CARTA DE PENTECOSTÉS, 2011

CARTA DE PENTECOSTÉS, 2011

ENVÍA, SEÑOR, TU ESPÍRITU SANTO

“ENTONCES EL SEÑOR DIOS FORMÓ AL HOMBRE CON POLVO DEL SUELO, E INSUFLÓ EN SUS NARICES ALIENTO DE VIDA, Y RESULTÓ EL HOMBRE UN SER VIVIENTE” (Gn 2,7).

Señor, Tú conoces nuestro barro, el riesgo de nuestra fragilidad, envíanos tu Espíritu Santo para que siempre podamos comenzar de nuevo.
“SI, PUES, VOSOTROS, SIENDO MALOS, SABÉIS DAR COSAS BUENAS A VUESTROS HIJOS, ¡CUÁNTO MÁS EL PADRE DEL CIELO DARÁ EL ESPÍRITU SANTO A LOS QUE SE LO PIDAN!” (Lc 11, 13).

Señor, Tú has prometido el don del Espíritu Santo a los que lo piden, pero no podremos orar de manera correcta si no nos lo envías. Señor, envíanos tu Espíritu.

“NOSOTROS SOMOS TESTIGOS DE ESTAS COSAS, Y TAMBIÉN EL ESPÍRITU SANTO QUE HA DADO DIOS A LOS QUE LE OBEDECEN” (Act 5, 32).

Señor, que infundes tu Espíritu Santo en quienes obedecen y cumplen la voluntad de tu Padre, haznos dóciles al querer de Dios, a sus inspiraciones; mas para ello necesitamos el don de tu Espíritu. Señor, envíanos tu Espíritu Santo.

“SI ME AMÁIS, GUARDARÉIS MIS MANDAMIENTOS; Y YO PEDIRÉ AL PADRE Y OS DARÁ OTRO PARÁCLITO, PARA QUE ESTÉ CON VOSOTROS PARA SIEMPRE” (Jn 14, 15-17).

Señor, que amas a los que cumplen tus mandatos y prometes habitar en ellos, sin tu Espíritu no podemos actuar como conviene. Danos tu Espíritu Santo, y que Él actúe en nosotros, a través nuestro, y nos convirtamos en mediación de tu amor.

“EL ESPÍRITU SANTO OS ENSEÑARÁ EN AQUEL MISMO MOMENTO LO QUE CONVIENE DECIR” (Lc 12, 12)

Señor, hay veces que nos asalta el temor porque adelantamos acontecimientos. Concédenos tu Espíritu para que vivamos cada momento de la vida con confianza. Señor, envíanos tu Espíritu Santo.

OS CONVIENE QUE YO ME VAYA; PORQUE SI NO ME VOY, NO VENDRÁ A VOSOTROS EL PARÁCLITO; PERO SI ME VOY, OS LO ENVIARÉ (Jn 16, 7)

Señor, se sufre muy mal la ausencia, la oscuridad, el abismo de la soledad. Si debemos asumir el despojo del sentimiento de tu presencia para, desde el vacío, acoger tu Espíritu, no tardes en enviarnos tu Espíritu Santo Consolador.

EL ESPÍRITU VIENE EN AYUDA DE NUESTRA FLAQUEZA (Rm 8, 26).

Señor, derrama sobre nosotros los dones de tu Espíritu Santo, el don de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, como alivio de nuestra debilidad.
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