Esas son las palabras con las que comienza el conocido canto mariano pascual. Dentro de las antífonas a la Virgen más importantes, es normal que los compositores le dedicasen su atención. El ejemplo que te traigo hoy no puede ser más hipnótico por la propia música en sí, debida a un compositor que podemos decir que es nuestro por su vinculación con un monarca español.
Dicho compositor no es otro que Nicolas Gombert (c1495-c1560), compositor de la escuela franco-flamenca, nacido probablemente en La Gorgue. Es también probable que estudiase con Josquin Desprez. En 1526 era cantor de la capilla musical del emperador Carlos V y posiblemente también compuso para él. Con la capilla imperial tuvo oportunidad de viajar por diversos países europeos, incluido España. Fue condenado por pederastia y parece ser que terminó sus días como canónigo de la catedral de Tournai.
Su estilo es severo, continuando con la estela dejada por Pierre de la Rue, e incluso mirando hacia Johannes Ockeghem. Quizá sea uno de los mejores representantes de la escuela entre Josquin y Palestrina, llevando la polifonía a una de las más altas cotas. Junto con Willaert y Clemens non Papa destaca por su colección de motetes.
Muchas de las obras de Gombert son para un número inusualmente grande de voces. No se trata de obras policorales al estilo de las venecianas de Gabrieli. Se trata de composiciones en las que habitualmente subgrupos de voces van tomando papel principal en la obra, consiguiendo una textura inusualmente bella, destacando por su majestuosidad, su severidad pero también por su luminosidad.
Una de ellas es este Regina caeli, a 12 voces. Es un prodigio de polifonía, escrita para engrandecer la devoción a la Virgen, consiguiendo una sonoridad sorprendente. Aquí tienes esta antífona interpretada por el conjunto Huelgas Ensemble, dirigido por Paul Van Nevel.