III VIERNES DE PASCUA . Invitados a la intimidad

“EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE HABITA EN MÍ Y YO EN ÉL”.
En el prólogo del Evangelio de San Juan, leemos: “A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1, 18).
Sorprende que a la hora de la Cena, Jesús se comunique en la mayor intimidad con quien está recostado sobre su pecho, a la manera de como describe el Evangelio que está el Hijo en el seno del Padre. El discípulo amado representa la máxima intimidad con Jesús.
Por las palabras del discurso del “Pan de Vida”, se comprende que la relación del Hijo amado con el Padre, al igual que la del Discípulo amado con Jesús, se establecen cuando se participa de la mesa del Señor, al tomar el pan santo: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en Él”.
No alcanzamos a comprender el grado de unión que se realiza cuando comulgamos, pero los santos, los que han tenido la gracia de sentir lo que acontece, nos han descrito la relación amorosa que se establece con Jesucristo, cuando se participa de la mesa del Señor. “A otras personas será por otra forma, a ésta de quien hablamos, se le representó el Señor, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, como después de resucitado, y le dijo que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y El tendría cuidado de las suyas, y otras palabras que son más para sentir que para decir” (SANTA TERESA, Moradas VII, 2, 1).
La Eucaristía, para que gustemos cuanto en ella se contiene, exige la fe. Sucede como en la mañana de Pascua, que para ver a Cristo resucitado era necesaria la mirada creyente. Quien se alimenta del Pan vivo, que nos da Jesús, se alimenta de vida eterna, y participa de la vida de Dios.
DISCERNIMIENTO
¿Valoras el privilegio que significa poder participar de la mesa del Señor? ¿Eres consciente de lo que supone comulgar? ¿Tienes alguna experiencia de unión con Dios, al haber comulgado?
TESTIMONIO
La realidad sacramental es más cierta que la posible visión mística. “Por cierto que pienso que si nos llegásemos al Santísimo Sacramento con gran fe y amor, que de una vez bastase para dejarnos ricas, ¡cuánto más de tantas!; sino que no parece sino cumplimiento el llegarnos a El y así nos luce tan poco”. (SANTA TERESA, Concepto de Amor de Dios, 3, 13).