Queridos obispos: Es preciso enamorarnos de Dios. Y para ello el único camino que está en nuestras manos es dejarnos cautivar de El dedicando muchas horas a la oración. Hace poco más de un mes providencialmente he contactado con un sacerdote que me ha impresionado por su alegría, emoción sacerdotal. Al ver su obra en favor del clero he pensado: "el dedo de Dios está aquí."
En su segunda carta me dice entre otras cosas: "Josemari, ésta ha sido la ilusión de mi vida entera. Mira por donde, ahora, al final , quién sabe si con tu ayuda lo podré hacer [...]. ¿Por qué no puedes ser tú el medio de esta comunicación? Pudiera ser que el Señor nos haya querido juntar para esta misión. El sacerdote que así me escribe, lleva más de cuatrocientas tandas de ejercicios a sacerdotes.
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