Preces de los Fieles (D 21º TO C 25.08.2013)

Jesús, Palabra educada y educadora en el Amor del Padre

Ponemos ante el Padre Dios nuestra vida, nuestros deseos, nuestros problemas, nuestras limitaciones. Estamos convencidos de que nuestro Dios, el Padre de Jesús, “dialoga con nosotros como hijos”. Es así como educa nuestra vida conforme con su “Palabra, hecha carne, Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad
” (Jn 1,14).
Pidamos hoy perseverar en su educación, diciendo: danos un corazón como el tuyo.

Por los responsables de las comunidades cristianas.
Que tengan "fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús";
y puedan así educar y servir a sus comunidades, amando como el Padre nos ama.
Roguemos al Señor: danos un corazón como el tuyo, Señor.

Por los gobernantes de los pueblos, especialmente por los que padecen terrorismo,
enfrentamientos violentos, enemistades profundas.
Que surjan personas con carisma de reconciliación, encuentren caminos de concordia,
sean escuchados y ayudados por todos.
Roguemos al Señor: danos un corazón como el tuyo, Señor.

Por las víctimas de la violencia física o moral.
Que sientan en su corazón el Amor del Padre creador y vivificador,
Amor que siempre acompaña,
Amor que oye sus gritos de dolor y miseria,
Amor que “ataca como una osa cuando le arrebatan sus cachorros”.
Roguemos al Señor: danos un corazón como el tuyo, Señor.

Por la educación cristiana de nuestros pueblos.
Que perseveremos en el diálogo “con quien sabemos que nos ama”;
asimilando su evangelio, su vida, su cruz, su resurrección;
oyendo su voz en nuestra vida, en nuestros deseos, en las personas que nos rodean,
en las situaciones que nos envuelven y a veces nos desbordan...
Roguemos al Señor: danos un corazón como el tuyo, Señor.

Por quienes estamos celebrando ahora la Cena del Señor.
Que sintamos el Amor educado y educador de Jesús;
Amor que urge a realizar los derechos y deberes humanos;
Amor que nos hace cercanos y solidarios con toda humanidad;
Amor que nos compromete a pedir y actuar para que venga a nosotros el Reino.
Roguemos al Señor: danos un corazón como el tuyo, Señor.

Acepta, Señor, nuestra plegaria. Preocúpanos y ocúpanos con tu educación, Señor. Que nuestra vida sienta tus reproches amorosos y queramos siempre seguir los impulsos de tu Espíritu, que en la unidad del Padre vive contigo por los siglos de los siglos.
Amén.

Rufo González
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