Retiro: Amigos. Fe, nuestras vidas

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1.- ¿Adónde te escondiste...? "Oh qué amor tan fino se encierra en tu pecho... Véante mis ojos, muérame yo luego. Muéstrame el lugar donde está escondido... Quisiera verlo en todas las partes: en el campo, en la hierba, en el cielo, en los astros, en las montañas, en la gota de agua... " Verlo en la Eucaristía; ahí sí está presente como en el Cielo.


Verbo de Dios; esposo mío, amor de mis amores. Haz entre nosotros una relación de amor; de amor inseparable, de amor eterno y perfecto. Escondido estás en el seno de nuestro corazón, en lo más recóndito de nuestra alma. Ajeno al ojo mortal; presente por la fe y el amor.

Presente en mis manos sacerdotales; real hoy, como real el día en que por primera vez abría el Sagrario, como aquella vez en que por vez primera te hice bajar sobre blancos corporales. ¿Adónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido? ¡Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos muérame yo luego!

2.- La fe es un don de Dios muy grande, independientemente de que la vivamos con grandes consolación o con amargura y desconsuelo. Santa Teresa del Niño Jesús vivió parte de su corta vida llena de sequedad. Escribió varias páginas en este sentido. Afirma que gozaba hasta entonces de una fe tan viva y clara que el pensamiento del Cielo constituía su felicidad. "Que todos los que no viven iluminados por la antorcha de la fe, la vean por fin brillar". Y termina pidiéndole a Dios la gracia de no ofenderle jamás. No hemos de asustarnos ante la sequedad ni abandonar la oración.


Teresa del Niño Jesús sufrió mucho con la sequedad, pero no se rebeló. Fue un poco como Job. En su sequedad y desazón se acordaba de los pecadores. Y viéndose morir en el total abandono, piensa solo en Jesús. ¡Buen modelo para nuestras crisis prolongadas en total sequedad; buen modelo para no desanimarse! Y reconoce que la prueba le fue enviada en el momento en que podía soportarla. Cuando me viene a mí el desaliento por la "pertinaz sequía" quiero pensar que puedo soportar la prueba mejor que cuando el Señor me colmaba de sus consuelos. Lo único que me preocupa si a causa de al sequía aflojo en el amor o en el servicio de su Reino. Vamos a seguir adelante confiando en la misericordia del Señor que nos guiará hasta el fin.


3.- Necesito, Señor, una fe más viva, mucho más viva, que evite todos mis cansancios e incomunicaciones contigo. Esto le pido al Señor en los momentos de mi retiro, cuando me acerco a él en plan de revisión mensual. Te lo ofrezco a ti también ahora por si te gusta esta petición. A fin de cuentas es lo que leemos en el Evangelio: Señor, yo creo, pero aumenta mi fe. Pienso que contrariamos al Señor con una de las contrariedades más amargas: el abandono de la Eucaristía o lo que es lo mismo: misas y comuniones rutinarias, sin preparación, sin acción de gracias, iglesias cerradas al fervor eucarístico, falta de intimidad con Jesús. Las almas con esto se privan de ríos caudalosos y mares de gracia. Por eso tanta indiferencia e irreligiosidad. Vamos a decirle a Jesús: me acerco a Ti hoy con el deseo de que cambies mi corazón. Quiero ser del todo alma enamorada de la Eucaristía.
Sabemos que Jesús está entero, en cuerpo y alma, presente siempre entre nosotros, pues vamos a vivir esta presencia: es pura lógica de fe. Que este problema es no de los ateos, ni de las almas un tanto alejadas; el problema es precisamente de quienes somos católicos, incluso católicos líderes, pero no vivimos con total entrega esta gran verdad.

4.- Desde que José Manuel Feito me dijo a sus casi 66 años que todos los días de su vida reza los quince misterios del Rosario, me he propuesto ayudarme más y con mayor fervor de esta devoción que nunca la he descuidado, aunque algún día ya se me olvida. Lo cierto es que mi experiencia de fe me confirmar: temporada de rezo muy atento y sentido del Rosario, época de gran fervor de espíritu. Ahora intento unir esta devoción a mi oración personal, a mi meditación. Mira un ejemplo de un día cualquiera: por la noche preparo los puntos de oración, leyendo unos párrafos en las meditaciones de Garzón. Así los he resumido hoy los cinco puntos, que al día siguiente uno al rosario:
1.- Señor, te comunicas con los puros y humildes; hazlo conmigo.
2.- Señor, no me ocultes tu rostro; dame para ello humildad y limpieza de corazón. 3.- ¡Habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida!
4.- Virgen María, que merezca contemplar el rostro del Señor por toda la eternidad.
5.- Dadme el don de oración; dadme el don de abnegación.
¿Cómo los aplico? Rezo del Rosario normal. En cada avemaría:.. "y bendito es el fruto de tu vientre Jesús", - en la Resurrección. (En cada misterio terminar esta parte del avemaría, con la invocación del misterio). Después con atención el "Santa María... ahora y en la hora de nuestra muerte, amén" y añado -1. "Señor, te comunicas con los puros y humildes, hazlo conmigo". Así en cada final de avemaría de todo el primer misterio. En todos los "Santa María" del 2º misterio el nº 2, etc.
Se reza así el Rosario de maravilla, durante media hora. Lo único que importa es el recogimiento; se puede hacer paseando siempre y cuando no haya jaleo alrededor. La oración sale muy bien, sin apenas distracciones. Eso sí, es preciso molestarse y prepararla a la noche y transcribir en un pequeño papel cada uno de los cinco puntos. Merece la pena, porque luego la oración influye mejor durante todo el día. Cinco misterios así, estupendo. Si en otro momento dedicamos otra media hora a otros cinco misterios, mejor aún.

5.- Apreciar las letanías lauretanas, las tradicionales. Son bellísimos piropos que dirigimos a la Virgen María, para mí son fuente de meditación y con frecuencia suelo decirlas a la Madre. Salud de los enfermos, refugio de los pecadores, consoladora de los afligidos, auxilio de los cristianos... Otra cosa, cuando rezo el "Santa María", no restrinjo tan solo la intención de "ahora y en la hora de nuestra muerte", al momento final de nuestra existencia en la tierra; me fijo en el morir de cada día, de cada momento: las pasiones; la ira, la gula, la pereza o envidia, el odio o la indignación, la desidia o la enemistad incipiente. He de ir "muriendo" cada día tantas pasiones y desarreglos... Que la Virgen María me vaya ayudando.

6.- Quiero hacer un propósito; lo voy a apuntar. Dar cada día tiempo suficiente a la oración. Con calma, sin prisas; estar allí fijo, ocupado solamente en mi relación con Dios.



7.- Desde hace unos años voy tomando "afición" a meditar la pasión de Cristo. He de confesarte que he permanecido años y años sin apenas pensar en ella. Algo en semana santa y poco más. Me impresionó hace pocos años la vida del P. Nieto y la de otros santos cómo dedicaban horas enteras a meditar y contemplar la pasión del Señor.
Ahora me voy afianzando en ella. Los viernes dedicar un rato de meditación. En mis sábados de "desierto" contemplar los misterios dolorosos. Y por fin recientemente el Viacrucis en casa. Mi crucifijo de misionero está bendecido con una serie de "privilegios" entre otros, creo, el del viacrucis cuando uno está enfermo.
No me fijo en lo de las indulgencias. Que el Señor conceda las que le parezca. Pero sí en la contemplación de la pasión. Y me lleno de agradecimiento y de vergüenza por mi tibieza y frialdad. Parece mentira que digamos muchas veces que tenemos fe y nos pasemos semanas y meses sin agradecer al Señor su entrega generosa y sin un esfuerzo serio por imitarle. 8.- Santa María Emilia Rodat, francesa, fundadora de las religiosas de la Sagrada Familia, siglo XIX, tenía una gran devoción al viacrucis. Era profundamente piadosa; tan penetrada estaba de Dios¬ decía- que siempre me habría quedado con El, máxime en la iglesia. Allí su presencia me absorbía , hasta el punto que nada veía ni oía en torno mío. Quería que sus religiosas dedicaran la mayor parte del domingo a pasarlo junto al Señor en la iglesia. Allí su devoción era estar con Jesús. El viacrucis le llevaba mucho tiempo.
9.- Amor a la Eucaristía como en los tiempos de nuestra luna de miel sacerdotal. Recuerdo mi primera parroquia. Cuando pasaba llevando la sagrada Comunión a los enfermos los primeros viernes. Me extrañaba cómo estaban abiertas todas las puertas del pueblo y creía al principio que se trataba de una casualidad por la salida al campo de todos los vecinos en aquellos mismos momentos. Nada de eso. Luego me lo explicaron: tenían la costumbre de abrir todas las puertas por donde se realizaba el recorrido con Jesús sacramentado. Símbolo de que abrían a Él la puerta de sus corazones. Buena meditación para hoy: abrir nuestras puertas al Amor de los amores.
10.- Pan de vida es la Eucaristía. No lo entendían aquellos que abandonaron a Jesús cuando Él les propuso según el capítulo VI de San Juan. Es el pan vivo bajado del Cielo. Hemos de buscar con hambre ese pan vivo bajado del Cielo; levantarnos ya con esa hambre de Dios. No alejarnos de Él y decirle como Pedro: Señor, Tú tienes palabras de vida eterna.
11.- Vivencia gozosa de nuestro sacerdocio. Muchos tienen sensación de cansancio. Vamos a examinarnos ahora. Ahora me pregunto: ¿en mis reuniones sacerdotales salgo más contento de mi sacerdocio? ¿Actualizo mi fe en esta maravilla de mi sacerdocio, participación del de Cristo? Hablar siempre del sacerdocio en sentido positivo; no en plan de crítica. Una pregunta: ¿Estoy contento con Dios? Algunas veces me pregunto si Dios estará contento conmigo; pero ahora la pregunta es ésta: ¿Estoy contento con Dios? Le ofrezco mi alma de nuevo con el gozo de mi primera entrega. Estoy contento de ser sacerdote; nunca renunciaría a mi sacerdocio. Daría a través del sacerdocio un mensaje de alegría y de felicidad. Quiero decir como santa Teresa: "No me dejaré aventajar de ningún amante humano". Sin embargo experimentamos que a veces Dios no nos llena; y debiera llenarnos. Y es que nuestra atención no está puerta en Dios. ¡Sentir la necesidad de Dios como del aire que respiramos! ¡¡Solos Dios basta!!
12.- A la cumbre de la santidad se llega solo por amor. Que el testimonio de nuestra vida produzca en quienes lo perciben el amor a Dios. El amor es el que mantiene siempre nuestro celo. Él nos amó primero y más. Lo que pasa es que esto no lo experimentamos sensiblemente, no lo vemos ni palpamos. Pero la fe nos lo dice, y nosotros en la oración nos ponemos a tiro de su amor. Luego, aunque la oración sea en sequedad, notamos durante el día una gran paz, una decisión, un gozo sereno que nos impulsa a obrar nuestro apostolado unidos a Cristo. ¡Enamorarme de Jesús que es más que amarle! Enamorarnos porque todo es santo en Él. Y no andar buscando compensaciones materiales ni afectivas. ¡Solo Dios basta!
13.- ¿Envidia a los novios el sacerdote? Pero si yo no soy soltero. Estoy casado con Dios. He de redescubrir a Dios en todo. Lo que Dios nos quiere; lo que Dios nos ama. Porque a veces, de tanta renuncia hemos vaciado nuestro corazón. Pero es preciso llenarlo con más amor. Convencernos de lo grande que es Dios y que Él solo puede llenarnos de todo. Si me alegran los estímulos humanos, si me alegra un viaje, un premio, ¡mucho más ha de llenarme Dios!
14.- No tener miedo a Jesucristo; Él se fijó en mí. Es la señal más clara de la amistad; él me eligió. Me gusta mucho imaginar el momento en que Jesús va llamando a los Apóstoles. Tiene para mí una emoción indescriptible. Después le fueron siguiendo con interés. Al final, incondicionalmente. A eso llamaban vida apostólica: estar siempre con Jesús, y ser enviados a predicar. Fueron abandonando todo y le siguieron en su misión. ¡Qué amistad tan personal y tan íntima mantuvieron con Cristo! ¡Quién pudiera! Vamos a desearlo; vamos a soñar. Si desaparece esta amistad íntima con el Maestro, el apostolado, por muy llamativo que sea, resultará baldío. ¡Amor de los santos hacia Dios! Y sufren cuando se dan cuenta que en la gente el amor no es correspondido! Algunas veces siento como gracia de Dios inmerecida este sufrimiento que la gente no corresponda al amor de Dios en nada. Pero luego no obro en plena consecuencia. Ahí está mi contrasentido.

15.- La Iglesia necesita sacerdotes santos, que contagien a los demás. Lo nuestro es ser santo; ese es nuestro oficio. Hemos tenido santos de primera calidad. Me gustaría que se hiciera una teología pastoral partiendo de la experiencia de personas muy unidas con Dios. Cómo han actuado. A lo mejor lo que hoy llamamos pastoral podríamos considerarlo un poco como de referencia, pero sólo eso.
Don Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados tiene páginas dignas del mejor pastoralista. Comenzó con una parroquia en Huelva donde le apedreaban a El e incluso al Sagrario. Poco a poco con paciencia los fue ganando. El secreto de todo estar enamorado de Jesús del sagrario; confiar en El. De allí sacaba fuerza, fe, audacia.


16.- Oración. El estado normal mío como sacerdote ha de ser la vida de oración; lograr mantener la presencia de Dios durante todo el día, y desde allí obrar sacerdotalmente. Solamente daremos a Dios cuando "tenemos a Dios. Si un sacerdote no incita a la virtud, es escándalo. Hablar desde la experiencia de Dios, de lo contrario, nuestras palabras son vanas. Saber, sí, técnicas oratorias, pero hablar desde la experiencia de Dios; ahí está el secreto. Identificarnos con Cristo y tratar con santidad las cosas santas.

17.- Importancia de la Misa; me gustaría algún otro día profundizar en esto. La misa es lo más grande que hacemos todos los días. Jesús presente desde entonces en el altar y en todas las iglesias. Y quiere hacer de nosotros, otros Cristos. Uno de los grandes males de estos tiempos, las iglesias cerradas. "¿Cómo pasarlo bien sin el Sagrario? decía el P. Nieto. Yo sin Sagrario me aburro." Creo que estás aquí; me ves, me oyes. Gracias por los amigos que me has dado. Gracias por mi sacerdocio; gracias porque necesitas de mis pies y de mis manos para anunciarte.


18.- Nuestra mayor felicidad consiste en aumentar el conocimiento y amor de Jesucristo en cada alma rescatada con su sangre. Dolor nos causa ver cuántos están lejos de Dios y sobre todo almas encomendadas en cierto sentido a nuestro cuidado. ¿Verdad que es terrible? La responsabilidad y sobre todo pensar que el Ser digno de todo amor no es amado a pesar de que se hizo hombre, dio su vida por salvarnos y se quedó en el Sagrario.
Qué alegría tuvieron que tener el cura de Ars, el Padre Nieto y tantos sacerdotes santos al ver cómo con su colaboración muchas almas amaban a Jesucristo, y muchos pecadores se arrepentían.
¡Que Jesús nos ayude a sintonizar con los sentimientos que tuvo en la Ultima Cena, en su vida entera!

18.- Ser amigos íntimos de Jesús. Nuestra mayor ilusión ha de ser aumentar el conocimiento y amor a Jesucristo en cada una de las almas. Y para poder conmover a las almas es necesario estar íntimamente unidos a Aquel que es la fuente de todo bien y de todo amor.
Si estamos así, seremos instrumentos maravillosos en las manos de Jesucristo para su misión, como lo fueron el Cura de Ars, Nieto y tantos y tantos santos que nos han precedido. Olvidarnos del todo de nosotros mismos y vivir por completo en el misterio de Dios. Dios se complace en elevar a sus más fieles servidores ala más íntima unión con El. Y desde esa unión es desde donde se puede ser verdadero apóstol.

19.- Atráenos, Señor, perdona nuestros pecados; queremos estar contigo. Recordamos ahora el discurso del Papa en Fátima en la beatificación de los dos pastorcitos, Francisco y Jacinta. Recordamos aquel ángel que se apareció a los niños: "No temáis, soy el Ángel de la paz. Era más brillante que el cristal iluminado por el sol. Inclinamos nuestras frentes hacia el suelo para adorar al Señor en la Eucaristía. Ofrecemos nuestra oración y sacrificios. En la tercera aparición traía el ángel un cáliz, y encima la sagrada Eucaristía. Adoramos al Señor y le ofrecemos el Cuerpo y la Sangre de Cristo en reparación de los ultrajes y sacrilegios; en reparación de tanta indiferencia con que hoy se trata la Eucaristía. "Toma el cuerpo y la sangre de Cristo y consolad a vuestro Dios".



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