Ahora me viene a la memoria aquello de los de Emaús, cuando Jesús desapareció de su lado. Tal vez porque, mientras escribía esta carta me encontraba muy cerca de cada uno de vosotros y de El: ¿"No estaba ardiendo nuestro corazón cuando nos explicaba las escrituras en el camino de Emaús"? ¡Arder para incendiar! Ese celo sacerdotal pido constantemente para nosotros.
¿No te fijas también cómo arde muchas veces tu corazón simplemente cuando lees un texto del Nuevo Testamento meditado desde tu juventud? ¿O cuando oyes una canción religiosa de los albores de tu primera conversión? Dios es bueno con nosotros. Pido al Señor que nosotros lo seamos de verdad con El desbordándonos en nuestros hermanos. En fin, ya me he desahogado contigo, ya te he hablado de lo que llevo más en el fondo de mi alma. ¡Ojalá me contestes!
José María Lorenzo Amelibia
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