Estupideces sobre los obispos.

A bastantes de los que defienden la obediencia y el respeto a los obispos eso les trae sin cuidado. Porque ni creen en ellos ni les respetan. Lo que buscan es ver si me pillan en algún renuncio. Que es lo que les gustaría. Pero son tan torpes que los pillados siempre son ellos. Vamos, que se repite el caso del alguacil alguacilado.
¿Qué es eso de la obediencia al obispo? A los obispos sólo hay que obedecerlos en lo que legítimamente puedan mandar. En lo demás que les obedezca su padre, si se deja.
Evidentemente no hay que obedecer al obispo si manda algo contra la ley de Dios. Que los hay que en ocasiones lo han mandado. Pero sin llegar a esos extremos hay muchísimas otras cosas en las que no hay que obedecer a un obispo aunque las mandara. Si manda una estupidez o algo que no tiene derecho a mandar aunque no sea malo, no hay la menor obligación de obedecer al obispo.
Los católicos no son unos siervos de los obispos. Ni le han prometido obediencia como sus sacerdotes. Aunque muchos de estos se la salten a la torera.
Y en lo que legítimamente pueden mandar no tienen garantía de infalibilidad. Aunque haya que obedecerlo. Pero también se puede criticar si se piensa que la decisión legítima es equivocada. Que pueden coincidir ambas cosas. Recientemente el obispo de Tenerife volvió a prohibir que en la procesión del Cristo de La Laguna asistieran soldados con armamento. Claro que puede adoptar esa disposición porque él es la autoridad. Y habrá salido la procesión sin tropa. Pero muchos han pensado que es una decisión equivocada y se lo han dicho.
Luego está lo del respeto. El obispo, y toda autoridad también, en principio merecen un respeto. Pero este no es de iure sino iuris tantum. También se debe respetar al rey, a las autoridades civiles, a la magistratura... Aunque ese respeto lo pueden perder por sus actos. ¿Qué respeto merece el obispo pederasta, el alcalde corrupto o el juez prevaricador? Ninguno. Salvo ese que como persona humana hay que tener hasta con los asesinos.
Hay una serie de calificativos que algunos consideran insultos y que no son más que simple calificación de los hechos. Será un insulto llamar asesino a quien nunca mató una mosca o ladrón a quien jamás se llevó nada ajeno. Pero el asesino no es insultado si así se le califica. Ni el ladrón. Tampoco el obispo que hace actos miserables si se le tacha como tal. O si se le llama estúpido por hacer estupideces. Y algunos se esfuerzan en ellos y ellas.
Claro que en todo entra la subjetividad del calificante. Que se puede equivocar al juzgar un caso concreto. Si eso ocurriera habría que rectificar. Yo jamás he tenido el menor problema en ello. Aunque casi siempre, prescindiendo de los meros insultos de algunos que al parecer no tienen otros argumentos, los comentarios terminan poniendo al sujeto todavía peor que con mis calificativos. Por ejemplo con el obispo Melani. Que todavía es peor de lo que yo pensaba. Un tipejo. Su altercado con los heroicos jóvenes de Neuquén es sólo un episodio más de una triste carrera episcopal. Afortunadamente próxima a su conclusión.
Junto a obispos excelentes o simplemente aceptables pastores los hay inexistentes, acobardados, cómodos, vagos. Y algunos miserables. El problema no está en que se diga. Lo verdaderamente preocupante es que lo sean. Y no se resuelve porque yo me calle. Si no cambian lo dirán otros. Internet es así.