Vemos la diócesis en ruinas Vitoria, 150º aniversario creación de la diócesis. ¡Sí, pero…!

José María Lorenzo Amelibia).- Domingo, 29 abril 2012. A las doce de mediodía se celebra en la Catedral Nueva de Vitoria el momento cumbre del ciento cincuenta aniversario de la fundación de la diócesis. Mucha gente, pasa del millar el número de los participantes. No es frecuente en nuestra ciudad una asistencia de este tenor, fuera de los funerales por las víctimas de terrorismo. Ha habido una buena organización y durante todo el año 2012 se celebran muchos actos conmemorativos del evento. Hoy el principal.

Han acompañado al prelado de la diócesis catorce obispos y abades mitrados; numeroso clero masculino y muchas monjas. El templo adornado con los retratos, báculos y mitras de los catorce obispos que desde 1862 han regido la diócesis, y la presencia física del actual, Monseñor Don Miguel José Asurmendi Aramendía. Muy bueno todo, sí. Muy bueno. Sobre manera óptimo el dar gracias a Dios porque seguimos en la fe y en la esperanza después de tantos años, porque Vitoria ha sido pionera en el mundo por su seminario y el movimiento sacerdotal creado por Don Rufino Aldabalde y promovido por Joaquín Goicoecheaundía. Por los profesores insignes, sociólogos y sacerdotes de empuje social como Yurre y Abaitua. Hasta aquí, todo loas.

Pero, pero... la diócesis de Vitoria la vemos en ruinas.

- Hace cuarenta años asistían a la Misa dominical el 93%, hoy no pasa del 13%.

- El número de seminaristas se aproximaba al millar; en la última época ha oscilado la cifra de jóvenes levitas entre cero y cuatro, más cerca siempre del cero.

- La edad media de los sacerdotes, superadulta, alrededor de 70.

- La mayor parte de los templos cerrados fuera de las horas de culto.

- Existen movimientos cristianos, pero se les nota poca actuación fuera de las sacristías.

- Según la apreciación de sacerdotes conocedores del ambiente de nuestra querida diócesis, han bajado en su fervor y empuje las vecinas de Bilbao, San Sebastián y Pamplona, pero mucho más, Vitoria.

- El día del Corpus durante los últimos años ha descendido la asistencia a la procesión a mínimos alarmantes, de manera que pienso no habrá otra ciudad en España, con similar población y tan escasos acompañantes a Jesús.

- La pastoral, demasiado conservadora en el sentido estricto de la palabra. A quien acude para recibir un servicio, se le atiende, pero no pidamos peras al olmo.

- Mientras tanto nos encantan celebraciones triunfalistas.

En el pueblo se mantiene la fe, más, por supuesto, que la práctica religiosa. La juventud brilla por su ausencia.

Sin embargo la celebración del ciento cincuenta aniversario se pasa de lo sencillo. Ya en enero comenzaron con un solemne pregón y concierto polifónico. Las misas estacionales por los distintos arciprestazgos, todos los meses. Eso sí, para que puedan acudir todos los sacerdotes y engrose el número de fieles en la iglesia receptora, suprimen las misas de los templos vecinos. ¡Menuda paradoja: los más ancianos y minusválidos tienen que quedarse ese día sin la Eucaristía!

Pero siguen y siguen las efemérides... a lo largo y ancho de la provincia: celebración pascual con los jóvenes, la pascua del enfermo, ordenación de sacerdotes y diáconos (?), día del apostolado seglar, vida contemplativa, conciertos de coros y orfeones así como de organistas famosos, encuentro de la familia misionera... Mucho ruido para tan pocas nueces.

Lo que falta: pedir perdón por haber llegado adonde hemos llegado. Año penitencial por haber bajado a los mínimos a los que hemos descendido. Campaña de oración en templos y conventos para suplicar a Dios que nos lleve por "el camino antiguo". Organizar una misión diocesana. Parece que hoy nos asusta; hoy que todo el mundo se echa a la calle... Nos proponemos cerrarnos en las sacristías, en ser conservadores a ultranza; nos encerramos en el funcionariado clerical. ¡Algo tenemos que cambiar, porque esto no chuta!

Y una apertura a la esperanza: al fin en Vitoria ha empezado la adoración perpetua del Santísimo Sacramento. La gente acude y por ahí puede llegar el milagro de la conversión. Porque devoción a la Virgen Blanca, hay. Y amor. Basta mirar a los casi treinta mil fieles que todos los años acuden al Rosario de la Aurora de la fiesta mariana. Y otro algo muy positivo que me llama la atención: la inauguración de una casa, para hacer experiencia compartida a favor de las personas en proceso de inserción social.

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