Miedo al ridículo

La escena evangélica de Zaqueo subido a un árbol para ver pasar a Jesús, que nos narra Lucas en el capítulo 19,2, me ha hecho reflexionar lo mucho que uno puede perderse por miedo al ridículo. Zaqueo era un publicano, hombre rico, quería conocer a Jesús y como era pequeño de estatura se subió a un árbol para ver pasar a Jesús.
Él, hombre rico, cobrador de impuestos, subido a un árbol, debía ser una escena un poco ridícula, era como para no dar respeto a la gente, que de por sí ya despreciaban a los cobradores de impuestos. Pero Zaqueo hace caso omiso del que dirán ,quiere ver a Jesús a toda costa y lo logra con creces porque justo al pasar por debajo del árbol donde se había subido, Jesús le llama y le dice: “Zaqueo baja que hoy tengo que hospedarme en tu casa”.
Cual no debió se la sorpresa de aquel hombre al oír aquellas palabras de los labios de Jesús. Bajó presuroso y lo recibió con alegría. Y después de una conversación, que el evangelio no nos narra, pero que debió ser de un profundo contenido, el rico cobrador de impuestos, de pie ante Jesús declara: “Señor doy a los pobres la mitad de mis bienes, y a los que he exigido más dinero de la cuenta, les restituyo cuatro veces más”.
Al oír esta confesión, Jesús exclamó: “Hoy ha entrado la salvación en esta casa”. Si, la salvación entró en aquella casa porque Zaqueo no tuvo miedo al ridículo.¿Nos frena a nosotros el qué dirán, el temor a que se burlen de nosotros por ciertas acciones que pueden hacer hablar a la gente? Felices aquellos que ante una buena obra no tienen miedo al ridículo, la salvación entrará en su casa. Texto: Hna. María Nuria Gaza.