ASCENSIÓN DEL SEÑOR (17.05.2015)

Introducción:Después de hablarles ascendió al cielo” (Mc 16,15-20)
Leemos parte del final añadido al evangelio de Marcos (16, 9-20) en la primera mitad del s. II. Se creía la más antigua “armonía evangélica”, recopilación de los otros evangelios (vv. 9-10: Jn 20,11-18; vv. 12-13: Lc 24,13-35; vv. 14-15: Lc 24,36-49; v. 15: Mt 28,18-20; v. 19: Lc 24,50-53). El biblista francés, J. Hug, sostiene que no se trata de una recopilación, sino de un escrito original, un “documento de la misión cristiana en un medio helenista, en la vertiente de siglo o en el primer tercio del s. II... Quiere ser, ante todo, una llamada urgente y masiva para acoger la palabra cristiana del evangelio y unirse al grupo de los creyentes” (J. HUG, La finale de l´évangile de Marc (Mc 16,9-20), tesis doctoral defendida en 1974 en la Facultad de teología de París-Sèvres. Ver: A. G. y P. Grelot: Introducción crítica al Nuevo Testamento I, p. 295. Herder. Barcelona 1983).

La Iglesia acepta este final como “evangelio” inspirado
Aunque sea un “añadido” a Marcos, confiesa la fe de la Iglesia del s. II sobre apariciones, misión universal y ascensión al cielo. Los cinco versículos que leemos pertenecen a la aparición “a los Once: estando ellos a la mesa, les echó en cara su incredulidad y su terquedad en no creer a los que le habían visto resucitado” (16, 14). Recordando el amor y la bondad sin límites de Jesús, y su esfuerzo por crear la comunidad que el Padre Dios quiere, es lógico que imaginen a Jesús dolido por su negativa terca a aceptar su vida resucitada.

En la reunión-aparición perciben su voluntad
Recordando sus palabras y gestos, perciben su clara voluntad: “id al mundo entero y proclamad el Evangelio...”. Es el mandato misionero: invitad a todos al reino de verdad y justicia, de paz y vida, de libertad y amor. Todos son “elegidos en Cristo para andar en el amor” (Ef 1,4). A todos hay que hacer llegar “la Buena Noticia”: la intervención divina en Jesús. En él se realiza el hombre: el Padre quiere nuestro bien, acompaña y apoya la inteligencia y la libertad para realizar un mundo fraterno, de vida para todos. Pide confianza en la vida de su Hijo, entregada por amor hasta la muerte. “Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado” (Jn 6,29).

El que crea y se bautice, se salvará...”. Creer en el Reino, trabajar por él, es la voluntad palmaria de Dios. Desde el evangelio, lo más importante y decisivo es hacer realidad el reino, aunque no se tenga claro el reconocimiento de Jesús (Mt 25,31-46). Lo normal es que la palabra y la vida de Jesús provoquen la fe en su persona y en su proyecto vital. Esa fe la expresamos en el bautismo del Espíritu. Así somos explícita y conscientemente su Pueblo, miembros de su Cuerpo, animados por su mismo Espíritu, corresponsables de su misión, contribuyendo con los dones recibidos. Ahora vivimos en camino de salvación, de realización, de humanización. “Al pasar de esta vida al Padre”, como Jesús, llegará para todos la “utopía realizada”, la perfección que desborda espacio y tiempo.

El que se resista a creer, será condenado”.
Si Dios es amor, “creemos que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien al misterio pascual” (GS 22). Vive inhumanamente quien rechaza vivir en amor, no se realiza, no salva su vida, sino que la arruina y condena. No hay que pensar en odio y venganza de ultratumba, fruto de nuestra imaginación. Dios-Amor no odia, ni se venga. Dios ofrece su gracia, su amor eterno. No aceptar el amor es vida inhumana siempre. “La muerte es la paga del pecado (vida inhumana), mientras que vida eterna es el don que nos hace Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 6,23). Inhumano es forzarla. Por eso Dios la ofrece a nuestra libertad. ¿Habrá alguien que no acepte conscientemente el Amor verdadero? Creo que no.

El Señor Jesús... ascendió al cielo...”. Es un aspecto de la resurrección: “glorificado en el cielo” (1 Tim 3,16), “fue a sentarse a la derecha del trono de Dios en los cielos” (Hebr 1,3; Salmo 110,1). “Es ya nuestra victoria..., nos ha precedido como cabeza de la Iglesia...” (oración colecta).

Oración:Después de hablarles ascendió al cielo” (Mc 16,15-20)

Jesús glorificado:
Celebramos hoy tu plena realización en las manos del Padre.
En tu ascensión a la vida resucitada, definitiva, eterna, descubrimos:
- que Dios es “Dios de vivos ”, “el que resucita a los muertos ”;
- que Tú eres “el primogénito de los muertos” (Ap 1,5);
[Excursus. “Primogénito”: no en el tiempo, sino en perfección y prestancia, quien revela de modo definitivo en su persona el proyecto divino, se hace prototipo fundante y “pionero de la vida” (He 3, 15: iniciador o inaugurador de la vida, jefe, guía de la vida, que lleva a la vida, protector que salva). En He 5,31 leemos: “a Ése lo elevó Dios a su derecha como Príncipe y Salvador, para darle a Israel el arrepentimiento y el perdón de los pecados”. Hebr 2,10 aclara también: “Pues a aquel (Dios) para quien es y por quien existe el universo, si quería llevar muchos hijos a la gloria le convenía perfeccionar, a través de padecimientos, al que iba a abrirles el camino de la salvación”. Corramos constantes en la competición que se nos propone “fija la mirada en quien abre el camino de la fe y la perfecciona, Jesús, que ante la dicha que se le proponía, soportó la cruz, sin hacer caso de la ignominia, y está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebr 12, 2)] .

- que “ni vida ni muerte nos puede separar del amor divino manifestado en Ti” (Rm 8,38-39);
- que es tal tu vinculación con nosotros que Pablo ha proclamado:
si los muertos no resucitan, tampoco Cristo has resucitado” (1Cor 15,16).

Tu vida, como la nuestra, no se rompe con la muerte, sino que es glorificada;
- personalmente la misma, pero florecida en plenitud;
- “ni siquiera un vaso de agua quedará sin recompensa” (Mt 10,42);
- “los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad,
es decir: todos estos frutos buenos de la naturaleza y del esfuerzo nuestro,
propagados por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato,
de nuevo los encontraremos, limpios de toda inmundicia, iluminados y transformados,
cuando Cristo devuelva al Padre el reino eterno y universal...
Aquí el reino ya está presente misteriosamente;
cuando el Señor venga se consumará” (GS 39).

Jesús resucitado:
ignoramos cómo Dios “limpia, ilumina y transforma”.
La dignidad humana, la unión fraterna y la libertad son valores auténticos,
que dan sentido y solidez a nuestra vida y a toda la creación.
Pasa la figura de este mundo deformada por el pecado;
este mundo será transformado en reino de Dios.
El esfuerzo por hacer avanzar la dignidad humana,
la unión fraterna y la libertad, es un esfuerzo que permanece;
- esfuerzo que es progreso en el bienestar humano;
- esfuerzo que es mejor conocimiento de la naturaleza;
- esfuerzo que ordena y realiza el trabajo humanamente;
- esfuerzo que sienta a todos en la mesa de la fraternidad.

Nos pides que “propaguemos estos valores en el Espíritu del Señor”:
- Espíritu que guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra,
y está presente en esta evolución (GS 26).
- Espíritu que tú habías recibido sin medida y das a los tuyos (Jn 3,34; 20,22);
- Espíritu, “prenda de la herencia”, cuyas primicias hemos recibido;
- Espíritu que nos capacita para vivir en amor de hijos y hermanos;
- Espíritu que nos restaura internamente hasta “la redención del cuerpo” (Ef 1,14; Rm 8,23; 8,1-11).

Cristo ascendido a la gloria del Padre:
danos a sentir tu esperanza que mueve al trabajo por la vida verdadera;
- al desarrollo de nuestros “talentos”, revestidos de la gloria de tu amor;
- al crecimiento de tu amor fiel y entregado día a día;
- al recuerdo de tu vida cercana y comprometida con los más débiles;
- a liberar del hambre, la enfermedad, la incultura, la esclavitud;
- a echar demonios en tu nombre y hablar lenguas que todos entiendan;
- a hermanarnos con la humanidad y la naturaleza.

Rufo González
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