En esta localidad, el religioso ha encontrado la posibilidad de vincular sus dos vocaciones Enric García, el cura que hace de cocinero en un albergue de Jorba: "Una vocación ayuda la otra"

Cocinero desde la infancia, vicario episcopal del obispado de Vic y, durante unos días de verano quien se queda al frente de la curia vicense hasta que los dos vuelvan para iniciar el curso eclesial
Son las funciones que lleva a cabo Enric Garcia, las cuales son detalladas mientras nos atiende, este mes de agosto, en la antigua vicaría de Jorba, en la Anoia, convertida hace quince años en albergue de peregrinos y donde la chaqueta de cocinero y la sotana comparten colgador
| Xavier Pete Vega
Rector de un puñado de parroquias, cocinero desde la infancia, vicario episcopal del obispado de Vic y, durante unos días de verano —”mientras el obispo Romà Casanova y el vicario general, Josep Maria Riba, están de vacaciones”—, quien se queda al frente de la curia vicense hasta que los dos vuelvan para iniciar el curso eclesial.
Estas son las funciones que lleva a cabo Enric Garcia (Campdevànol, 1973), las cuales son detalladas mientras nos atiende, este mes de agosto, en la antigua vicaría de Jorba, en la Anoia, convertida hace quince años en albergue para acoger anualmente a una media de más de dos millares de peregrinos que hacen el tramo catalán de los caminos de Santiago y de san Ignacio. Y donde la chaqueta de cocinero y la sotana comparten colgador.
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Desde este espacio, el presbítero es capaz de gestionar, con el apoyo de un vicario, hasta cincuenta iglesias (la más lejana, en Aguilar de Segarra, a 30 kilómetros) gracias al esfuerzo que, como reconoce, hacen numerosos grupos de laicos. “Todo lo que puedan hacer ellos”, indica, “no hace falta que lo haga yo”. Esto es “clave” para que tanto Garcia como las dos personas que lo ayudan los fines de semana “a servir platos, limpiar y guiar los peregrinos que van y vienen”, afirma, puedan irradiar un sentimiento de acogida a todos ellos que, incluso, “es observado como un hecho extraordinario, si bien tendría que ser propio en todos los seres humanos”.

Sin ningún televisor enchufado “porque la conversación es el plato fuerte de esta casa”, dice, y con un pueblo entregado altruistamente desde los inicios a dar cualquier tipo de apoyo al albergue jorbense, Garcia continúa siendo autor de unos platos aprendidos a hacer desde que accedió, con 9 años, a una fonda de Campdevànol, “donde fui a pedir trabajo porque me aburría en casa”, recuerda. Después de unos años compaginando los estudios seminarísticos con la función de cocinero, en Jorba Garcia ha encontrado la posibilidad de vincular sus dos vocaciones (“que, en ningún caso, considero como dos trabajos, sino como actividades de placer vital“, señala).
Los dos santos, venerados en una pequeña capilla
“Una vocación ayuda la otra”. Y, con esta idea en los labios, Garcia se mueve por un edificio que puede acoger hasta 150 comensales y que, incluso, dispone de una capilla para el culto “para quien lo pida”. Un espacio que unos años atrás “estaba derruido y no disponía de imágenes [como las de san Roque y san Sebastián, venerados antiguamente]” y que, después de reformarlo, es donde se reza tanto a Santiago apóstol como a san Ignacio. “Damos fuerza a todo peregrino para llegar al final del trayecto, gastronómicamente y espiritualmente”, determina el cura, para quien, como decía santa Teresa de Jesús, Dios también se encuentra entre los pucheros, como en los de Jorba.

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