¡Señor mío y Dios mío! 11 Tiempo de Pascua

11 Tiempo de Pascua
11 Tiempo de Pascua

Oración-confesión

Confesión 

Texto evangélico 

“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».”

“Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: « Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».” (Jn 20, 21-28) 

Respuesta 

Perdón, Jesús, por mis dudas, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por mi increencia, ¡Señor mío y Dios mío”

Perdón, Jesús, por mi escepticismo, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por exigir señales de tu presencia, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por ahondar en lo que más te duele, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por resistirme al testimonio de otros, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por mis momentos desesperanzados, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por mi individualismo introvertido, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por mis tristezas, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por mis pecados, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por las veces que te confieso sin coherencia, ¡Señor mío y Dios mío!

Perdón, Jesús, por no ser testigo de tu resurrección, ¡Señor mío y Dios mío! 

Agradecimiento 

Gracias, Señor, por dejarme sentir tu misericordia.

Gracias, Señor, por las veces que he recibido tu perdón.

Gracias, Señor, por mostrarme en mis heridas las tuyas.

Gracias, Señor, por mostrarte humano.

Gracias, Señor, por dejarme sentir tu presencia en el dolor de muchos.

Gracias, Señor, por la paciencia que me demuestras al hablarme en mi lenguaje.

Déjame percibirte en las horas más recias.

Déjame sentir tu presencia al palpar las heridas de tantos.

Déjame confesarte Señor mío y Dios mío, aunque esta confesión no corresponda con mi vida.

Volver arriba