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AMADO NERVO, intimista poeta, alumbrando con fe paisajes del alma en noche oscura

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
28 jun 2010 - 10:34

Cerramos hoy el breve paseo de cuatro entregas por la vida y obra de Amado Nervo. Poeta singular, nunca ocultó su afiliación cristiana, tan poco valorada en los cenáculos modernistas. La lírica expresión de su fe se fue acentuando en los fecundos años de su estancia madrileña y, muy especialmente, a partir del fallecimiento de Ana Cecilia (7 de enero de 1912), su compañera inseparable y secreta.

Los siete últimos años de su vida, bíblico ciclo de hambre o abundancia, resultaron para el poeta mexicano un beneficioso período de gracia, como confiesa en el poema "Resurrección" de "La mujer inmóvil": "Yo soy tan poca cosa, que ni un dolor merezco... / Mas tú, Padre, me hiciste merced de un gran dolor. / Ha un año que lo sufro, y un año ya que crezco / por él en estatura espiritual, Señor. // ¡Oh Dios, no me lo quites! Él es la sola puerta / de luz que yo vislumbro para llegar a Ti..."

En los últimos días hemos presentado textos de dos importantes católicos: Tony de Melo y Amado Nervo. Se interesaron ambos por la religiosidad budista y de otras confesiones de Oriente. Es cómodo denunciar, desde la retaguardia, presuntos errores teológicos en escrituras de ambos peregrinos. Pero me parece justo y necesario destacar, sobre todo, su fervor ecuménico y su personal honestidad en la búsqueda de Dios y su amorosa voluntad.

Os citaré un solo ejemplo de comprometida dedicación al diálogo desde la ortodoxia y el amor fraterno. Se trata de la actividad interreligiosa del benedictino Padre John Main (1926-1982). En la página web erigida en su memoria (pulsar), puede leerse: “Es por eso que San Pedro nos dice qué importante es honrar a Cristo en nuestro corazón. Arraigados en El, nos arraigamos en el principio de la vida, en la misma realidad, y fundados en El, nada tiene poder sobre nosotros, ni siquiera la muerte." El reto es estar abiertos a resucitar ahora. Resucitar ahora, "hoy mismo, y dejar de postergar la vida eterna para cuando nos vayamos al cielo.”

CON LA LUZ DEL AMOR

Nos asomamos hoy a tres poemas de Amado Nervo. En el primero, "Jesús", se enfatiza la presencia del Hijo de Dios y de María en el corazón del creyente. Ahí, exáctamente ahí es donde se juega el don, el compromiso de la fe. Así lo expresaba el Padre John Main: "El reto es encontrar el camino hacia Él, encontrando el camino hacia nuestro corazón y que lo podamos honrar desde ahí. El camino de la meditación es consecuentemente un camino para aprender a morir a la ilusión, a la irrealidad. Y así, de esta manera aprendemos a resucitar con Cristo, a resucitar más allá de nosotros mismos y de nuestras limitaciones a la vida eterna."

JESÚS

Jesús no vino del mundo de «los cielos».

Vino del propio fondo de las almas;

de donde anida el yo: de las regiones

internas del Espíritu.

¿Por qué buscarle encima de las nubes?

Las nubes no son el trono de los dioses.

¿Por qué buscarle en los candentes astros?

Llamas son como el sol que nos alumbra,

orbes, de gases inflamados... Llamas

nomás. ¿Por qué buscarle en los planetas?

Globos son como el nuestro, iluminados

por una estrella en cuyo torno giran.

Jesús vino de donde

vienen los pensamientos más profundos

y el más remoto instinto.

No descendió: emergió del océano

sin fin del subconsciente;

volvió a él, y ahí está, sereno y puro.

Era y es un eón. El que se adentra

osado en el abismo

sin playas de sí mismo,

con la luz del amor, ese le encuentra.

En estos versos un yungiano descubriría la presencia de Jesús como arquetipo salvador. Un gnóstico, acaso, hablaría de un"eón" emanado de la Suprema Unidad que pone en relación materia y espíritu (hoy, siguiendo intuiciones hinduistas, afirmaríamos, quizá, la presencia de un "avatar"). Estas palabras ("eón", "avatar"), ajenas literalmente al texto bíblico, podrían acercarnos una nueva comprensión, más próxima a nosotros, de verdades reveladas... (O no. Pero al menos nos habríamos esforzado por descongelar palabras fósiles que apenas calientan el corazón del hombre de hoy.)

QUE DETRÁS DE LA TUMBA YA NO HAY MÁS QUE SILENCIO...

Dentro del doloroso y esperanzado poemario "La amada inmóvil", como cualquier humano frente al misterio de la muerte, recorre Amado Nervo el abanico de sentimientos contrapuestos que sacuden el corazón. En estos versos, escritos a sólo medio año del fallecimiento de su queridísima Ana, inmerso en el carrusel loco de lo inexplicable, fantasea disparatadamente, como un sonámbulo, qué habria él hecho de haberse ido primero... La única respuesta a su febril pesadilla es el silencio, la duda, el llanto... (Jesús gritaba en su agonía: "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has desamparado?").

SEIS MESES

¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido

un beso, una palabra, un hálito, un sonido...,

y, a pesar de mi fe, cada día evidencio

que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...

Si yo me hubiese muerto, ¡qué mar, qué cataclismos,

qué vértices, qué nieblas, qué cimas ni qué abismos

burlaran mi deseo febril y omnipotente

de venir por las noches a besarte en la frente,

de bajar con la luz de un astro zahorí,

a decirte al oído: No te olvides de mí.

Y tú, que me querías tal vez más que te amé,

callas inexorable, de suerte que no sé

sino dudar de todo, del alma, del destino,

¡y ponerme a llorar en medio del camino!

Pues con desolación infinita evidencio

que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...

TÚ REGASTE LOS CAMPOS DE FLORES

Un último título, breve pero intenso. Por tierra, mar y cielo, el poeta descubre las maravillas de la creación, la gloria bondadosa del Señor. Le cantan las criaturas con alegría y fidelidad, con trinos y arcoiris, con torrentes y flores. Le cantan los hombres, y no en voz baja ni voz de trueno, ni temblorosa ni sombría voz. Con voz alegre de placer le cantan, con voz de rezo...

OFRECIMIENTO

Señor, Tú regaste los campos de flores

que llenan el aire de aroma y frescor,

cubriste los cielos de inmensos fulgores

y diste a los mares su eterno rumor.

Doquier resplandece tu amor sin segundo;

la tierra proclama tu gloria doquier;

y en medio a esos himnos que brotan del mundo,

yo quiero elevarte mi voz de placer.

1. AMADO NERVO y su poema contra el KEMPIS

A KEMPIS

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2. AMADO NERVO y su AMOR A LA NATURALEZA

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JACULATORIA A LA NIEVE

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3. AMADO NERVO, “fraile de los suspiros, celeste anacoreta”

DIOS TE LIBRE, POETA

MI FILOSOFÍA

HARMONÍA

4. AMADO NERVO, intimista poeta, alumbrando con fe paisajes del alma en noche oscura

JESÚS

SEIS MESES

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