El Infierno de Dante, en el 7º centenario de la muerte del poeta El aterrador paisaje que cautivó a Botticelli, Blake, Delacroix o Dalí

Dante y Virgilio avanzan, como en un cómic, por los círculos del Infierno según S. Botticelli
Dante y Virgilio avanzan, como en un cómic, por los círculos del Infierno según S. Botticelli

Lo que ha hecho tradicionalmente más cautivador el Infierno de Dante que su Paraíso, por paradójico que sea, es la estremecedora precisión con la que el poeta lo describe. Añorando los placeres perdidos, aullando sus importantes castigos, los condenados padecen lo que el libro denomina “la pena del Talión”

En la Florencia de los Mèdici se celebraba su obra, leyéndose en alto en las reuniones sociales o recomendándose su lectura a los estudiantes. La popularización del pensamiento neoplatónico, que conectaba lo pagano y lo cristiano, volvió la vista a la Comedia a la que Bocaccio había apodado “Divina”

Si en tiempos de Botticelli se recitaba de memoria a Dante y a Petrarca, en el de Blake, entre los siglos XVIII y XIX, se redescubría a Dante y a Boticelli

Un fuego que funde, una condena que duele. Este paisaje de temblores, ruegos y crujir de huesos, fruto de la imaginación de Dante Alighieri, constituye el Infierno (formado por múltiples círculos) en el que quedan confinados los pecadores, mientras el Paraíso se reserva a los justos. No se trata de la Biblia, sino de la Divina Comedia, el poema de Dante, quien cumple 700 años de su defunción, y al que el Papa se ha referido recientemente, celebrando su valor universal. Y es que en la experiencia de Dante, que se sitúa protagonista de su Comedia, se encuentra una mirada tal vez común a toda persona o al menos a todo poeta: la que considera el amor (en este caso, el que siente por Beatrice) una ascensión a la plenitud; la que desciende a los infiernos y necesita una guía… y la que busca a Dios en las palabras.

Infierno, la pena del Talión

Lo que ha hecho tradicionalmente más cautivador el Infierno de Dante que su Paraíso, por paradójico que sea, es la estremecedora precisión con la que el poeta lo describe. Añorando los placeres perdidos, aullando sus importantes castigos, los condenados padecen lo que el libro denomina “la pena del Talión”. Una suerte de ojo por ojo, justicia poética o ley del boomerang: cada uno recibe una pena metafóricamente similar a sus pecados, pero agravada en su intensidad, al menos a ojos de un lector compasivo.

Dante retratado por Botticelli. Detalle
Dante retratado por Botticelli. Detalle

“No sabré decir fijamente cómo entré allí”, dice Dante en el Canto Primero, describiéndose en la boca del Infierno. Nombra “el miedo que había permanecido en el lago de mi corazón” y el “terror humano” que debe enfrentar en su descenso, como le advierte Virgilio, junto a él. Visitando primero a los “ignavos”, “los ruines”, acceden a continuación al Limbo, donde se encuentran los no bautizados: niños inocentes y “paganos virtuosos”. Ellos solamente suspiran, sumidos en una “pena sin tormento”. Pero, al dejar ese primer círculo del Infierno, Dante empezará a darse de bruces con “espíritus apiñados”.

En el segundo círculo penan los “incontinentes”, “lujuriosos” como Paris y Helena o Cleopatra. En el tercero, los glotones, “anegados en el cieno” como cerdos. En el cuarto, Virgilio reflexiona frente a los avaros: “Todo el oro que existe bajo la luna, y todo el que ha existido, no puede dar un momento de reposo a una sola de esas almas fatigadas”. En el quinto el poeta clásico muestra a Dante “los profundos fosos” de “los irascibles”, en el sexto se encuentran los herejes, por ejemplo “Epicuro y todos sus sectarios, que pretenden que el alma muere con el cuerpo”…

A partir del séptimo, la arquitectura infernal se vuelve todavía más compleja, puesto que los círculos empiezan a subdividirse en recintos. Los violentos contra el prójimo impresionan por su animalización: se han vuelto brutales, “como Arpías subidas en los árboles”; en el siguiente recinto se encuentran los violentos “contra sí mismos” (los suicidas), en una “selva dolorosa”, y a continuación los “violentos contra Dios” (entre ellos, prostitutas), los “violentos contra la naturaleza” (recinto al que van a parar los “sodomitas”) y los “violentos contra el arte”.

El Papa recuerda a Dante como "un profeta de la esperanza"
El Papa recuerda a Dante como "un profeta de la esperanza"

Dividido en diez fosos, el octavo círculo es el destino de los “seductores” (como Jasón, “la venganza de Medea”), los aduladores (la corrupción de su lengua es su castigo), los simoníacos (por ejemplo, el Papa Nicolás III), los hipócritas (Caifás), los ladrones, con serpientes comiéndose sus riñones y “lágrimas de incienso”, así como cizañeros, falsarios, calumniadores y “los sembradores de discordia” en general. Sin olvidar el noveno círculo, antesala del Purgatorio, en el que el poema hunde a los traidores: los que traicionaron “a sus parientes”, “a su patria” o “a su bienhechor”, entre los que destaca Judas Iscariote.

Poema-musa de artistas

Poco más de un siglo después de que Dante escribiera su Comedia (en el Trecento), Pierfrancesco de Mèdici, primo de Lorenzo el Magnífico, encargó a Sandro Botticelli que ilustrara el poema. Es curioso que, pese a que Dante fue expatriado por esta publicación (se convirtió en uno de esos “traidores a su patria” que había imaginado), ya en la Florencia de los Mèdici se celebraba su obra, leyéndose en alto en las reuniones sociales o recomendándose su lectura a los estudiantes. La popularización del pensamiento neoplatónico, que conectaba lo pagano y lo cristiano, volvió la vista a la Comedia a la que Bocaccio había apodado “Divina”, admirando su cruda descripción de las mejores aspiraciones y las peores bajezas de los hombres. Esa “doble naturaleza humana” de la que hablaba Ficino.

La Divina Comedia ilustrada por W. Blake
La Divina Comedia ilustrada por W. Blake

Ese amor al conocimiento y apertura cultural desaparecerían bajo el posterior gobierno teocrático del monje Savonarola, a partir de 1494. Pero el caso es que Botticelli fue pionero en el desafío de representar en imágenes el Infierno descrito por Dante, y lo hizo dibujando a punta de plata sobre pergamino de piel de oveja. Coloreando con tintas azules (la vestimenta de Virgilio), rojas (la de Dante), marrones… Sus ilustraciones se conservan hoy en día entre Berlín y el propio Vaticano (la Biblioteca). Lo verdaderamente revolucionario de cómo cumplió Botticelli su encargo es que no incluyó texto alguno bajo los dibujos, gesto de la tradición miniaturista medieval que los pintores de la época todavía mantenían.

No es coincidencia que otro de los pintores que han destacado por su interés en la representación del universo dantesco sea William Blake, el también poeta del Romanticismo inglés. Si en tiempos de Botticelli se recitaba de memoria a Dante y a Petrarca, en el de Blake, entre los siglos XVIII y XIX, se redescubría a Dante y a Boticelli. En la obra de Blake, no importa tanto si el Monte Purgatorio tiene siete terrazas o seis, el Infierno ocho o nueve círculos. De lo que se trata es de transmitir la búsqueda espiritual que se experimenta en el poema. Por eso las figuras de sus dibujos y grabados están presentes, pero parecen intangibles, flotantes: no se reducen a su materialidad.

"La barca de Dante", E. Delacroix
"La barca de Dante", E. Delacroix

Por su parte, en 1822, en Francia, Eugène Delacroix terminaba la primera obra de su carrera, el cuadro La barca de Dante. En él aparecen Dante y Virgilio cruzando la Laguna Estigia. Se dice que en los salones, Delacroix disfrutaba más de la compañía de los poetas que de los pintores. Tras una infancia dura y muchos "viajes de renovación" para encontrarse a sí mismo, el artista se compró una casa en un entorno boscoso y le escribió a aquella escritora que firmaba George Sand para poder publicar: "Libertad es ir y venir en paz".

Por último, ya en el siglo XX de nuevo no sorprende que Salvador Dalí acometiese su propia versión del Infierno, creando cientos de xilografías, dibujos y acuarelas sobre la Comedia de Dante. Obsesionado por fenómenos materiales como todo lo óptico tanto como por “la capacidad paranoica del pensamiento”, quedó fascinado con ese mapa imaginario, igual que con el Quijote de Cervantes, el Decamerón de Bocaccio, el Macbeth de Shakespeare o la Biblia, obras a las que también dedicó ilustraciones.

Dante en el Infierno de S. Dalí
Dante en el Infierno de S. Dalí

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