Manuel González, Nieto, Sales, Javier, Ignacio... ¡arrastran!


Hemos tenido santos de primera calidad, imitarlos.
Hemos tenido santos de primera calidad. Me gustaría que se hiciera una teología pastoral partiendo de la experiencia de personas muy unidas con Dios. Cómo han actuado.

Don Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados escribe páginas dignas del mejor pastoralista. Su pastoral era muy sencilla: saludar a todos los que le miraban, sonreír, hablar comenzando por lo de ellos y acabando por lo nuestro. Y supo organizar. Creó las parejas de Marías atrayentes. Ellas visitaban a la gente, les invitaban en nombre de la parroquia. Creó guarderías de niños.

Animaba para alfabetizar a personas de misa y comunión diaria y mejor no le pudo ir. Comenzó con una parroquia en Huelva donde le apedreaban a El e incluso al Sagrario. Poco a poco, con paciencia, los fue ganando. El secreto de todo: estar enamorado de Jesús del sagrario; confiar en El. Fundó escuelas. El dinero salía porque los pudientes veían virtud y santidad. De la escuela iban los alumnos con los maestros a visitar a Jesús. Al principio ni sabían cómo saludar a Cristo. Pero él les decía oraciones en voz alta para que repitieran.

Al leer la biografía de Don Manuel me parecía algo como de siglos pasados y era de este siglo. Un día salió a la calle en Huelva con la banda de música y un gran cartel que decía "¡CRISTIANOS, A MISA!". Así arrastraba a las gentes. Tenía ocurrencias de verdadero enamorado.

Cuando leemos estas cosas no podemos sino decir al Señor: Dadnos sacerdotes santos. Envía, Señor, operarios a tu mies.

San Francisco de Sales exhorta mucho al apostolado hacia los alejados. cuando podemos esperar que el pecador se enmiende, lo cual es posible mientras dure su vida, no debemos nuca rechazarle, sino rogar por él y ayudarle cuanto su desgracia permita.

Pero, al fin, después que hemos llorado por los obstinados y que con ellos hemos realizado el deber de caridad para tratar de sacarlos de su perdición, debemos imitar a Nuestro Señor y a los Apóstoles; apartar nuestro espíritu de aquello y volverlo a otros objetos y ocupaciones más útiles a la gloria de Dios. Por eso San Pablo marchó a predicar a los gentiles. Así lo leemos en Hechos 13. Es duro esto. Pero no me lo invento yo. Así habla San Francisco de Sales. Y nos recuerda también la frase del Evangelio: "Se os quitará a vosotros el Reino de Dios, y será dado a gentes que rindan frutos." (Mt. 21,43)

Algunas veces le digo al Señor en mi oración: Dadnos, Señor, apóstoles como aquellos primeros; como Javier, Ignacio, el P. Nieto, como los santos. Que hablen desde el fondo de su alma. Que sepan transmitir su fe encendida. Ten misericordia de nosotros. Dadnos sacerdotes santos. Dadnos líderes religiosos. Infundirán la fe desde lo más profundo de su corazón.

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