Sin mandato del Señor


Un monseñor de la curia romana, que había estado muy próximo al papa Wojtyla , comentó a Juan Arias el siguiente caso. En Polonia un sacerdote convivía con una mujer, de la que tenía dos hijos pequeños. No pudiendo soportar más aquella situación, visitó al arzobispo Wojtyla para suplicarle que le pidiera a Roma el permiso para abandonar el sacerdocio y legitimar su unión con la mujer. Wojtyla fue tajante. Le dijo que la única solución era dejar a aquella mujer, que “no era su esposa”; que los hijos podían ingresarlos, con la ayuda económica de la diócesis, en un colegio de niños abandonados, y que él, tras un retiro espiritual, tenía que volver a su ministerio. El sacerdote, desesperado, se fue al cardenal Wyszynski . El famoso y austero cardenal prometió ayudarle. En efecto, pidió a Roma la dispensa, la obtuvo y los casó en la capilla privada de su palacio.

Es preciso decir que el Concilio Vaticano II valora el celibato sacerdotal como “fuente particular de fecundidad espiritual” y, aunque reconoce que “no se exige por la naturaleza misma del sacerdocio, como aparece por la práctica de la Iglesia primitiva y por la tradición de las Iglesias orientales”, sin embargo, confirma la legislación existente en la Iglesia latina.

Ciertamente, el celibato (asumido como imitación y seguimiento de Cristo) es una opción radical por la que el discípulo queda plenamente disponible al servicio del evangelio. Ahora bien, si Cristo confió el ministerio apostólico a hombres casados (y no casados) y los apóstoles, a su vez, hicieron lo mismo, de esa misma manera puede y debe actuar la Iglesia. Dice San Pablo , aunque manifiesta cuál es su posición personal y su preferencia: En cuanto al celibato, no tengo mandato del Señor. En cualquier caso, es fundamental que la opción sea fruto de la gracia (no de la ley) y sea claramente libre. Es cierto el proverbio: La libertad todo lo llena de luz. Y también: Donde está el espíritu del Señor, allí está la libertad.

No es posible eludirlo. El problema de los sacerdotes pederastas conmociona a la sociedad norteamericana. Con este motivo los cardenales de EE UU se han reunido con el papa. Uno de los casos más llamativos es la actuación del cardenal de Boston, Bernard Law, que consintió que siguieran en contacto con jóvenes dos sacerdotes ya condenados por la justicia, acusados de haber abusado sexualmente de centenares de niños a lo largo de 30 años de ministerio.

Si la Iglesia quiere dar seguridad a nuestros niños y jóvenes, se afirma en El País, debe evitar un tratamiento secreto del asunto intentando resolverlo de tapadillo, aconsejando resignación y comprando el silencio de las víctimas con decenas de millones de dólares. Ochocientos millones de dólares ha sido el precio pagado por desactivar una buena parte del casi millar de denuncias presentadas en EE UU contra sacerdotes pederastas.

Las reuniones mantenidas en el Vaticano han abordado la cuestión del celibato, pero la conclusión ha sido mantenerlo y reforzarlo: “La relación entre celibato y pederastia no puede mantenerse científicamente”, se dice en el comunicado final.

Sin embargo, reconoce Wilton Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal norteamericana: “El hecho de que el papa haya dicho en su discurso que la pederastia es un delito civil significa que la Iglesia asume totalmente que es el poder civil el que debe tratar este asunto”.

Jesús López Saez. El dia de la cuenta.
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