El gambito de Rouco Varela

En un alarde de finura táctica, el cardenal Antonio María Rouco Varela se mostró ayer exquisito con el Gobierno en un acto público sobre las relaciones Iglesia-Estado, pero lanzó un dardo muy envenenado a Mariano Rajoy. "La verdad, no sé cuál es hoy, exactamente, la política del Partido Popular", dijo el cardenal arzobispo de Madrid, al ser preguntado por la actitud de la oposición ante las iniciativas del Gobierno socialista que preanuncian una nueva ley del aborto más permisiva, una nueva ley de Libertad Religiosa más restrictiva para la presencia de los símbolos cristianos en el espacio público, más una posible legalización de la eutanasia, rebautizada por el ministro de Sanidad Bernat Sòria como "suicidio asistido".
Por mucho menos, las autoridades eclesiásticas propiciaron en la anterior legislatura dos grandes manifestaciones antigubernamentales en Madrid (contra el matrimonio homosexual y contra la nueva ley de educación). Pero el Vaticano ha pedido moderación al episcopado español. Tonos más suaves, un lenguaje más reposado y más positivo, en suma, una imagen serena y dialogante, como la que ofreció el Papa Benedicto XVI en su primera visita a España (Valencia, julio de 2006). Con mucha experiencia a cuestas, el Vaticano quiere darle la vuelta a la estrategia laicista de Zapatero.
Roma quiera ganar la batalla del talante a quien alardea de él. Es un planteamiento muy inteligente e itálico que siempre encontrará obstáculos en el sector del catolicismo español más acostumbrado a la rudeza, así en las formas como en el lenguaje. Ecos trabucaires.
El Papa le ha pedido personalmente a Rouco que evité en la medida de lo posible el choque frontal con Zapatero. Y el cardenal Tarsicio Bertone, secretario del Estado de la Santa Sede, ha comunicado al presidente del episcopado español su preocupación por la adopción de un lenguaje siempre perdedor ante la opinión pública. El reciente y discreto toque de atención vaticano por los excesos verbales de la Cope se inscribe en este cuadro.
Rouco parece haber asumido el discurso de la moderación formal –ayer no efectuó ningún reproche al Gobierno- pero cree que le está fallando el Partido Popular. Si el PP también se modera, la Iglesia se queda sin punta de lanza (perdón, sin espada de San Pedro). El cardenal Rouco tiene necesidad de ejecutar un gambito sobre el tablero (gambito: movimiento de ajedrez en el que se sacrifica pieza al principio de la partida, para mejorar posiciones). En el arranque de la legislatura, Rouco quisiera sacrificar el incipiente centrismo de Mariano Rajoy, para que la Iglesia pudiese navegar aguas más tranquilas sin parecer claudicante.
Rajoy no desea tensiones con la Iglesia, pero parte de la convicción (avalada por los estudios sociológicos) de que el PP sólo puede volver a ganar las elecciones generales buscando el apoyo de un amplio espectro social, parte del cual siempre será renuente a la militancia católica. Al igual que Roma, Rajoy también quiere ganar la batalla de las formas.
Rouco (Villalba, Lugo, 1936), le dijo ayer: "Me estás dejando en la estacada". Veremos qué responde Rajoy (Santiago de Compostela, 1955). Y en el ínterin, Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) se ofrece como cruzada de la causa.
Enric Juliana (La Vanguardia)