Arte adivinatorio ¿El libro chino I Ching es un libro de adivinación?

El I Ching es a la vez un libro puramente sapiencial, y un libro de práctica adivinatoria.

Confucio decía: «Si me fuera posible prolongar mi vida unos años, pediría cincuenta más para poder estudiar el I Ching y librarme así de mis muchos errores».

El I Ching nos hace partícipes y responsables de la evolución de nuestro destino, nos da plena libertad en el desarrollo de los acontecimientos y, cuando responde a nuestras preguntas, simplemente nos habla del modo de actuar que sería el más aconsejable y conveniente para nosotros en la situación en la que nos encontramos.

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 El I Ching, Yijing o I King es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos. El término I Ching significa ‘libro de las mutaciones’. El I Ching es a la vez un libro puramente sapiencial, y un libro de práctica adivinatoria. Como sapiencial es una fuente de sabiduría de la vida. Como oráculo es la herramienta para hallar la armonía, una brújula para la orientación correcta. El principio fundamental del I Ching es que «lo inmutable es la mutación». El mundo está en un perpetuo cambio y esta complejidad tan absoluta genera una cantidad infinita de posibilidades.
El I Ching no adivina, deduce, saca conclusiones
Sus respuestas son el resultado natural de una observación que abarca el tiempo, el tipo de situación y también a la persona que solicita la respuesta. Nada queda excluido; y es en estas circunstancias donde es posible entender el I Ching. Todo esto es bastante diferente de lo que solemos pensar normalmente. De hecho, para nosotros, el futuro es una cosa lejana, tan completamente apartada de nuestro tiempo y de nuestro espacio, que el mero pensamiento de formar parte de él nos parece absurdo. Si se adivina es sólo por casualidad: el mañana es algo lejano, oscuro, impenetrable. Sólo nos queda la opción de decir que las cosas deberían ser de cierta manera, pero admitiendo que las cosas bien podrían suceder de modo diferente. Para la mentalidad china, tal y como se expresa en el ´I Ching, esto no es así. Para ella, un instante cualquiera, por ejemplo este momento, comprende el conjunto de la situación, incluyendo el más mínimo detalle. Este instante es el que comprende la situación general del momento. Por lo tanto, si yo ahora mismo lanzo las monedas, que es la manera habitual de practicar este método, su resultado pertenece al conjunto de la situación, forma parte de ella, se ajusta a ella, y no sólo en el tiempo, sino también en las condiciones. Es decir, el resultado es una muestra del momento global en el que lo obtengo, porque le pertenece, como un fragmento de roca pertenece al bloque del que ha sido extraída. Además, existe una estrecha interdependencia entre los acontecimientos y la persona que los observa; cada uno es parte integrante, participa del momento, en vez de observarlo desde fuera. En ese pequeño, pero completo, mundo que el instante reproduce, también existe el observador.
Los resultados serán solamente aquellos que deben ser en esa situación particular dada
Hasta aquí, está claro que si yo lanzo las monedas y para cada resultado establezco un signo convencional cualquiera, y cada signo se corresponde con una respuesta-situación, los resultados me determinarán la situación misma, única y exclusivamente esa situación, porque es a la que se pertenece en tiempo y características. La situación sólo admite ese resultado, y el resultado no puede ser más que una parte de esa situación, en la que la persona puede actuar de un modo determinante.
Para el I Ching, el ser humano puede intervenir en la formación de su destino

Mientras que las cosas se estén haciendo aún pueden ser dirigidas. Siempre queda una esperanza que nace de actuar, de intervenir, frente a una espera inerte e impotente. Confucio decía: «Si me fuera posible prolongar mi vida unos años, pediría cincuenta más para poder estudiar el I Ching y librarme así de mis muchos errores». Quien desee una respuesta concreta, con datos relativos al espacio y al tiempo, y espera sentado pasivamente con las manos cruzadas a que los acontecimientos se cumplan, se habrá equivocado, pues éste no es en absoluto el modo de proceder del I Ching. Él nos hace partícipes y responsables de la evolución de nuestro destino, nos da plena libertad en el desarrollo de los acontecimientos y, cuando responde a nuestras preguntas, simplemente nos habla del modo de actuar que sería el más aconsejable y conveniente para nosotros en la situación en la que nos encontramos.
La tarea de interpretación requiere una buena dosis de intuición
El método tradicional de seleccionar un hexagrama es complejo, ya que intervienen cincuenta varillas secas de milenrama, aunque los adivinadores chinos desarrollaron una técnica más sencilla en la que se usan tres monedas. Y un método aún más sencillo consiste en usar un dado. Para obtener un hexagrama y consultar la sabiduría del IChing usando un dado, se procede de la siguiente manera: 1. Se formula la pregunta sobre una situación y cómo se resolvería mejor; 2. Se arroja un dado seis veces y se mira cada número que ha salido en una columna vertical, colocando el primero abajo y el último arriba; 3. Se traza una línea al lado de cada número, discontinua para los pares y continua para los impares; 4. Las tres líneas superiores del hexagrama representan el triagrama superior; 5. Se busca el triagrama salido entre los ocho triagramas superiores del I Ching; y, finalmente, 6. Hay que intentar imaginar intuitivamente su significado en el contexto de la cuestión, y en el de la situación de que ésta surgió. Los eruditos orientales tienen el hábito de aprender de memoria todo el texto y el significado de su secuencia antes de intentar interpretar los hexagramas.
El Chi o energía vital, esta asociado a modelos numéricos
Los sabios chinos basándose en sus estudios del Yin y Yang, descubrieron que el Chi y en consecuencia los patrones de la naturaleza podían interpretarse a través de estos modelos. De esta manera basándose en la numerología china desarrollaron teorías que utilizan disposiciones de los números de acuerdo a las orientaciones, posiciones, formaciones naturales y personas. La numerología china tiene su origen en el pasado milenario de la china donde se sufría de tiempos inclementes y constantes inundaciones. Los aldeanos se vieron en la necesidad de aprender a interpretar los patrones de la naturaleza para lograr sobrevivir. Una leyenda muy difundida cuenta que un sabio chamán llamado Fu Xi, experto en interpretar los ciclos de la naturaleza vio emerger de las aguas del río amarillo un caballo con cabeza de dragón con una serie de puntos blancos y negros en su costado. Fu Xi plasmó esta imagen para la posteridad en un cuadrado conocido en el feng shui como He Tu o Mapa del Río. Si observamos los puntos de cada línea veremos que todos los puntos son números del 1 al 9 con el 5 en el centro. Muchos siglos después otra leyenda cuenta que otro Chaman XiaYu vio emerger de las aguas una tortuga también con una serie de puntos en su costado que trascribió para la posteridad como LuoShu o Mapa del Agua. Las marcas del caballo y de la tortuga se interpretaron como designios de los principios que gobiernan los patrones de la naturaleza. Las marcas de la tortuga fueron trasladadas a una tabla que hoy es célebremente conocida como el Cuadrado Numerológico Chino o Cuadrado Mágico, donde los números sumados en cualquier posición siempre dan resultado 15.
La cultura china tiene una preocupación por vivir en armonía con la naturaleza y adaptarse a ella

A nosotros los cristianos nos basta con vivir en la confianza amorosa de nuestro Padre, que quiere todo lo mejor para sus hijos. Nos basta centrarnos en la oración y cumplir con su voluntad que nos la va mostrando a través de los acontecimientos de la vida. “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y os explicará lo que ha de venir” (Jn 16, 13).

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