Perdón y ridículo político

(Jorge Trías Sagnier, en ABC).-No puedo quitarme de la cabeza esa extemporánea petición de perdón de los obispos vascos, hace un par de semanas, por el silencio de sus antecesores ante el fusilamiento de 14 curas «nacionalistas» por las tropas franquistas durante la Guerra Civil. Yo creo que los obispos vascos han hecho el ridículo, por un lado y, por otro, un deplorable servicio a los cada vez más escasos católicos vascos. Esta estrategia, ahora que el brazo armado del nacionalismo vasco, o sea ETA, está acorralado, tiene ese inconfundible tufillo de Setién, un obispo que en cierta ocasión fue reconvenido por Juan Pablo II, y que pretende vender como martirio lo que sólo fue política.

El Catecismo de la Iglesia católica afirma (parágrafo 2844) que «la oración cristiana llega hasta el perdón de los enemigos». Pero los obispos vascos, cometiendo un grave error interpretativo, subvierten los términos y piden perdón a los enemigos. Porque en 1936, y de eso hay poca discusión, el enemigo de la Iglesia era el Frente Popular y sus aliados que quisieron exterminarla.

Casi 10.000 religiosos y sacerdotes asesinados sólo, y subrayo lo de sólo, por su fe, avalan lo que afirmo. Es cierto que también se ajustició o asesinó, según los casos, a algunos católicos por el gobierno franquista, como ese hombre de fe profunda, el catalán Carrasco i Formiguera, pero su muerte se debió a motivaciones exclusivamente políticas, no a su fe católica.

Ante esta oportunista y poco oportuna petición de perdón ya se han alzado voces autorizadas preguntando si también van a pedir perdón por algo que, esto sí, causa verdadero dolor y angustia en la sociedad: el silencio y la equidistancia episcopal vasca frente al terrorismo, y cómo esa actitud provoca que las víctimas se conviertan en victimarios. Una cosa es perdonar y otra, muy distinta, pedir perdón. En cualquier caso, hacer el ridículo nada tiene que ver con ninguna de esas dos actitudes.
Volver arriba