"¿Y nosotros?, ¿qué ven nuestros ojos? ¿qué visión tenemos de la vida consagrada?" Francisco advierte a la vida consagrada contra "el virus del narcisismo o la obsesión de protagonismo"

Francisco, con la vida consagrada
Francisco, con la vida consagrada

"A veces corremos el riesgo de concebir nuestra consagración en  términos de resultados, de metas y de éxito"

"Este es el gran milagro de la fe: que abre los ojos, trasforma la mirada y cambia la perspectiva"

"No podemos fingir no verlos y continuar como si nada, repitiendo las cosas de siempre, arrastrándonos por inercia en las formas del pasado, paralizados por el miedo a cambiar"

"No desaprovechemos el presente mirando al pasado, sino que pongámonos ante el Señor,  en adoración, y pidámosle una mirada que sepa ver el bien y discernir los caminos de Dios"

"Si a los consagrados nos faltan palabras que bendigan a Dios y a los otros,  si nos falta la alegría, si desaparece el entusiasmo, si la vida fraterna es sólo un peso, no es porque seamos víctimas de alguien o de algo, sino porque ya no tenemos a Jesús en nuestros brazos"

"Queridos amigos, renovemos hoy con entusiasmo nuestra consagración. Preguntémonos qué  motivaciones impulsan nuestro corazón y nuestra acción, cuál es la visión renovada que estamos  llamados a cultivar y, sobre todo, tomemos en brazos a Jesús". Misa en la Jornada de la Vida Consagrada en la basílica de San Pedro. El Papa Francisco, acompañado por el prefecto de la CIVCSVA, Joao Braz de Aviz, lanza un mensaje de esperanza y una advertencia contra las "falsas nostalgias" y el "miedo a cambiar".

En su homilía, Francisco recordó a Simeón y Ana, los dos ancianos que se encuentran con Jesús en el templo. Especialmente en el caso del anciano, que sigue tres pasos: "él, en un primer momento, es conducido por el  Espíritu, luego, ve en el Niño la salvación y, finalmente, lo toma en sus brazos". Las palabras de Bergoglio giraron en torno a estas tres actitudes, y su vinculación con la vida religiosa.

¿Qué es lo que nos mueve?

La primera, "¿qué es lo que nos mueve?". El Espíritu, que es "quien inflama el corazón  de Simeón con el deseo de Dios, es Él quien aviva en su ánimo la espera, es Él quien lleva sus pasos hacia el templo y permite que sus ojos sean capaces de reconocer al Mesías, aunque aparezca como un niño pequeño y pobre".

Misa por la vida religiosa en San Pedro
Misa por la vida religiosa en San Pedro

Y es que así actúa el Espíritu Santo, explicó Bergoglio. "Nos hace capaces de percibir la presencia de  Dios y su obra no en las cosas grandes, tampoco en las apariencias llamativas ni en las demostraciones de fuerza, sino en la pequeñez y en la fragilidad". Son esas "inspiraciones del alma que sentimos dentro de nosotros y que estamos llamados a escuchar, para discernir si provienen o no del Espíritu Santo", subrayó Francisco.  

"¿De quién nos dejamos principalmente inspirar? ¿Del Espíritu  Santo o del espíritu del mundo?", preguntó el Papa a los consagrados. "Mientras el Espíritu lleva a reconocer a Dios en la pequeñez y  en la fragilidad de un niño, nosotros a veces corremos el riesgo de concebir nuestra consagración en  términos de resultados, de metas y de éxito".

Notoriedad, números.... fidelidad y esperanza

"Nos movemos en busca de espacios, de notoriedad, de números", lamentó. "El Espíritu, en cambio, no nos pide esto. Desea que cultivemos la fidelidad cotidiana, que  seamos dóciles a las pequeñas cosas que nos han sido confiadas", reclamó, como Simeón y Ana, "que cada día van al templo, cada día esperan y rezan, aunque el tiempo pase y parece  que no sucede nada. Esperan toda la vida, sin desanimarse ni quejarse, permaneciendo fieles cada  día y alimentando la llama de la esperanza que el Espíritu encendió en sus corazones".  

La fiesta de las candelas
La fiesta de las candelas

"¿Qué es lo que anima nuestros días? ¿Qué amor nos impulsa a seguir adelante? ¿El Espíritu Santo o la pasión del momento? ¿Cómo nos movemos en la  Iglesia y en la sociedad?", inquirió el Papa, quien advirtió del "virus del narcisismo o la obsesión de protagonismo" que puede esconderse detrás, incluso, de las buenas obras. "Examinemos hoy nuestras motivaciones interiores, discernamos las  mociones espirituales, porque la renovación de la vida consagrada pasa sobre todo por aquí".  

En segundo lugar, Simeón reconoce a Cristo con los ojos. "Este es el gran  milagro de la fe: que abre los ojos, trasforma la mirada y cambia la perspectiva". Y es que, como señala repetidamente el Evangelio, "la fe nace de la mirada  compasiva con la que Dios nos mira, rompiendo la dureza de nuestro corazón, curando sus heridas y dándonos una mirada nueva para vernos a nosotros mismos y al mundo".

Ver dentro, ver más allá

"Una mirada nueva hacia nosotros mismos, hacia los demás, hacia todas las situaciones que vivimos, incluso las más dolorosas", destacó el Papa, quien aclaró: "No se trata de una mirada ingenua, que huye de la realidad o finge no ver los problemas,  sino de una mirada que sabe “ver dentro” y “ver más allá”; que no se detiene en las apariencias, sino  que sabe entrar también en las fisuras de la fragilidad y de los fracasos para descubrir en ellas la  presencia de Dios".  

El anciano Simeón vio en Jesús la salvación. "¿Y nosotros?, ¿qué ven nuestros ojos? ¿qué visión tenemos de la vida consagrada?", volvió a preguntar. "El mundo la ve  muchas veces como un “despilfarro”, como una realidad del pasado, inútil; pero nosotros,  comunidad cristiana, religiosas y religiosos, ¿qué vemos? ¿tenemos puesta la mirada en el pasado, nostálgicos de lo que ya no existe o somos capaces de una mirada de fe clarividente, proyectada  hacia el interior y más allá?".

"El mundo la ve  muchas veces como un “despilfarro”, como una realidad del pasado, inútil; pero nosotros,  comunidad cristiana, religiosas y religiosos, ¿qué vemos? ¿tenemos puesta la mirada en el pasado, nostálgicos de lo que ya no existe o somos capaces de una mirada de fe clarividente, proyectada  hacia el interior y más allá?"

"A mí me hace mucho bien ver consagrados y consagradas mayores, que  con mirada radiante continúan a sonreír, dando esperanza a los jóvenes. Pensemos en las veces en las que nos hemos encontrado con estas miradas y bendigamos a Dios por ello. Son miradas de  esperanza, abiertas al futuro", proclamó Francisco.  

El Papa, en la misa de hoy
El Papa, en la misa de hoy

Con todo, añadió, Dios "no deja de darnos signos para invitarnos a cultivar una visión renovada de la vida consagrada". "No podemos fingir no verlos y continuar como si nada, repitiendo las cosas de siempre, arrastrándonos por inercia en las formas del pasado, paralizados por el miedo a cambiar", advirtió.

"Abramos los ojos: el Espíritu Santo nos invita a renovar nuestra vida y nuestras  comunidades a través de las crisis, de los números que escasean y de las fuerzas que disminuyen", pidió Bergoglio. "No desaprovechemos el presente mirando al pasado, sino que pongámonos ante el Señor,  en adoración, y pidámosle una mirada que sepa ver el bien y discernir los caminos de Dios".  

Finalmente, Simeón toma a Jesús entre sus brazos. "Dios ha puesto a su Hijo en nuestros brazos porque acoger a Jesús es lo esencial, es el centro de la fe", instó el Papa. "A  veces corremos el riesgo de perdernos y dispersarnos en mil cosas, de fijarnos en aspectos  secundarios o de concéntranos en nuestros asuntos, olvidando que el centro de todo es Cristo, a  quien debemos acoger como Señor de nuestra vida". 

"A  veces corremos el riesgo de perdernos y dispersarnos en mil cosas, de fijarnos en aspectos  secundarios o de concéntranos en nuestros asuntos, olvidando que el centro de todo es Cristo, a  quien debemos acoger como Señor de nuestra vida"

Un abrazo que también es una bendición, y una llamada de atención: "Si a los consagrados nos faltan palabras que bendigan a Dios y a los otros,  si nos falta la alegría, si desaparece el entusiasmo, si la vida fraterna es sólo un peso, no es porque seamos víctimas de alguien o de algo, sino porque ya no tenemos a Jesús en nuestros brazos", concluyó Francisco.

Misa de la Vida Consagrada en San Pedro
Misa de la Vida Consagrada en San Pedro

Tener a Jesús en nuestros brazos

"Entonces el corazón se encierra en la amargura, en la queja por las cosas que no van bien, en un  rigor que nos hace inflexibles, en aires de aparente superioridad. En cambio, si acogemos a Cristo  con los brazos abiertos, acogeremos también a los demás con confianza y humildad. De este modo,  los conflictos no exasperan, las distancias no dividen y desaparece la tentación de intimidar y de herir la dignidad de cualquier hermana o hermano se apaga. Abramos, pues, los brazos a Cristo y a los hermanos", finalizó.  

Primero, Religión Digital
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