Don Francisco Gil Hellín acaba de hacer lo que era extraño no se hubiese hecho ya en todas las diócesis españolas. No sé si Burgos es la pionera o si alguna otra se le ha adelantado. Pero, en todo caso, bien por el arzobispo burgalés.
En la vieja diócesis castellana se ha prohibido la cesión de locales de la Iglesia para actividades de sectas u organizaciones que se mueven dentro del camelo ese del potencial humano. Y ello afecta tanto al clero secular como a órdenes, congregaciones y movimientos.
La medida me parece absolutamente necesaria y sólo lamento no se haya tomado antes y en todas las diócesis españolas.
En muchas ocasiones era un verdadero escándalo la cesión de locales de la Iglesia a organizaciones anticatólicas y en no pocos casos adictivas.
Ahora sólo queda ver su efectividad. Si unas monjas o unos religiosos quieren sacar una rentabilidad a esa casa de ejercicios a la que ya no va nadie o al noviciado vacío y hacen caso omiso de la disposición del señor arzobispo, ¿qué va a pasar?
Porque si no va a ocurrir nada mejor hubiera sido ahorrarse la norma.
Pero no adelantemos el futuro. Hoy felicitar al arzobispo de Burgos y animar a sus hermanos que le imiten.