«Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». II Lunes de Cuaresma

II Lunes de Cuaresma
II Lunes de Cuaresma

Jesús misericordioso

II Lunes de Cuaresma

(Daniel, 9,4b-10; Salmo 78; Lucas 6,36-38) 

Texto bíblico 

“Mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él.” (Dn 9,9) “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros»” (Lc 6, 36-38). 

Tiempo de Misericordia 

La parábola del llamado “criado inicuo” narra el escándalo que fue ver a quien se le había perdonado una deuda que de no saldarla conllevaba pena de cárcel, exigir un pago con violencia a un compañero que le debía una pequeña cantidad. La Cuaresma tiene un icono de referencia: la Cruz del Señor, el Crucificado. Si uno se sabe redimido en esa Cruz y por amor, le nacerán los sentimientos evangélicos de la misericordia y del perdón. 

Jesús, misericordioso 

El papa Francisco nos propone constantemente la referencia a la misericordia, como dimensión esencial del cristiano. Y recurre a la escena en la que se ve a Jesús agachado y a la mujer pecadora, de pie, a quien le dice: “«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno.” (Jn 8,10-11) Si hay un autorretrato de Jesús en los Evangelios lo encontramos en las parábolas del “Buena Pastor”, del “Hijo pródigo” y de “La dracma perdida”.  Su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas” (Lc 15,20). En ellas Jesús se muestra entrañable. 

Propuesta 

“Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»” (Jn 20,26-28).

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