Obispos. ¡Tenéis que dar fruto! ¡De verdad!


Queridos amigos obispos: Cristo nos eligió para que demos fruto. Si el obispo y el sacerdote no está poseído de un ardiente deseo de conquistar almas, y solamente se preocupa de sus negocios personales, anda muy equivocado. La única razón de nuestra existencia es elevar a los hombres para darles a Jesucristo.

Estoy convencido de que, de entre todas las misiones episcopales, la de mayor responsabilidad es la de fomentar la unión y espíritu de santidad dentro de los sacerdotes y almas consagradas. La sociedad actual está mal, fría, indiferente. Y gran parte de la responsabilidad radica en el clero, y en las almas consagradas.

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