Un desprecio a un divorciado.

En Toledo, archidiócesis regida por Antonio Cañizares, un párroco ha tomado la decisión de prohibir a un separado que convive con una mujer, el participar activamente en la procesión de la Virgen de la Candelaria. Hasta donde tengo entendido, este señor participar podrá hacerlo, pero perdido entre la muchedumbre y sinque nadie repare en su presencia, y no como hasta ahora lo hacía participando activamente en la procesión.

Desconozco si el derecho canónico es tan exigente como para llegar hasta esto. Lo que si me parece es que el párroco tiene un grave prejuicio, y carece de excusa para la decisión que ha tomado en perjuicio de un laico que participa activamente en la vida parroquial.

Que un sacerdote incurra en un escándalo debiera intentar arreglarlo el obispo diocesano o sus auxiliares. Pero por lo que se ve Don Antonio Cañizares no piensa hacer nada. Pues muy mal. Desde luego creo que este señor al que no conozco, pero no es lo que se dice un don nadie en la gestión de sus negocios, pues al parecer es conocidísimo y de prestigio, ha sufrido una afrenta eclesial. Digo yo que a sus 49 años, este hombre pensó muy bien que le convenía separarse de su mujer, o bien la mujer separarse de él. Los motivos de su separación no han trascendido, pero supongo que las dificultades matrimoniales habrán sido insuperables o bien no merecerá la pena superarlas.

Si este señor fuera una mala persona, podría entender que el párroco lo aparte. Pero bajo la excusa de no gustarle su vida privada y llamarle pecador, lo que si demuestra este sacerdote es un desprecio por su prójimo.
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