Ciencia con conciencia

Ahora las llaman farmacias, pero cuando eran escasos o inexistentes los medicamentos elaborados o patentados, era todo un arte y ciencia, saber mezclar en su justa medida los elementos recomendados por los galenos.
Cada sustancia química o vegetal estaba identificada en un “bote” (pote o vasija con tapa), generalmente de vidrio, cristal o cerámica cuyo conjunto formaba una “botica”. Entre nosotros ambos términos han ido desapareciendo del lenguaje popular, al igual que los llamativos estantes donde lucían los productos que se ofrecían al público.
Los estudios universitarios de Ezio y su percepción de los cambios de los tiempos lo llevaron a incursionar en la fabricación de fármacos. Las exigencias fueron abriendo camino a una empresa familiar no exenta de sobresaltos y angustias. Pero la constancia, competencia y trasparencia en su máxima de poner la ciencia al servicio de los principios que afloran en la conciencia de todo ser humano, fueron los faros que marcaron el sendero por donde ha transcurrido el devenir de su empresa familiar.
Medio siglo más tarde, VALMORCA, de la mano de sus hijos y del equipo multidisciplinario que la conforma, hacen de esta empresa, un modelo pionero en el ramo farmacéutico, en el país. Las crisis son oportunidades para consolidar los proyectos nobles. La fiesta jubilar ha sido motivo para ofrecer a la propia familia empresarial su razón de ser y existir. Y para el entorno comunitario el disfrute de su aporte social, cultural y benéfico.
Desde Ejido brotan las mieles de los cañamelares y el orgullo de una industria farmacéutica que beneficia directa e indirectamente a numerosas familias venezolanas. Ad multos annos.
Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida (Venezuela)