Jesús pone en crisis el sentido religioso del templo. Lo que no significa eliminarlo en su perspectiva, sino ampliar su sentido más allá de sus paredes edificadas por manos humanas y administradas por clérigos que viven de ellas y rigen su acceso...
El Pesebre es el nuevo templo de la humanidad, levantado en sus periferias, punto de encuentro donde las diferencias no son negadas dialécticamente sino valoradas en lo que tienen de bueno e integradas como lados de un magnífico poliedro. Es el lugar en que por fin entran los descartados, los vencidos, los “solos” y “nadies” que no son acogidos por los diferentes sistemas
este mundo mercadotécnico ha descubierto un método bastante eficaz para sus propósitos: conservarla, pero reducirla a una emotividad desprovista de significados profundos, en sensaciones atadas a prácticas tradicionales que no cambien nada. Otras vacaciones entretenidas y pintorescas para seguir produciendo y consumiendo hasta morir...es la navidad domesticada por “elfos” enviados por los templos del hiperconsumo que nos prometen “ilusión”, palabra que es toda una definición de intenciones.
Este nuevo templo del mundo no se constituye compitiendo sino cooperando, con lo que el paradigma tecnocrático de este mundo, queda en evidencia en su egoísmo y anti-Dios, por más green-washing o poor-washing o christmas-washing que haga para aparentar.
Inmaculada, mucho más que “sin mancha”. Lo que da sentido a la libertad de una persona no es que no haga nada malo, sino que la use para elegir un bien mayor y realizarlo.
María recibió con una conciencia alegre y agradecida, como expresa en el Magníficat, los dones y talentos de Dios. El agradecimiento es signo de verdadera humildad, algo diametralmente opuesto a la mentalidad de la meritocracia actual hecha sistema
Francisco ha simbolizado este diálogo con la humildad de ver la realidad como poliedro y situarse en las periferias de la condición humana como punto de partida de cualquier consideración. Una fe que se hace cultura solo puede serlo desde los pobres y en actitud de encuentro y diálogo con todos. Ella es por su pobreza espiritual, la primera ciudadana del Reino de los bienaventurados
Ella refleja lo que Leonardo Boff llamó “el rostro materno de Dios”, sin el cual el cristianismo estaría privado de su mitad.
El camino revolucionario de Jesús es diferente que las revoluciones de este mundo, llevadas a cabo con odio violento y que imponen nuevos status que al poco tiempo reproducen aquello que habían quitado y deben recurrir a la fuerza y la caza de brujas permanente para poder mantenerlo.
es la redención del ser humano y de todas las estructuras humanas. Comienza en los residuos humanos que dejan los sistemas de este mundo, al cual Jesús llama los “bienaventurados”
Solo a Dios se le puede ocurrir algo así, sorprendernos con una misericordia tan grande capaz de cambiarnos de raíz, respetando cariñosamente a la vez nuestra esencia creada. Sólo a Él se le puede ocurrir asociar a tantos quijotes, fracasados y condenados por el mundo, expresamente los mártires de todos los tiempos y de todas las especies,
basta leer la milenaria Doctrina Social de la Iglesia actualizada, para poder ver-juzgar-actuar como cristianos y no como ovejas de un rebaño cuidada por lobos que nos formatean diariamente con lo que tenemos que pensar, decir y hacer…para su conveniencia. La DSI se lee poco y mal, se tienen más en cuenta la opinión interesada de la prensa con la que más coincidamos, que una lectura y comprensión atenta de lo que propone.
La felicidad es la engañapichanga de esta estructura hegemónica y antinatural... Uno sería feliz porque no solo se ha comprado todo en el black Friday sino que además consume tal receta de felicidad que vende el mercado...una dicha individualista que no cambie la sociedad, porque el problema soy yo, individuo “que no me adapto”. Esta felicidad es una argucia destinada a convencernos de que la riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad son únicamente responsabilidad nuestra y lo que nos falta es “pensamiento positivo” o llegar a tener la mente en blanco como un zombi. Una “fuga mundi” aggiornada y con premios a los sumisos “hombres unimensionales” descriptos por Herbert Marcuse, destinados a la autoexplotación (Byung Chun Han, La sociedad del cansancio).
Las Bienaventuranzas, antes que una propuesta, son la constatación del sufrimiento que todos en mayor o menor medida tenemos (para muchos son mucho mayores). Jesús nos dice que la felicidad está allí, en la “no-felicidad” para los ojos de este mundo tecnocrático y exitista, en sus periferias, la tierra de los nadies. Allí se encarnó para siempre, que no lo encierren en palazzos y templos. Centrando nuestra atención en ellos es como comenzamos a encontrar el sentido de la vida y nos liberamos de las falsas felicidades cómplices del engaño y la violencia.
Jesús nos dice que es el prójimo sufriente con el que nos topamos en este mundo, el criterio último de la verdadera relación con el Padre nuestro que está en los cielos. En torno a los descartados de la tierra, a quienes llama “bienaventurados”, el Hijo de Dios reconstruye los cielos y tierra nueva del Reino de Dios.
Hay multitudes sedientas del Señor en este mundo de apostasía aparente. Pero para los dueños de la religión, el clericalismo en todas sus formas, el único cristianismo que le interesa, es el que pueden controlar. No están dispuestos a arrodillarse ante los lados del poliedro divino que son las semillas del Verbo esparcidas por todo lo bueno, verdadero y bello de los humanos.
El sentido de la Iglesia es que sea católica: “un lugar para todos”, un reservorio de amor donde nunca se está solo, donde los descartados por fin encuentran su patria, donde se preserva y continua la memoria del sacrificio misericordioso de Cristo que une a todos los hombres en el servicio y la cooperación.
Jesús no anuncia solo una ética o religión, sino una nueva imagen de Dios. Y esta imagen de Dios conduce a una nueva imagen de sí mismo, de la sociedad y a una nueva manera de comportarse.
El pecado estructural, del cual la guerra es su mayor expresión, es resultado de un complejo mecanismo de «estructuras»- que fueron establecidas por los hombres, pero una vez consolidadas se transforman en un poder extraño que no pueden controlar.
A veces cuesta creer que las cosas se puedan cambiar. Igual que don Quijote, quién podía pensar que san Francisco de Asís iba a modificar la iglesia y la Europa de su tiempo, que Ghandi iba a liberar una nación del dominio inglés de 400 años, que Martin Luther King fue un loco al pensar que podía erradicar la desigualdad entre negros y blancos, Fray Bartolomé de las Casas, san Pedro Claver, Maximiliano Kolbe, Ignacio Ellacurría, y tantos otros. ¿Están locas estas personas?
el camino de Jesús es un desafío que da vuelta las cosas, no es un simplemente “portarse bien “y que todos te aplaudan: “Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo, van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida”. (GE 65) Ya lo decía “san” Ghandi: “en un mundo injusto, el único lugar para un justo…es la cárcel”.
Permanecer callados y no profundizar críticamente las estructuras de mal, implica interiorizarlas, aprobarlas y poner la religión sumisamente a su servicio condenando a los pobres y al planeta a la resignación y abandono. Los santos no se “acostumbraron” a la injusticia, no “banalizaron el mal” (Hanna Arendt), no pusieron su fe en la “zona de confort” que la hace compatible con la “buena vida”..."como todo el mundo".
Ellos vivieron esa extraordinaria transgresión a las reglas del éxito de este mundo, que son las Bienaventuranzas. Encontraron la alegría, el propósito, el sentido de la vida en el servicio a los demás, en la creatividad frente a todas las pobrezas, en el compromiso ardiente por cambiar la injusticia y hacerlo misericordiosa y pacíficamente…como Jesús.
Ellos son multitud, juntos con los santos de la puerta de al lado (Gaudete et Exsultate del Papa Francisco), construyen silenciosamente el Reino desde las periferias, son los lados ocultos del poliedro del Pueblo de Dios. Si nuestros templos están vacíos en vez de llenos, es que no están donde deben estar, como hospitales de campaña para atender a los heridos del mundo, celebrando allí el misterio de amor que salva. "Ubi Caritas et amor, Deus ibi est" ("Donde hay caridad y amor, allí está Dios").
¿Puede haber un solo justo en Sodoma y Gomorra? Pues los santos son la semilla de la Gracia estructural que cambia las estructuras de pecado del mundo y la iglesia. Así como un solo hombre, Jesús, ha salvado la humanidad, ellos, a su manera, y con una conciencia comunitaria permanente, están intrínsecamente unidos al misterio de Cristo en la carne de las periferias del dolor y así participan de la historia de la salvación de todos.
Jesús cuestiona al meritorio hermano del hijo pródigo, que siempre “se ha portado bien”… también critica la falsa meritocracia del fariseo que se confiaba en sí mismo por considerarse justo y despreciaba al publicano desde su podio sacral…
Vivimos en un mundo cuyo motor es la vanidad, la envidia y la competencia, expresados incluso en los nuevos sistemas educativos, que son colonizados por esta visión mercantilista de logros insolidarios y que se los llama “por competencias”. La educación se reemplaza así por una complicada burocracia de entrenamiento para obtener logros, como lo hacen las grandes empresas actuales (de ellas viene esta “novedad mesiánica”). Pero en la vida no todo es “competir”, hay ámbitos de don y gratuidad de la vida humana como la Cultura y la Gracia.
La llamada meritocracia, a la cual se le atribuye tantos logros tras la caída del muro de Berlín, generó una arrogancia entre los ganadores e impuso un severo juicio a los que quedaron atrás, cuya frustración y resentimiento alimentó la ola global de protesta populista que sigue conquistando escaños internacionales.
El mérito evangélico, en cambio, es el que atesora para la vida eterna, el de los bienaventurados que lloran, que sufren, que son perseguidos, que buscan la justicia…y el de los que los ayudan con compasión, aun cuando no vean en ellos el rostro de Jesús de modo explícito (Juicio final, Mt.25,31)
Ese sistema donde cada uno es valorado, ninguno es descartado y que rescata ovejas perdidas, Jesús lo llama “Reino de Dios”. Es el mundo donde, no se actúa por interesadas recompensas y castigos meritorios. Es la civilización nueva que describía santa Teresa: “no nos mueve el cielo prometido ni el infierno tan temido sino Tu amor y en tal manera que aunque no hubiera cielo te quisiera y aunque no hubiera infierno te temiera”.
El evangelio no se mueve con la lógica de la competición y el mercado, que puede ser útil para la asignación de determinados recursos, pero no para convertirse en la idolatría actual, sedienta de sacrificios humanos en nombre del progreso. En el evangelio, el que hace prosperar los talentos no es “premiado” por competir con los otros, sino por multiplicarlos al servicio del Reino, así como el que no produjo nada es apartado por "dejar las cosas como están".
El Espíritu de Dios es joven y su presencia es atenta y compasiva a cada humano en el tiempo: si no hay cronos, no hay Kairós. Si no hay carne no hay Encarnación y la religión se convierte en una evasiva perorata pietista, un cuento de hadas para resignarse ante la injusticia fabricante de pobres y periferias.
Vivir en este mundo y no reclamar por las injusticias, es ser cómplice de éstas, partícipes por acción u omisión de los males estructurales del mundo. Pero reclamarlas por odio es sumar más injusticia a este mundo: “nunca seguiría una ideología que, en nombre del amor a unos, exige el odio a otros” (Madeleine Delbrel).
El Martín Fierro, obra identitaria de la literatura argentina dice “y tenga mucho cuidado, aquel que en estribo esté, que suele quedarse a pie el gaucho más advertido”. Siempre podemos caernos del caballo por más buenos jinetes que creamos ser, siempre estamos al borde del abismo, especialmente cuanto más cotizamos “nuestros méritos”
El perdón es poderoso. Tiene una doble capacidad transformadora cuando no desfallece en el largo camino que significa. Transforma a la víctima y al victimario. Construye una nueva Civilización.
En este “mundo feliz” para pocos y de terror para muchos, existen también rostros nómades tocados por la Misericordia, pero que no encuentran donde apoyar su cabeza y que están como ovejas sin pastor. Solitarios con vocación comunitaria que gimen por un nuevo parto místico y fraterno de la humanidad.
hace falta una nueva era axial que, asumiendo el bagaje de progreso unilateral de la modernidad, nos ayude a recalcular el destino eco-social humano. Las llamadas “espiritualidades de la compasión”, que han proliferado como hongos en nuestra época, van en este sentido y son una savia que hay que aprovechar.
Desde que el Cristianismo, largamente preparado en un Pueblo y con múltiples afinidades axiales, hace su aparición novedosa en la tierra, ya nunca más la compasión quedará aislada en el místico laboratorio de la interioridad sino que estalla como obra recreadora hacia toda preocupación social y se expande al ritmo de la lógica de Aquel que habita entre nosotros.
Ghandi, fue un hombre de síntesis...supo enhebrar los aspectos relevantes de las culturas y religiones que experimentó. El Papa Francisco define la importancia de este proceso personal: “donde esté tu síntesis, estará tu corazón”. Tal síntesis es otra forma de precisar la “opción fundamental” a la que alude Santo Tomás de Aquino
Desconocer la impronta religiosa del pensamiento de Ghandi es convertirlo en un peluche simpático de la sociedad de consumo, defenestradora de todo vestigio religioso que no pueda mercantilizarse. La no violencia no es una mera técnica racionalista a la venta, es una concepción imbuida del Absoluto y compasión, aspectos sin los cuales la meditación oriental se vuelve snob, descafeinada y narcisista, como vemos venderse tantas veces en la actualidad.
Ghandi afirma que la humanidad no puede librarse de la violencia más que por medio de la no violencia. Parece una verdad de perogrullo, pero sucede que en nuestro mundo tan “civilizado” y “progresista”, cuando hay un conflicto, inmediatamente se activa la propaganda bélica junto con el moderno complejo industrial-militar-petrolero para enviar armas “solidarias”, se aumentan los impuestos y la pobreza de la gente común, se suspenden indefinidamente las prioridades ecológicas, etc. Todo esto en vez de utilizar el inmenso arsenal de recursos legales, económicos, diplomáticos y humanos elaborados por la humanidad hasta la fecha para la resolución de antagonismos.
Es en el contexto de las Bienaventuranzas de Jesús -que es el adn del cristianismo- donde podemos encontrarnos con todos los desheredados de la tierra y los que luchan por la paz…como Ghandi.
La mayéutica de Jesús era más que una técnica de pensamiento, era una misericordia viva, cercana y transformadora. Era un proceso que se dirigía persistentemente hacia un nuevo punto de partida para encarar la vida: ponerse en el lugar del otro, especialmente del que sufre física (el ciego), moral (la prostituta) o socialmente (el centurión).
Jesús va hacia ellos para compartir sus vidas, curarlos y revelarles un camino desconcertante de felicidad. En el sermón del monte nos propone no una felicidad de fabricación humana, de autoayuda, sino una felicidad inesperada que es don, un concepto disruptivo de plenitud.
ponerse sistemáticamente en el lugar del que sufre, hace de la relación con “el tú disminuido”, el punto de referencia para encarar toda la realidad. Jesús deja de lado el culto a la propia tranquilidad espiritual (que tanto se vende en nuestra época narcisista y cool) y se traslada a la periferia del descartado,
Puedo seguir viviendo como un cómodo cómplice de las estructuras de pecado que ya están y causan sufrimiento en el mundo. O soy parte de las estructuras de Gracia que continuamente empujan hacia las periferias, porque el “Bien tiende de suyo a expandirse”
Colaboramos cuando vivimos los dones de los cuales disponemos con gratitud y austeridad y no con ostentación y postureo creyendo ilusoriamente que sólo son méritos nuestros, sabiendo que todo lo creado puede ser de administración privada, pero no somos sus dueños absolutos, sino que están destinados al bien común del cual nos nutrimos
Romano Guardini …me mostró la importancia del pensamiento incompleto, aquel que te lleva hasta un punto determinado, pero que luego te invita a contemplar por ti mismo. Crea un espacio para que te encuentres con la verdad. Un pensamiento fructífero debe ser siempre incompleto para dejar espacio a un desarrollo posterior" (Papa Francisco)
El lamentable resurgimiento de los populismos son una patológica reacción ante este caldo de cultivo de relativismos que nos han dejado sin vínculos, sin hogar, sin “una casa común” (Laudato Si).
“Hay tres caminos para la paz:Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio.
Seguir a Cristo implica una continua disposición a llevar el amor misericordioso y reparador del Señor a los demás, en todas partes y a través del diálogo personal (cf. EG 127-128)
El Papa Francisco propone la imagen del poliedro como camino hacia la comunión en las diferencias. La sinodalidad en la que insiste tanto, es este camino, no una estrategia demagógica de gobierno. La realidad es poliédrica y la convivencia está llena de conflictos. Pero estos pueden ser fecundos si se busca armonizarlos en vez de anularlos, lo cual solo alimenta ollas a presión a punto de estallar. En el poliedro social y eclesial es posible recoger lo mejor de cada uno.
la cultura del encuentro, tan distinta a la xenofobia, la discriminación y la intolerancia... Entre los excluidos se da ese encuentro de culturas donde el conjunto no anula la particularidad…me gusta la imagen del poliedro con muchas caras distintas que refleja la confluencia de las parcialidades que en él conservan la originalidad. Nada se disuelve, nada se destruye, nada se domina, todo se integra.
La iglesia vacía es análoga a la España vacía. Es la que ya no da vida, no la reproduce. Es la que ha dejado de comunicarse e intercambiar. La que se ha cerrado en sí misma en una comodidad identitaria que ya no quiere luchar, que no necesita a nadie, ni busca ser parte de algo más grande que la retroalimente. Que no acepta los desafíos y los condena a priori. La que cree que sólo se trata de obtener recursos materiales cuando en realidad ha perdido sus recursos espirituales. La que se enmascara de pasados perimidos, creyendo que por solo disfrazarse con entretenimientos de época, se convierte mágicamente en aquel pasado mítico inexistente. El poliedro en cambio, integra el pasado porque acepta su fuego, sabe abandonar a tiempo sus pesadas estructuras obsoletas que lo apagan y se inclina humildemente para pedir perdón y corregir sus errores y daños, abandonando todo triunfalismo.
Mientras Dreher, en su mal denominada "Opción Benedictina" se retira del mundo, Francisco insiste en un renovado encuentro con Cristo en su pueblo que peregrina en este mundo. Para Francisco, no hay razón para subir el puente levadizo del castillo impoluto de los justos, sino para construir puentes y reconstruir desde los excluidos. Francisco retoma la Gaudium et Spes que llama a identificar los gozos y sufrimientos del mundo con los suyos.
Todo amor que, para dar a unos, hay que quitárselo a otros, no es el amor de Cristo”. En el cristianismo, las “opciones preferenciales” no descartan, sino que son los canales evangélicos para llegar a todos.
“El fracaso de la Iglesia no es producto del secularismo, sino de su alejamiento del Pueblo de Dios como respuesta al secularismo. Una Iglesia abusiva, es “una Iglesia elitista y clericalista, incapaz de estar cerca del pueblo de Dios”. (Papa Francisco)
"La ideología neocon, el «americanismo católico», constituye un bloque ideológico que impide reconocer la forma «católica» del magisterio de Francisco. Los católicos prolife, favorables a la vida del embrión, en los EE. UU., son también favorables a la pena de muerte, a la industria armamentística, a las guerras preventivas, al rechazo de la cuestión ecológica, a la plena aceptación del modelo capitalista con sus «valores». Para ellos, la Doctrina social de la Iglesia es una doctrina sospechosa, impregnada de elementos procedentes del marxismo”
“En todo su ser y obrar, la Iglesia está llamada a promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio… Se lleva a cabo en el servicio a los más débiles y marginados, especialmente a los migrantes forzados, que en este momento representan un grito en el desierto de nuestra humanidad… no se trata sólo de cuestiones sociales o migratorias, sino de personas humanas, de hermanos y hermanas que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada”.
El cristianismo que está en extinción es el que no es pensado, sentido, ni vivido tanto a nivel personal como social. Suponer que podemos vivir del “viento de cola” residual de épocas religiosas pasadas, es una ilusión, como lo es también aplicar fórmulas de odres viejos para vinos nuevos de la fe
Sacramental porque el hombre lo es en su estructura en la que nada llega a su interior si no pasa por los sentidos. Somos seres maravillosamente carnales hechos de cielo y tierra, de algo visible y algo invisible, composición que refleja la imagen y semejanza del Creador Uno y Trino. Somos persona y sociedad
nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio”. (Conferencia episcopal Brasil, 2002). Ni qué hablar de las guerras actuales, todas evitables, todas fomentadas por intereses espurios, formidables excusas mediáticas para volver a las energías sucias de las grandes empresas, para acicalar el complejo industrial militar, para justificar la suba de impuestos y quitar aire a otras verdaderas necesidades sociales.
Nunca más la fe puede ser sinónimo de complicidad y conformismo con sistemas injustos y perversos ni aliada de guerras de ningún tipo. El cristiano está llamado a ser personal y socialmente un sacramento de salvación de la injusticia y la violencia en el mundo.
El Vaticano II dice en Lumen Gentium que “la Iglesia es como un sacramento” para la comunión de Dios con los hombres y los hombres entre sí. Pero no basta una definición tan bonita, hay que ponerla en acto día a día en comunión con Francisco, con él discernimos sinodalmente la palabra de Dios, porque donde está Pedro, está la Iglesia.
"la Iglesia se había «quedado congelada tras el Concilio de Trento». Hay mucho por cambiar. Ya en 1947 el card. Suhard proclama: «No tengáis miedo de ser menos cristianos si sois más humanos». Esta es la «nueva» evangelización, que cambia la Iglesia". Ricciardi, La Iglesia que arde.
"el mundo ha salido de Dios, aunque la pregunta de Dios no ha salido del mundo" Poulat.
"la pérdida de conexión y la ceguera ante el mundo real hacen que la teología y la Iglesia sean cada vez más anticuadas. No solo como pensamiento, porque al no ser capaz de incidir en la historia, queda fuera de esta y de la vida de las personas. Es irrelevante." Moltman
"La historia del cristianismo no ha hecho más que empezar. Todo lo que hizo en el pasado, lo que llamamos historia del cristianismo, no es más que el conjunto de intentos -unos desacertados, otros frustrados- de aplicarlo". Mon, último sacerdote ortodoxo ruso asesinado por la KGB en 1990
"La iglesia está llamada a no retirarse de la sociedad secular y global. Sus comunidades, deben cruzar la historia con vitalidad acogedora, no preocupándose solo de su supervivencia. No apunta a una posición hegemónica. Hay que crear alianzas o coaliciones capaces de defender a los débiles. Armemos a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro". Papa Francisco, en la recepción del premio Carlomagno
Continuando con el artículo anterior, puede ser también que la apostasía o renuncia a una creencia lo sea de cierto tipo de religiosidad
En el corazón de una cultura está la forma en que el pueblo se relaciona con Dios. Sin embargo, es difícil ver los límites y complementoriedad entre cultura y fe, que, si bien están llamadas a retroalimentarse, no son lo mismo. Es esa confusión que existió entre evangelizar y europeizar…por las buenas o por las malas.
no todo es lo que parece ser y hay religiosidades que tienen poco de creencias y creencias que pueden tener poco de religión institucional. Jesús había visto más fe en un pagano opresor, el centurión romano, que en todo el pueblo de Israel. (Mt 8,10)
las Iglesias ortodoxas orientales acentúan que Dios trasciende toda concepción humana, la llamada teología negativa o apofática... el gran arquitecto de la teología católica medieval, Santo Tomás de Aquino afirma que “Dios no existe en el mismo sentido en que existen ciertas cosas”.
Su Silencio es su presencia y compañía más profunda. Dios te da un bastón para que comiences a andar y después te lo quita, te regala el don de la oración y luego te deja en una noche oscura. Porque como dice Madeleine Delbrel, “la verdadera soledad no es la ausencia de los hombres sino la presencia de Dios.”
Las actuales cifras de alejamiento occidental de las religiones ponen de manifiesto sus errores, pero también la necesidad de nuevas inculturaciones de la fe que muestren el rostro de un Dios misericordioso que llega hasta los últimos. Hay un nuevo lado del poliedro de la fe en el Dios hecho carne, por descubrirse. Nadie es dueño de Dios, ni siquiera la Iglesia que está al servicio de su Reino. Sólo el amor es digno de fe, decía von Balthasar
La fe necesita renovarse y hacerse cultura continuamente, estar atenta al diálogo permanente desde la Tradición con los nuevos o refritados desafíos de la época, no quedar anclada en el folklore del pasado “glorioso”.
Vivimos en medio de una apostasía silenciosa, sin estridencias. Iglesias sin bautismos, sin celebración de matrimonios ni gente en las misas.
El cristianismo desde los primeros siglos se enfrentó con estas objeciones (irracional y del pasado). La ciclópea tarea de la Patrística (Padres Apostólicos, apologetas, etc.) que penetra en la edad media y continua con los arquitectos de la teología medieval fue precisamente situar al cristianismo a la altura del diálogo con las cosmovisiones inmanentistas de su tiempo. Ayer eran esas filosofías, hoy es el amplio pensamiento derivado del paradigma tecnocrático, como ha intuido proféticamente el papa Francisco en Laudato Si. Un paradigma subyacente a todas las expresiones de la vida e incluso una super-ideología que se lleva puestas las antiguas referencias derecha-izquierda.
“ni es posible vivir sin referentes simbólicos, ni conveniente”. “Secularizar todos los espacios compartidos no es la estrategia más eficaz para crear una sociedad tolerante”
"Esta pléyade de rupturas, que ha sido más comúnmente traducida con los binomios conservadores/progresistas o tradicionalistas/reformistas, se convirtió desde este momento en una herida dentro de la comunidad eclesial que ha sido valorada por McLeod (2007) como uno de los principales motivos de pérdida de credibilidad de la Iglesia y de secularización a partir de los sesenta".