Primeras mujeres cristianas 3. Ni varón ni mujer (Pablo)

Pablo asume por su conversión y primera catequesis la experiencia fundante de la iglesia que se afirma (y siente) recreada y renacida por el Cristo. Esa Iglesia sabe que se han roto las antiguas divisiones que separan a hombres y mujeres, decidiendo de antemano lo que es bueno y lo que es malo, lo importante y lo menos importante. Cierta sociedad israelita era rigurosamente estamental: separaba a judíos de gentiles, a varones de mujeres, a justos de injustos.

Precisamente por defender ese privilegio del judaísmo (de su ley sacral y su separación social) había perseguido Pablo a los cristianos "helenistas", que negaban desde el evangelio la escisión que dividía a judíos de gentiles (a hombres de mujeres, a libres de esclavos). A partir de aquí se ha de entender su “conversión” o llamada al Cristo como descubrimiento de la unidad de los humanos: cesan las antiguas divisiones y nace en el mesías una humanidad reconciliada.

Punto de partida: no hay varón ni mujer.

Esa llamada mesiánica de Pablo deriva de su encuentro con el Cristo: es una experiencia nueva de Dios que se revela de manera escatológica (definitiva) por medio de su Hijo (Gal 1, 16), superando así el nivel antiguo de un tipo de ley israelita. Pero, al mismo tiempo, Jesús es para Pablo el descubrimiento de la humanidad definitiva y ya reconciliada que se expresa por el Cristo, superando las barreras de Israel y abriéndose a las gentes (Gal 1, 16). Así lo ha ido mostrando de manera especialmente sensible en Gal donde polemiza en contra de aquello que quisieran "rejudaizar" el evangelio (cf Gal 1, 6-7). Dentro de ese contexto es primordial aquel pasaje donde, en forma rítmica solemne, recuerda la unidad de los humanos en el Cristo:

Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús:
los que os habéis bautizado en el Cristo
de Cristo os habéis revestido.
Pues ya no hay judío ni griego,
ya no hay siervo ni libre,
ya no hay macho ni hembra;
pues todos vosotros sois uno en el Cristo (Gal 3, 27-28).

El texto pertenece a la liturgia prepaulina de tipo bautismal donde los cristianos celebran su nuevo nacimiento como misterio de reconciliación plena en el Cristo. Los bautizados han muerto en el agua al mundo viejo con sus divisiones. Salen desnudos (todos iguales, varones y mujeres, desnudos de nuevo... desde la matriz del agua-muerte de Cristo) y así "reconstruyen" su vida en el Cristo (de Cristo se revisten), de tal forma que viven ya el misterio de la unidad escatológica, allí donde no existe batalla ni enfrentamiento entre griegos y judíos, varones y mujeres, libres y esclavos.

Éste es un himno base del bautismo de la Iglesia... un descubrimiento que Pablo ha aceptado como base, pero que después no ha desarrollado de una forma detallada (ni lo ha hecho el conjunto de las iglesias hasta el día de hoy).

-- Judío-gentil. Tema de Pablo. En su argumentación teológica más detallada (en el conjunto de Gal y Rom), Pablo solo ha desarrollado de un modo consecuente la superación del abismo de lucha en que se enfrentan judíos y gentiles: para defender la igualdad fundamental de todos y para proclamar su unión en Cristo.

-- Varon-mujer, libre-esclavo. Temas que Pablo asume y que desarrolla en parte, pero con limitaciones e incluso con contradicciones. Estos otros niveles de la reconciliación (libres y esclavos, varones y mujeres) le resultan en este momento secundarios y por eso no los desarrolla, pero tiene que citarlos al asumir la fórmula del renacimiento bautismal como experiencia de reconciliación creadora en el Cristo: así queda superada para siempre la división de varones y mujeres.

Al citar las palabras clave de esa liturgia de reconciliación Pablo asume la experiencia fundante de la Iglesia, antes de toda reflexión doctrinal o aplicación de tipo sociológico. Nosotros queremos situarnos también en su principio: más que teología (plano racional) u organización canónica (plano social) el evangelio de la pascua de Jesús es experiencia de liberación y nuevo nacimiento donde son ya iguales varones y mujeres, pues están vinculados e identificados en el Cristo de quien han recibido su "nueva vestidura" humana. Solo a partir de este principio se entienden los problemas derivados que debe plantear y resolver en cada caso la escuela paulina: libertad de la mujer, unión matrimonial, vida en familia.

1 Cor 7. Libertad de la mujer.

1. Varón y mujer, matrimonio entre iguales. Pablo no ha tenido ocasión o necesidad de elaborar una doctrina unitaria sobre el puesto de la mujer en la familia y en la Iglesia. Por eso su postura puede parecernos vacilante y multiforme, abierta a diversas interpretaciones, como se ha señalado con frecuencia . Suponemos eso conocido y tratamos solo de mostrar algunas consecuencias que derivan del texto básico de 1 Cor 7.

En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al varón abstenerse de mujer. No obstante, por razón de la impureza, tenga cada uno su mujer y cada mujer tenga su marido. . . No dispone la mujer de su cuerpo sino el marido. Igualmente, el marido no dispone de su cuerpo sino la mujer. . . A los casados les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido. . . y que el marido no despida a la mujer (1 Cor 7, 1-4. 10-11).


Significativamente, en relación al matrimonio Pablo conoce una palabra del Señor que está en la línea de la de Jesús (Mt 19, 1-9 y par): varón y mujer están vinculados en un mismo ideal (o exigencia) de fidelidad y así establecen una relación simétrica de amor en la que son iguales los derechos y deberes de ambos. Se rompe así la estructura jerárquica de dominación del varón sobre la mujer y se suscita un nuevo tipo de unión en igualdad y en permanencia, que podría haberse puesto con más fuerza a luz de la palabra y el misterio del Señor Pascual a quien Pablo cita como garante de la misma unión matrimonial (Cf 1 Cor 7, 12. 25).

Pues bien, a pesar de ese "mandato del Señor" Pablo no sabe ()no quiere, no puede?) resaltar el valor teológico (cristiano) del matrimonio (cosa que hará un discípulo suyo, en Ef 5, reintroduciendo elementos jerárquicos), y lo considera casi como "concesión" para imperfectos: que así eviten la impureza o incontinencia, porque mejor es casarse que abrasarse" (1 Cor 7, 9).

2. Sobre el celibato o virginidad Pablo no tiene precepto del Señor (1 Cor 7, 25)

pero sabe dar un consejo que le parece fundamental. A su juicio, siguiendo la lógica de la escatología (=a llegado el fin de los tiempos) y conforme a la exigencia de la unión con el Kyrios (=en amor ya liberado de las preocupaciones de este mundo) todos los cristianos deberían ser célibes:

En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al varón abstenerse de mujer (1 Cor 7, 1). . . Lo que digo (respecto al matrimonio) es una concesión no un mandato. Mi deseo es que todos los hombres fueran como yo (célibes); pero cada cual tiene de Dios su carisma particular, unos de una maneras otros de otra. No obstante, digo a los célibes y a las viudas: bien les está quedarse como yo (1 Cor 7, 6-8). Os digo pues, hermanos, el tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran. Los que lloran como si no llorasen. Los que están alegres como si no lo estuviesen. Los que compran como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa.

Yo os quisiera libres de preocupaciones. El célibe se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está, por tanto, dividido. La mujer no casada, lo mismo que la virgen (muchacha libre) se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Pero la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división (1 Cor 7, 29-35).


Para Pablo, el celibato (en especial el de las mujeres) es ante todo libertad.

-- Pablo ve algo importante en el celibato. El celibato ofrece a los creyentes una libertad especial que se halla vinculada al hecho de que así transcienden el nivel de carne en que los hombres (varones y mujeres) vivían antes sometidos a la esclavitud de los deseos. Por eso, al defender el celibato, Pablo está defendiendo la libertad plena de cada individuo. Más que los temas vinculados a lo que llamaríamos “abstención sexual” (un tipo de pureza) le interesa la libertad personal.

-- Pero Pablo no es capaz de elaborar una experiencia matrimonial en libertad y en igualdad... No tiene un horizonte social, personal y teológico que le permita hacerlo... Por eso algunas de sus afirmaciones no pre-cristianas (por decirlo de un modo cariñoso).

Limitación de la experiencia paulina

En ese sentido, viviendo en un contexto muy determinado por un tipo de búsqueda de independencia persona, para Pablo, el mismo matrimonio es una concesión a los impulsos y deseos del mundo; así puede añadir que "los casados no pecan, pero tendrán su tribulación en la carne" (1 Cor 7, 28), porque en ese nivel han situado su existencia (no es capaz de descubrir la libertad liberadora del amor matrimonial).

Por el contrario los célibes pueden vivir ya desde ahora la experiencia fundante de la libertad sin división (1 Cor 7, 35): se comportan como personas liberadas, que no tienen más preocupación que aquella que deriva del Señor.

Así se oponen, de forma expresa y repetida kosmos y kyrios, el mundo y el Señor.

La vida matrimonial pertenece al nivel del cosmos viejo, al plano de la carne: así el esposo es kosmos para la esposa, lo mismo que la esposa es cosmos para el esposo.

Por el contrario, el celibato pertenece al nivel del Kyrios, es decir, al encuentro con Jesús, en plano de superación cósmica. Así el amor matrimonial viene a entenderse como opuesto al amor de Jesús resucitado. En esa línea, la teología y vida de la iglesia debe superar en la actualidad un tipo de “estrechamiento paulino”, para poder de relieve el matrimonio como experiencia de comunión compartida de amor “en el Señor” (no simplemente en el cosmos).

Celibato. Experiencia de libertad personal.

Como he señalado, la argumentación de Pablo tiene rasgos concretos de oposición entre “cosmos y kyrios” (entre celibato y matrimonio) que están vinculados con un contexto cultural y social que están determinados por su tiempo y circunstancia y que deben superarse (en un ámbito de cruce entre apocalíptica y gnosis).

-- Eso le ha permitido poner de relieve unos rasgos básicos de libertad cristiana, para hombres y mujeres por igual, una libertad que será fundamental para entender la vida cristiana.

-- Eso le ha impedido descubrir la igualdad en la relación humana en general (y en la matrimonial en particular) entre varones y mujeres.... Por eso, dejamos ahora los aspectos negativos de la visión de Pablo, para resaltar los rasgos positivos del celibato, tal como Pablo lo presenta para varones y mujeres. Sólo se entiende el impulso de fondo de Gal 3, 28 yendo más allá del Pablo concreto.

- Tema base: Libertad individual.

Conforme a la experiencia normal del mundo viejo, el ser humano se encuentra dividido entre Dios y el mundo, entre lo masculino y femenino, etc. de forma que no puede alcanzar su libertad personal y autonomía. Pues bien, la experiencia cristiana significa para Pablo el descubrimiento de la individualidad radical: cada ser humano (varón o mujer) es persona por sí mismo en el encuentro con el kyrios, de manera que puede ya vivir sin divisiones ni rupturas interiores. La posibilidad del celibato significa que cada ser humano vale por sí misma, tanto el varón como la mujer: cada uno es libre, autónomo. La mujer no es un “instrumento” del varón (para darle placer o hijos); es persona, con autonomía.

Por eso, estrictamente hablando, la posibilidad del celibato es ante todo una llamada a la autonomía personal de hombres y mujeres (en aquel tiempo más de las mujeres)

- Igualdad y autonomía sexual.

De manera muy significativa, el texto va tratando en paralelo de varones y mujeres. Eran iguales en el matrimonio, cada uno ante y con el otro (1 Cor 7, 2-4. 10-11). Ahora son iguales en el celibato. De esta forma se supera la visión de una humanidad sexualmente clasista donde la mujer aparecía como sometida a los varones (primero al padre, luego al marido). La mujer célibe aparece así como liberada, dueña de sí misma dentro de la iglesia, en camino de fidelidad a su Señor que es Cristo (el mismo Señor de los varones).

Por eso, más que “abstinencia sexual”, el celibato implica autonomía personal (y sexual) para hombres y mujeres. De todas formas, siguiendo una visión que se funda en el ritualismo judío (que considera tabú cierto aspecto de la sexualidad femenina) parece que Pablo ofrece aquí la posibilidad de entender la santidad de la mujer en rasgos de continencia sexual, distinguiéndola así de los varones ("la mujer no casada. . . se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y el espíritu", 1 Cor 7, 34). En esta línea, una tradición posterior insistirá de forma especial en el valor espiritual (sacral) del celibato de la mujer, más que en el celibato del varón.

Pero Pablo, que en otro lugar ha presentado la santidad en términos de fidelidad esponsal de los varones (cf 1 Tes 4, 3-4), no ha destacado todavía ese camino especial de libertad en comunión entre varones y mujeres.

Conforme a toda su exposición, varones y mujeres son iguales en términos de realización individual... pero no en términos sociales o matrimoniales. Lo verdaderamente nuevo en su visión del celibato es “la libertad para ser personas”, tanto varones como mujeres.

- Unión con el Kyrios. Significativamente, para Pablo el celibato no se ha valorado (ni importa) por su renuncia sexual sino por su capacidad de encuentro con el Señor (es decir, porque aparece como un medio para vivir intensamente la novedad cristiana).

Pablo concibe el matrimonio en forma de unión cósmica: marido y mujer pertenecen a las cosas de este cosmos, a sus preocupaciones y sus normas materiales (cuidado económico, limitación familiar, vinculación al propio pueblo etc. ). En ese contexto, la mujer corre el riesgo de ser una “sierva” del marido. Pues bien, el celibato significa que ella puede ser libre, sin someterse a ninguna persona. Sólo porque pueden ser libres, porque uno no está ya dominado por el otro, varón valen ya como personas….

– Celibato universal… celibato en el matrimonio.

En ese sentido, Pablo puede hablar de un “celibato universal”, es decir, de una experiencia de autonomía personal para hombres y mujeres… Que cada uno pueda situarse ante sí mismo y ante Dios (y ante los demás) en plenitud y autonomía. Sólo así, porque puede ser célibe (porque es valioso en sí mismo) cada hombre o cada mujer podrá casarse sin imposición de uno sobre otro. Desde ese fondo, el matrimonio no será ya una estructura de dominio, sino de encuentro en libertad. El encuentro con el Señor ha hecho (según Pablo) que varón y mujer puedan vivir en un espacio nuevo de libertad personal y de comunión universal, al servicio del señor y de todos los necesitados (misión cristiana) sin ningún tipo de impedimentos. Conforme a su experiencia, hay un matrimonio que limita a los esposos: les encierra en un espacio de preocupaciones más pequeñas, de cuidados carnales y sociales que les impiden vivir la amplitud y universalidad, la hondura y gozo del encuentro con el Señor. Pero puede y debe haber (desde ese celibato universal) un tipo de matrimonio que no será ya imposición y dominio de uno sobre otro, sino comunión en libertad.

– Novedad escatológica.

El argumento de Pablo está centrado en la certeza de que ha llegado el fin del mundo: el tiempo es corto; los que tiene mujer vivan como si no la tuvieran. . . (1 Cor 7, 29). Es la hora del final; ha culminado el proceso de los tiempos. Por eso, los humanos ya no tiene que ganar su vida o sostenerla a través de sus acciones, porque viven ya salvados por el Cristo. Pues bien, entre las grandes acciones de este mundo se encuentra, conforme a la visión judía un tipo de matrimonio: de esa forma, los esposos asumen la creación y se insertan en la obra de Dios, conformando por ella su existencia. De manera sorprendente Cristo ha llegado superando ese nivel. Por eso ya los hombres (varones y mujeres) no se encuentran obligados a casarse, para forjar de esa manera su existencia: viven como autónomos, seres realizados y salvados ya en el Cristo. No están obligados a casarse, no tienen que “continuar la raza humana” (pues todo ha terminado), pero pueden y deben ensayar formas nuevas de amor, desde la plenitud escatológica en la que viven.

Una conclusión

Pablo reasume de esta forma la experiencia de profundidad que Jesús ha proclamado en su evangelio: en un primer momento varones y mujeres, todos los humanos, han de hallarse liberados por el reino y para el reino. Cesan y se rompen las antiguas ataduras: los lazos que mantienen vinculados por la fuerza a varones y mujeres, a los hijos con los padres etc. Todos se descubren iguales, liberados por el Cristo, en un camino de apertura al reino y de universalidad humana.

Sin esta primera experiencia de profundidad y liberación escatológica carece de sentido la novedad cristiana... Pero Pablo no ha sabido o no ha podido expresar y desplegar esa libertad en términos sociales (matrimoniales).

Desde Mt 19, 1-12 (partiendo de esa profundidad inicial que es una misma para todos), se pueden distinguir dos camino igualmente profundos y llenos de misterio:

-- matrimonio por el Reino
--y celibato por el reino.


Conflicto Paulino. Pablo asume y cita esos dos caminos, pero los valora de diverso modo.

-- Sabe que el amor del matrimonio está avalado por el mismo Señor como espacio de fidelidad humana en ámbito de reino (1 Cor 7, 10),

-- pero añade (conforme a su experiencia particular y limitada, en 1 Cor 7, 25) que ese amor matrimonial, en ciertos casos, puede resultar, en cierto modo, opuesto al servicio del mismo Kyrios que ha fundado el matrimonio (cf 1 Cor 7, 32-35).

El conflicto paulino, un camino abierto

Parece que Pablo se encuentra demasiado impactado por la experiencia de la nueva libertad cristiana y por la urgencia del final (cf 1 Cor 7, 29-31) como para advertir la tensión (casi contradicción) entre sus dos afirmaciones, de manera que, en un nivel, dice dos cosas que son contradictorias:

‒ el Señor avala el matrimonio;
‒ el matrimonio se opone al amor del Señor.

Pues bien, en las reflexiones anteriores, he querido mostrar que desde las mismas raíces de la experiencia y pensamiento de Pablo se puede y se debe superar esa contradicción, mostrando el valor nuevo del “matrimonio” en Cristo.

A Pablo le preocupaban demasiados problemas y no pudo resolverlos todos uno a uno. Pero dejó un camino abierto, un camino que debemos asumir y recorrer de un modo nuevo, desde su novedad y fuerza revolucionaria.
Es revolucionario, en Pablo, dentro de su tiempo el modo de apoyar el celibato como experiencia de libertad escatológica (y comunitaria) de varones y mujeres.


-- Es revolucionario su deseo de que las mujeres permanezcan sin casarse, liberadas así de la tutela del padre y el marido, como personas que pueden (y deben) cultivar su autonomía en el camino del Señor. A este nivel de celibato cesan prácticamente todas las discriminaciones y diferencias entre varones y mujeres y se establece un nuevo tipo de humanidad igualitaria, fundada sólo en Cristo, como anunciaba ya Gal 3, 28.

-- Sin esta experiencia fundante de libertad (de varones y mujeres), sin este arraigo de todos en el Cristo, resulta difícil comprender el cristianismo. Por eso, lo que dice Pablo en 1 Cor 7 sigue siendo básico en la iglesia.

Pero, a la luz del mensaje de Jesús y de la misma praxis de la iglesia, esta palabra debe completarse y matizarse desde una nueva visión del matrimonio. Eso es lo que ha hecho un discípulo de Pablo en 1 Ef 5.
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