RELACIONES IGLESIA-ESTADO
El Ejecutivo tiene previsto "seguir avanzando y profundizando en la separación Iglesia-Estado". Estas declaraciones las hacía el pasado día nueve la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, unos días antes de que se produzca la entrevista que el Presidente R. Zapatero va a tener hoy jueves con el Nuncio del Vaticano en Madrid. Nunca es tarde, si la dicha es buena. El acelerón en tomar esta medida lo ha provocado la actitud política de los tres cardenales que participaron en la manifestación de Mdrid el 30 de enero y lo que allí se dijo.
Como es sabido, la vicepresidenta del Gobierno asistió en Roma a la ceremonia de entrega por el Papa del capelo cardenalicio y del anillo de príncipes de la paz a 23 cardenales, entre los que figuraban 3 españoles, el de Barcelona, Valencia y Toledo.
Inmdediatamente después tuvo una entrevista de 40 minutos con el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone, que la ministra calificó como cordial. En ella examinaron las relaciones bilaterales entre España y la Santa Sede y comprobaron que eran buenas y no existía contencioso alguno en ese momento entre ambos.
Hoy las cosas han cambiado a partir de lo ocurrido el 30 de enero en Madrid y por la Nota de la Conferencia Episcopal que pide no votar a partidos que dialoguen con terroristas, admitan el matrimonio entre homosexuales y permitan el aborto. En aquella ocasión la ministra que participó en la cena homenaje ofrecida a los 3 purpurados por la embajada española, se la veía muy satisfecha. Posiblement esa satisfacción se apoyaba en la libertad e independencia de la Iglesia y el Estado, de la que hablaría poco después.
Hay que decir que, desde el punto de vista eclesial, hoy se puede hablar así gracias a que el C. Vaticano II, abolió el régimen de cristiandad, es decir, la unidad Iglesia-Estado, y declaró la independencia de cada uno de ellos. A lo que parece resisitirse el sector conservador del episcopado español, que preferiría seguir dominando sobre el orden temporal, como si el Vaticano II no hubiera existido. Hoy esto ya no es posible, porque el Concilio es irreversible y porque el Estado español ha evolucionado hacia formas más seculares y democráticas.
El teólogo Yves Congar, a quien Juan XXIII puso al frente de los teólogos que participaron en el Concilio, explica la independencia de la Iglesia y del Estado de esta manera: Con la noción del mundo y la nueva apreciación del orden temporal, que aportó el Vaticano II, desaparece el antiguo régiemen de cristiandad que mantenía al mundo en estado infantil, porque lo absorbía la Iglesia. La tutela que ella ejercía sobre el mundo contravenía, en cierta manera, la voluntad de Dios expresada en Gén 1, 28. En consecuencia, ha desaparecido el "peligro de agustinismo político, que consiste en hacer despender la validez de las estructuras y las actividades temporales de su conformidad con la fe y el orden sobrenatural".
Del mismo modo el teólogo holandés E. Schillebeeckx, que participó en la redacción del esquema XIII, Gaudium et Spes, defiende la misma tesis diciendo: "Dios ha entregado el mundo al hombre para que lo humanice y haga de él una digna morada al servicio de todos los hombres, en lugar de considerarlo como un mero trampolín para la otra vida". En definitiva la Iglesia salida del Concilio quiere estar el servicio del mundo y no aspira a dominarle como en tiempos pasados.
Sl los obispos conservadores aceptaran el C. Vaticano II y la teología de él surgida, no cometerían los errores que están cometiendo, digo errores, porque hasta la polémica asignatura Educación para la ciudadanía la recomendaba ya el Concilio para todos los ciudadanos en general antes de que existiera (GS 75, 6) Ha sido el Consejo Europeo, en lugar de la Iglesia, el que ha conectado con el Vaticano II al aconsejar esta asignatura.
Como es sabido, la vicepresidenta del Gobierno asistió en Roma a la ceremonia de entrega por el Papa del capelo cardenalicio y del anillo de príncipes de la paz a 23 cardenales, entre los que figuraban 3 españoles, el de Barcelona, Valencia y Toledo.
Inmdediatamente después tuvo una entrevista de 40 minutos con el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone, que la ministra calificó como cordial. En ella examinaron las relaciones bilaterales entre España y la Santa Sede y comprobaron que eran buenas y no existía contencioso alguno en ese momento entre ambos.
Hoy las cosas han cambiado a partir de lo ocurrido el 30 de enero en Madrid y por la Nota de la Conferencia Episcopal que pide no votar a partidos que dialoguen con terroristas, admitan el matrimonio entre homosexuales y permitan el aborto. En aquella ocasión la ministra que participó en la cena homenaje ofrecida a los 3 purpurados por la embajada española, se la veía muy satisfecha. Posiblement esa satisfacción se apoyaba en la libertad e independencia de la Iglesia y el Estado, de la que hablaría poco después.
Hay que decir que, desde el punto de vista eclesial, hoy se puede hablar así gracias a que el C. Vaticano II, abolió el régimen de cristiandad, es decir, la unidad Iglesia-Estado, y declaró la independencia de cada uno de ellos. A lo que parece resisitirse el sector conservador del episcopado español, que preferiría seguir dominando sobre el orden temporal, como si el Vaticano II no hubiera existido. Hoy esto ya no es posible, porque el Concilio es irreversible y porque el Estado español ha evolucionado hacia formas más seculares y democráticas.
El teólogo Yves Congar, a quien Juan XXIII puso al frente de los teólogos que participaron en el Concilio, explica la independencia de la Iglesia y del Estado de esta manera: Con la noción del mundo y la nueva apreciación del orden temporal, que aportó el Vaticano II, desaparece el antiguo régiemen de cristiandad que mantenía al mundo en estado infantil, porque lo absorbía la Iglesia. La tutela que ella ejercía sobre el mundo contravenía, en cierta manera, la voluntad de Dios expresada en Gén 1, 28. En consecuencia, ha desaparecido el "peligro de agustinismo político, que consiste en hacer despender la validez de las estructuras y las actividades temporales de su conformidad con la fe y el orden sobrenatural".
Del mismo modo el teólogo holandés E. Schillebeeckx, que participó en la redacción del esquema XIII, Gaudium et Spes, defiende la misma tesis diciendo: "Dios ha entregado el mundo al hombre para que lo humanice y haga de él una digna morada al servicio de todos los hombres, en lugar de considerarlo como un mero trampolín para la otra vida". En definitiva la Iglesia salida del Concilio quiere estar el servicio del mundo y no aspira a dominarle como en tiempos pasados.
Sl los obispos conservadores aceptaran el C. Vaticano II y la teología de él surgida, no cometerían los errores que están cometiendo, digo errores, porque hasta la polémica asignatura Educación para la ciudadanía la recomendaba ya el Concilio para todos los ciudadanos en general antes de que existiera (GS 75, 6) Ha sido el Consejo Europeo, en lugar de la Iglesia, el que ha conectado con el Vaticano II al aconsejar esta asignatura.