"¡Todos juntos en Lisboa!": Francisco convoca a participar en la JMJ de Portugal El Papa, a los jóvenes: "¡El momento de levantarse  es ahora! ¡Levantémonos sin demora!"

"Jesús es la respuesta de Dios a los desafíos de la humanidad en cada época"

"Los jóvenes son  siempre la esperanza de una nueva unidad para la humanidad fragmentada y dividida. Pero sólo si  tienen memoria, sólo si escuchan los dramas y los sueños de sus mayores"

"Es  necesaria una alianza entre los jóvenes y los ancianos, para no olvidar las lecciones de la historia,  para superar las polarizaciones y los extremismos de este tiempo"

"¡El momento de levantarse  es ahora! ¡Levantémonos sin demora!". El Papa Francisco quiere que todos los jóvenes se movilicen, y se encuentren "todos juntos en Lisboa", para participar en la JMJ que se celebrará, con la presencia del Papa, el próximo mes de agosto en Portugal.

En su mensaje a los jóvenes, que lleva por título 'María se levantó y partió sin demora', Bergoglio asegura que, pese a la locura de estos años, marcada por la pandemia y, ahora, por la guerra en Ucrania, "Jesús es la respuesta de Dios a los desafíos de la humanidad en cada época". También, en la actual.

"Levantarse", como hizo María, como pide ahora el Papa a los jóvenes, pese a todo, para "resurgir, despertar a la vida". "En estos últimos tiempos, que han sido tan difíciles, cuando la humanidad, probada ya por el  trauma de la pandemia, se ve desgarrada por el drama de la guerra, María reabre para todos y  especialmente para ustedes, que son jóvenes como ella, el camino de la proximidad y del encuentro", constata Francisco, quien apuesta "firmemente que la experiencia que muchos de ustedes vivirán en Lisboa en agosto  del año próximo representará un nuevo comienzo para ustedes, jóvenes, y —con ustedes— para  toda la humanidad".  

El Papa y la JMJ de Lisboa
El Papa y la JMJ de Lisboa

Despertar y levantarse

Francisco trazó su mensaje en torno a dos verbos: "despertar y levantarse", que remiten a la Resurrección, y al la reconstrucción de un mundo herido. "También nosotros, como discípulos del Señor y como comunidad cristiana, estamos llamados a levantarnos rápidamente para  entrar en el dinamismo de la resurrección", subrayó el Pontífice.

"Ante una necesidad concreta y urgente, hay que actuar con rapidez", explicó el Papa. "¡Cuántas personas en el  mundo están esperando la visita de alguien que los atienda! ¡Cuántas personas mayores, cuántos  enfermos, presos, refugiados necesitan nuestra mirada compasiva, nuestra visita, un hermano o una  hermana que rompa las barreras de la indiferencia!", subrayó. 

"¿Qué les hace sentir el impulso de moverse,  tanto que no pueden quedarse quietos? Muchos —afectados por realidades como la pandemia, la  guerra, la migración forzosa, la pobreza, la violencia, las catástrofes climáticas— se preguntan:  ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué justo a mí? ¿Por qué ahora?"

Caminar con "prisas"; que no siempre es malo. "¿Qué les hace sentir el impulso de moverse,  tanto que no pueden quedarse quietos? Muchos —afectados por realidades como la pandemia, la  guerra, la migración forzosa, la pobreza, la violencia, las catástrofes climáticas— se preguntan:  ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué justo a mí? ¿Por qué ahora?", insistió.

Miles de jóvenes en la misa del Monte do Gozo
Miles de jóvenes en la misa del Monte do Gozo

La prisa, a veces, buena consejera

"Es la  prisa de los que saben poner las necesidades de los demás por encima de las suyas", trazó, una prisa necesaria, que "no pierde el tiempo buscando la atención o la aprobación de los demás" como sucede, destacó, en las redes sociales, sino "para buscar la conexión más genuina, la que surge del encuentro, del compartir, del amor y  del servicio". 

"La prisa buena siempre nos empuja hacia arriba y hacia los demás", resaltó el Papa, advirtiendo que "también existe una prisa  que no es buena, como por ejemplo la que nos lleva a vivir superficialmente, a tomar todo a la  ligera, sin compromiso ni atención, sin participar realmente en las cosas que hacemos; la prisa de  cuando vivimos, estudiamos, trabajamos, salimos con los demás sin poner en ello la cabeza y,  mucho menos, el corazón".

Un riesgo que puede darse "en las relaciones interpersonales: en la familia, cuando no  escuchamos realmente a los demás ni les dedicamos tiempo; en las amistades, cuando esperamos  que un amigo nos entretenga y satisfaga nuestras necesidades, pero lo evitamos inmediatamente y  acudimos a otro si vemos que está en crisis y nos necesita; e incluso en las relaciones afectivas,  entre novios, pocos tienen la paciencia de conocerse y entenderse a fondo".

Francisco reza en la plaza de San Pedro
Francisco reza en la plaza de San Pedro

Algo que también puede suceder en la escuela, en el trabajo y en otros ámbitos de la vida cotidiana. Pues bien, "todas estas cosas vividas con prisas es poco probable que den fruto". Cuando entra Jesús en escena, todo cambia: así le sucedió a Maria, a su prima Isabel, y también a Zaqueo. "A muchos de nosotros nos ha sucedido que, inesperadamente, Jesús salió a nuestro  encuentro: por primera vez, experimentamos en Él una cercanía, un respeto, una ausencia de  prejuicios y condenas, una mirada de misericordia que nunca habíamos encontrado en los demás". 

Hospitalidad en el mundo y entre generaciones

Y, también, reforzar el espíritu de la hospitalidad, como cuando Isabel y Zacarías acogieron a María y a Jesús. "¡Aprendamos de estos dos ancianos el significado de la hospitalidad!  Pregunten a sus padres y abuelos, y también a los miembros mayores de sus comunidades, qué  significa para ellos ser hospitalarios con Dios y con los demás. Les hará bien escuchar la  experiencia de los que les han precedido".  

El Papa y una anciana
El Papa y una anciana

"Queridos jóvenes, es hora de volver a emprender sin demora el camino de los encuentros concretos", resaltó el Papa. "Sólo así superaremos las distancias —entre generaciones, entre  clases sociales, entre etnias y categorías de todo tipo— e incluso las guerras".

"Los jóvenes son  siempre la esperanza de una nueva unidad para la humanidad fragmentada y dividida. Pero sólo si  tienen memoria, sólo si escuchan los dramas y los sueños de sus mayores", muy especialmente en este tiempo de nuevas-viejas guerras. "Es  necesaria una alianza entre los jóvenes y los ancianos, para no olvidar las lecciones de la historia,  para superar las polarizaciones y los extremismos de este tiempo". 

"¡Todos juntos en Lisboa!", culminó Bergoglio, renovando "mi  calurosa invitación a participar en la gran peregrinación intercontinental de jóvenes que culminará  en la JMJ de Lisboa en agosto del próximo año".

"Queridos jóvenes, sueño que en la JMJ vuelvan a experimentar la alegría del encuentro con  Dios y con los hermanos y las hermanas. Tras largos periodos de distancia y aislamiento, en Lisboa  —con la ayuda de Dios— redescubriremos juntos la alegría del abrazo fraternal entre los pueblos y  entre las generaciones, el abrazo de la reconciliación y la paz, ¡el abrazo de una nueva fraternidad  misionera! Que el Espíritu Santo encienda en sus corazones el deseo de levantarse y la alegría de  caminar todos juntos, en estilo sinodal, abandonando las falsas fronteras. ¡El momento de levantarse  es ahora! ¡Levantémonos sin demora!", finalizó.

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