Aunque digamos que Europa parece que carece de espíritu, que no se mueve mecida por una ideología clara, esto no es del todo cierto. Da la sensación de que esta nuestra sociedad nada todavía entre dos aguas, sin poder decir a ciencia cierta cuáles son esas dos aguas, si la religiosidad que pervive o la laicidad que se impone.
En relación con la religión tradicional, que parecía conformar el "espíritu" de occidente, de Europa, hay quien define el espíritu de nuestra sociedad actual como “religión laica”, lo cual no deja de ser una “contradictio in términis”, pues nada hay más a-religioso que la laicidad. Casi podríamos decir que este nuestro mundo occidental, Europa, carece de espíritu.
El evangelista Marcos, también los otros, sigue un sistema glorificador del personaje Jesús que en nada difiere de los hagiógrafos griegos cuando tratan de sacar del olvido a personajes célebres de su entorno o filósofos precedentes. Materia y forma literarias son idénticas en ambos.
Dicen los que explican la vida desde criterios celestiales que los hombres son malos. Y ponen los medios para que no lo sean. Dicen que el demonio ha hecho presa en la humanidad y buscan juros y conjuros para expulsarlo. Dicen que el pecado seduce, empuja y pervierte a los hombres. Dicen también que Jesucristo vino a liberar al hombre del mal, o sea, de Satanás.
En el fondo, aunque los fieles creyentes afirmen una y otra vez que Dios no tiene nada que ver con la razón humana, que la religión es cuestión del corazón, que la vivencia debe escapar de los moldes de la razón, no por ello desdeñan cuantos argumentos “racionales” han aportado filósofos hoy trasnochados.
Las religiones, tanto para crecer como para diluirse en el tiempo, no siguen el curso de los sistemas políticos al uso, cuyo ascenso o ruina son a veces instantáneos, proclives a revoluciones, levantamientos, pronunciamientos, conquistas o, incluso, desastres naturales. En las religiones no suele haber revoluciones, como mucho, concilios. Tienen una vida más longeva, pero al fin, como hechos humanos, todas siguen procesos similares. Es la vida, nacer, crecer, desarrollarse y morir.
Cuando lo oigo me quedo perplejo. Uno está pidiendo razones convincentes, explicaciones que no incidan en “lenguaje de loros”, respuestas claras y adecuadas al caso… y se encuentra con el fervor piadoso o con el más puro “te perdono la vida”. Es un argumento actitudinal que busca la descalificación personal con un “rezo por ti”, “a pesar de todo te considero mi amigo”, “eres mi hermano en Cristo”, “Dios es amor y te ama, lo quieras o no”, “yo deseo tu salvación”…
Darwin, sin él pretenderlo, puso patas arriba las creencias cristianas más que nada por la cerrazón de los vates de la credulidad de que el mundo era como ellos decían que era, porque así lo había Dios preestablecido.
Siempre he tenido sumo interés por conocer, primero, si tienen argumentos para respaldar su fe, y segundo si son capaces de expresar cómo tales argumentos pueden respaldar su fe, una fe que es para ellos el motor que mueve su pensamiento y su conducta. No siempre se encuentra uno con creyentes que sean capaces de hacerlo o bien no encuentran explicaciones racionales convincentes. Casi siempre, esperan que callen de una vez quienes tratan de desmoronar el edificio de sus creencias.
La Biblia, libro de ruta necesario para quienes necesitan nutrir su fe, se convierte a la vez en argumento existencial de quien se siente parte de una comunidad, a la vez que viene a ser confirmación de la esencia y existencia del propio Dios. En el nivel más bajo de asimilación, es la Biblia fuente de frases tópicas aprendidas a las que recurren en tiempo de necesidad. Se sirven de tópicos bíblicos de su libro de cabecera o de ruta, para sostenerse y pretender fundamentar su posición.
Interprétese como metáfora el que Dios envejece a la par que sus creyentes, puesto que Dios, como idea común compartida por quienes creen en él, lógicamente corre a la par de quienes sostienen la idea. Y entiéndase también que esta idea de la vejez de Dios se circunscribe a nuestro mundo occidental, que es donde nació este Dios omnipotente: los brotes de juventud se dan en pueblos y culturas muy alejados de occidente.
Nadie que haya paseado sus ocios por la historia puede negar las "valiosas" aportaciones que la "sociedad" crédula, la Iglesia, ha procurado al mundo, sobre todo el occidental, aunque en esto, como en muchas otras cosas “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”, como decía Gómez de la Serna, .
En el futuro se producirán descubrimientos que dejarán a nuestras facultades aún más estupefactas que los inmensos avances del conocimiento producidos desde Darwin y Einstein. ¿Cómo? Por la paciente, laboriosa y escrupulosa e ilimitada investigación científica.(Ch. Hitchens)
Todo lo que ha construido el hombre se puede englobar en el apartado “herramientas”, ya absolutamente necesarias para poder desenvolverse en su hábitat y que, en conjunto, forman lo que se denomina “cultura”.
Disparatada paradoja la de afirmar que algo, por su esencia, es como creemos que es; la paradoja añadida de creer que ese algo existe; la nueva paradoja de que, caso de existir, no puede ser así porque somos incapaces de conocer su esencia.