(Juan Rubio y Antonio Pelayo, en Vida Nueva).- María Jesús Figa López-Palop vive sus últimas semanas en el Palazzo di Spagna. A la espera de la llegada de Eduardo Gutiérrez, su sucesor como embajador de España ante la Santa Sede, ya ha sido nombrada embajadora en Helsinki, adonde se trasladará a mitad de mayo. Son días de despedidas oficiales y personales, de recogida de papeles, de mudanzas.
Días, por lo tanto, agridulces, porque, por una parte, se recogen los frutos de un trabajo bien hecho ("Muy bien hecho", nos subraya un diplomático vaticano) y de la amistad sembrada con generosidad. Pero por otra parte se rompe una continuidad que hubiera sido, sin duda, también muy fructuosa.
La embajadora se va, por lo tanto, bien abrigada por el calor con el que está siendo despedida y aureolada por la casi milagrosa luminosidad de la ciudad de Roma. Calor y luz que le serán muy necesarios en su próximo destino.
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