Sin Jesucristo, nada


¿Te fijas que sin Jesucristo somos como un ser irreal? Sin El ni siquiera nuestra amistad tendría cohesión. Pero resulta a veces difícil mantener la atención en El. Y sin embargo todo cuanto intentemos sin Jesús no tiene valor alguno.

El Padre nos ama porque amamos a Jesucristo y creemos en El. A Dios no le interesan nuestros servicios sino a través de Jesucristo. La misma oración para ser escuchada tiene que ser en nombre de Jesús. ¡Cuántas veces me he desanimado porque no eran escuchadas mis oraciones! Tardo mucho tiempo en darme cuenta de este detalle. Pero ¡qué buena lección! Tengo muchas ganas de poder decir con el Apóstol: Ya no vivo yo; es Cristo el que vive en mí.

Toda esta vida interior constituye una aventura sin igual, aun en el caso de que pasemos por temporadas de abatimiento. Jamás dejar la oración. Ofrecerle con valentía los malos ratos, como los buenos. Con su gracia avanzaremos. Merece la pena seguir. Y siempre, con mucha paz en el alma, junto a Jesús, porque sin Él, nada.

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