralidad, de apertura, de diferentes modos de hablar, de diferentes modos de entender.

- Pero, qué nos ha pasado para que, como Iglesia que viene de ese Pentecostés, que es la primera vez que se lleva un mensaje a todos los lugares del mundo y que es válido, como es el del Evangelio, para que la visión que se tenga, al menos en países como el nuestro, en muchos sectores de la Iglesia y de los creyentes, sea el de personas cerradas, el de 'siempre se ha hecho así', y no el de abiertos a las novedades.

- Quizá puede ser el miedo; nos da miedo cambiar. A mí, la crisis de los 40 me llegó muy fuerte. Trabajo con adolescentes y ese cambio que están viviendo biológico, a algunos les asusta. Y si esto lo llevamos al pensamiento eclesial, ya no solo de nuestro país, creo que es un sentimiento más generalizado, tenemos miedo.

Tenemos miedo a lo que pueda venir. Repito, en el Concilio de Jerusalén tenían miedo a dejar todo aquello que les daba seguridad. Nos encanta nuestra zona de confort. Y no estoy diciendo que esté mal pero, a lo mejor, si nos instalamos en nuestra zona de confort, nos estamos perdiendo qué nos está diciendo Dios a través del Espíritu, y en la palabra de su Hijo Jesucristo, en este tiempo que nos está tocando vivir.

- ¿Qué pretendes decirles a los lectores de este libro? ¿Cómo pretendes hacer llegar esos pensamientos que tomas del Evangelio para tocar temas sociales, personales, de sentimientos, de relaciones, etcétera?

La finalidad del libro es que piensen. Pensar. También -lo pongo en la introducción-, por mi experiencia pastoral en colegios y en la parroquia -soy el párroco-, creo que hacemos pensar poco a la gente; le decimos 'esto es así, porque sí y te lo aprendes de memoria', y sigues. No hay un razonamiento y la Palabra de Dios nos tiene que llevar a pensar. A pensar por qué de las cosas son así. A pensar por qué decimos aún que 'esto es así'. Yo no digo para cambiarlo de forma radical, ni muchísimo menos. Las radicalidades no me gustan en absoluto.

Ángel Fariña, op
Ángel Fariña, op

- Para comprenderlo, insertarlo y, llegado el caso, si hay que modificarlo o luchar para modificarlo. O entenderlo. Pero no aceptarlo porque sí...

- O a lo mejor llegamos a la conclusión, una vez pensado, reflexionado y realizado, que no hay que cambiar. Pero pensado. No aceptado sin reflexión. A lo mejor hay que dejar las cosas como están porque después de una reflexión seria, después de una oración sincera, el Espíritu nos ha dicho que tenemos que seguir así. Pero tiene que existir ese trabajo previo de pensar y de rezar. Porque la Palabra no solo hay que pensarla, también hay que rezarla. Rezarla y pensarla.

- Sí, porque a veces tenemos esa dicotomía de oración o acción, casi enfrentadas, Cáritas u ONGs, con la práctica sacramental. Y eso tampoco es cierto, ni creo que sea bueno.

- Creo que no es nada bueno. A ver si puedo explicarme sin que se malinterprete: la parábola de el buen samaritano es magistral. El trasfondo que tiene, lo que nos quiere transmitir, y bien entendida, es algo sublime de nuestra fe cristiana. Pero a mí me gusta enlazarlo, aunque no tenga relación ni haya un paralelismo, con los discípulos de Emaús.

- Este Papa relaciona esos dos pasajes constantemente.

- El trato con el otro, con aquel con el que yo me hago prójimo, me tiene que llevar a que arda mi corazón. Sobre todo a experimentar ese pan que se parte y se reparte. Y en el otro, en ese sacramento del prójimo, tengo que experimentar que arde mi corazón, porque si no, me estoy quedando en una ONG, con todo lo bueno que tiene. Es un trabajo con el que hay que quitarse el sombrero y hay gente que se está dejando la vida.

- Y al contrario, si te quedas en lo otro, pero tu corazón no arde para compartirlo con los con los demás en las distintas circunstancias, también en las del dolor...

-Sí, sí. El otro me tiene que interpelar y hacer que arda mi corazón. Lo leemos en el Evangelio cuando dice: 'No te olvides de los pobres'. Yo trabajo en favor de aquellos más desfavorecidos porque es el Evangelio el que me lo indica. Para mí, el impulso y el trampolín es la Palabra de Dios que me dice que aquel que está más fastidiado, aquel que está más desvalido es a quien tengo que que atender primero.

- Perteneces a la Orden de los Predicadores. ¿Cómo estamos, en la hora de comunicar y de transmitir, de compartir con el lenguaje y con la vida, en la Iglesia española?

- Creo que a la hora de transmitir el Evangelio, todo lo que la Palabra de Dios nos dice, hay bastante receptividad. Hay una cuestión, que yo defiendo mucho y es propia de nuestra orden, que es la pastoral intelectual. Domingo nos funda para una misión en concreto: la Palabra de Dios no llegaba a todo el mundo y había que hacerlo. Y allí donde estés, tienes que utilizar el lenguaje adecuado.

El papa Francisco, en Evangelii Gaudium, le dedica un espacio considerable y precioso al lenguaje. Hay que mirar qué lenguaje es el que estamos utilizando. Si yo, a un niño de de nueve años o a mis adolescentes, le hablo de la pericóresis, ya te puedes imaginar dónde me manda. Mientras que si yo le hablo de ese amor que se manifiesta en todos nosotros, que viene de ese Dios que nos ha entregado a su hijo y que tiene una fuerza que es el Espíritu Santo…

Yo no soy erudito en lenguaje de últimas tendencias, ni muchísimo menos, pero si hacemos un lenguaje un poco más asequible, puede ser que nos entienda un poquito más.

- Hablas en distintos lenguajes y en distintas plataformas, pero, por lo que he visto, tienes especial interés en Instagram. ¿Qué tipo de lenguaje, qué novedades y qué oportunidades ofrece este canal o las nuevas tecnologías?

- De las redes sociales -yo solo utilizo dos, bueno, si miramos el Whatsapp como red social, pues también- el Instagram llega a una edad más joven. Facebook, para mis alumnos, es la red social de sus abuelos. Y en Instagram, por ejemplo, tengo alumnos que me siguen. No tengo muchos seguidores ni tampoco hace falta tener cantidades, pero Instagram te da la posibilidad de llegar a una franja de edad un poco más amplia. El abanico se abre.

-Y no solo se cuida la palabra, sino la imagen y la combinación de ambas, que también es fundamental.

-Sí. Es un trabajo que hay que saber armonizar.

-Ángel, una última pregunta. ¿Hay algo que no se pueda pensar con el Evangelio. O al revés, ¿hay algo que el Evangelio te haya hecho pensar últimamente?

- Que tenemos que dejar que Dios sea Dios. Que nosotros no somos los dueños absolutos del mundo. Ni el Papa, ni los obispos, ni frailes, ni personajes públicos en el ámbito social. Dios tiene que ser Dios, y nuestra palabra no puede ser un punto final porque es un punto y seguido. Y si no sabemos seguir escribiendo, eso es el sitio de Dios.

Hay un libro de mi profesor de cristología, Dios se escribe y escribe con trazo humano. Y hay que dejar que Dios sea. Dios tiene su sitio en nuestra historia y nos empeñamos en quitárselo; hacemos máximas y hacemos frases tajantes y rotundas, y nos olvidamos de Dios. Nos dedicamos a las cosas de Dios. Invertimos nuestro tiempo en Dios y en sus cosas, pero a él ni le prestamos atención.

Cada vez estoy más convencido de que hay que hincar un poquito más las rodillas antes de hablar. El papa Francisco utiliza mucho esa expresión de que tenemos la lengua un poquito suelta. La lengua, a veces, se nos dispara en todos los ámbitos, quizás porque no ponemos las rodillas en el suelo antes de pensar lo que vamos a decir.

- En la sociedad de las prisas, aunque parece más complicado, hay más búsqueda de sentido en las religiones o fuera de ellas. Eso también es un síntoma de que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo siguen teniendo necesidad de búsqueda y quieren buscar. De que necesitan encontrar, tener espacios, también, para ese silencio, para conocerse a uno mismo.

- Lo percibo en los alumnos. Es verdad que son indiferentes hacia lo que en el cristianismo les ofrecemos porque tienen una idea, quizá, un tanto errónea y equivocada. No voy a profundizar en esta cuestión, pero sí que tienen esa necesidad de trascendencia, sí que tienen esa necesidad, en el lenguaje nuestro, de espiritualidad. Sí que se cuestionan sobre lo que llamamos las últimas preguntas. Las preguntas fundamentales de por qué existe el mundo y no la nada, aún cuando no te lo formulan de esta manera, sí que lo formulan desde su perspectiva: 'y después de esto, qué'. Y 'antes de esto, qué'. Y, 'a Dios, quién lo inventó'… Estoy utilizando su lenguaje.

Ellos se cuestionan. Se cuestionan muchísimo y siguen teniendo esa necesidad, que es una cuestión antropológica. Es la necesidad de espiritualidad. Es verdad que no lo encarnan en una espiritualidad cristiana, es cierto, pero se mueven dentro de un mundo social, de nuestra cultura, y tienen ahí un totum revolutum, pero sí que pugna en ellos esa necesidad de salir 'más allá de'.

Ángel Luis Fariña, Pensar con el Evangelio. Buscar la verdad desde lo cotidiano de la vida. Muchísimas gracias por la por la conversación y te esperamos y te seguiremos.

-Gracias a vosotros.

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