La construcción de las personas y de la comunidades humanas es inviable sin la educación en el verdadero perdón y la capacidad de reconciliación en el interior personal y en el mundo relacional. Los seguidores de Jesús tenemos en él la escuela y el camino que lleva a la paz y la justicia que nace de un interior perdonado y sanado.Hoy se necesita entrar en este sentido profundo del proceso del perdón.
No podemos silenciar la clave del perdón en la historia de la salvación, pues quedaría en nada. Los procesos de perdón y misericordia de Dios con el pueblo son marco de referencia para la construcción de la persona en el encuentro con los otros desde el Evangelio de Jesús de Nazaret. Es el milagro de saber perdonar el que nos identifica en el seguimiento del Maestro.
En estos días nuestro pueblos con sus mejores tradiciones se preparan para celebrar las fiestas de la virgen María alrededor del ocho y el quince de septiembre, con sus festividades propias, también sobresalen la fiesta de los Cristos el día catorce en solemnidad de la exaltación de la santa Cruz. Hoy el periódico regional de Extremadura daba en portada que los párrocos de la provincia de Badajoz debían extremar las preocupaciones y arbitrar medidas antirrobos, dado los sucesos que están ocurriendo en distintos pueblos que está robando joyas y elementos valiosos de las vírgenes. Con el debido respeto y dolor por estos acontecimientos, sin embargo es bueno una reflexión en torno a la sencillez y pobreza de María de Nazaret y su referente de mujer libre y comprometida con los más pobres y hambrientos de la historia, desde su propia humildad.
La comunidad tiene su identidad y ha de cuidarla para que no se difumine y se diluya la verdadera comunión. No se puede comulgar con aquello que es ficticio y destructor aunque tenga apariencia de bien. Hoy se intentan formas y modos religiosos que están muy lejos de la verdad del evangelio y de lo propio de la Iglesia de Jesús. Ante eso se ha de ser firme y claro, para bien de todos y para que la comunión sea viable y verdadera. Ya sabemos que el Papa León no lo va a tener fácil, ni ningun pastor que realmente quiera ser fiel al evangelio y a la comunidad a la que se debe.
En los ejercicios espirituales organizados por el Prado en Ávila, en estos días primeros de septiembre hemos sido acompañados por Lucio Arnaiz quien nos ha ido guiando en la contemplación de un tema central para la vida ministerial y muy propia del carisma del Prado, fundado por A. Chevrier, del que él ha sido responsable nacional no hace mucho: “El sacerdote según el evangelio o el verdadero discípulo de Nuestro Señor Jesucristo”.
Cuarenta sacerdotes de distintas diócesis hemos compartido oración y celebraciones que nos preparan para el curso que se avecina. La palabra de Dios siempre fecunda nos hace leer en clave creyente nuestro caminar sacerdotal.
Se acerca la jornada mundial de los migrantes y refugiados. El lema de este año mira y se centra en la atención a los menores afectados por la migración y la huida. El tema es de una actualidad muy fuerte y lo estamos viviendo de forma llamativa en la frontera de Ceuta, pero el problema es muy amplio en el mundo. Toca escuchar y unir Palabra y Vida, desde el corazón real de las personas que no son números, ni estadísticas como dice el Papa. En nuestra delegación diocesana tenemos como objetivo el verdadero encuentro con los migrantes, sus historias, proyectos, sufrimientos, esperanzas... con el deseo de avanzar como comunidades acogedoras y misioneras como nos pide la conferencia episcopal y los mensajes papales que hacen referencia esta problemática tan humana y dolorosa hoy. De cara a la próxima jornada nos estamos abriendo a conocer y compartir historias y sentimientos de migrantes que tienen menores y con aquellos que están cercanos a ellos.
Las lógicas de pensamiento suelen pasar por los trazos de los corazones. En el corazón de Dios está el horizonte de la donación y la entrega; en el hombre, cuando se aleja de ese corazón entra la racionalidad de la propia seguridad sin fundamento y busca su grandeza en lo exterior del mundo más que la interioridad de un amor fundante.
Pablo, sacerdote de Alburquerque, al que conocí como seminarista cuando iba a impartir clases de teología en Perú, me pide que participe en la novena en honor de la virgen de Carrión en su parroquia. Es una realidad a la que tengo afecto y me comprometo con gusto a acudir el sábado día 22 de Agosto. Me indica que ese día es el quinto del novenario y que está marcado porque es el día que tienen presente a los niños del pueblo y la comunidad y hacen una ofrenda floral a la virgen dentro de la liturgia eucarística en el ofertorio. Me indica que tenga presente las mismas lecturas del Domingo. Me pongo a ello y trato de unir: Infancia, evangelio del domingo - Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?- y mi preocupación como delegado de migraciones de nuestra iglesia diocesana por la realidad que está ocurriendo en Ceuta como símbolo del sufrimiento de los niños migrantes en el mundo. Recuerdo que el Papa León acaba de hacer público su mensaje para el día de las migraciones (27 de Septiembre) y que este año está referido precisamente a la situación de los niños en la problemática de la migración y los refugiados. Esto da luz a una reflexión homilética y catequética que comparto con el pueblo en un ambiento de silencio y de escucha que me sorprendió gratamente. Lo comparto con vosotros. Al dar la comunión vi que se acercaron algunos migrantes a recibirla.
Gritar en el silencio... nos suma a la humanidad doliente que los profetas supieron plasmar en sus cantos y poemas dolidos con la fuerza brava de un Dios de la justicia que demandaba volver al pueblo, para andar en un desierto de soledades y pobrezas, de miserias, para llegar a lo nuevo y luminoso que estaba tan lejos. Cómo rezar cuando el horizonte se nubla, y la marea zarandea sobre lo humano, con una ilógica de poder que se hace razón de todo lo que existe. No podemos menos que adentrarnos en el sufrimiento... abrirnos a una soledad martirizada para poder alumbrar al menos el grito y la queja de nuestra propia parálisis. ¿Iglesia qué dices del mundo... Iglesia que dices de ti misma... ? ¿Quién decís vosotros que soy yo... ahora mismo?
En medio de las canículas de Agosto nos hemos congregado para celebrar la vida de Antonio Pérez Carrasco, un compañero del presbiterio y del arciprestazgo, que en los últimos años ha tenido que bregar con la enfermedad en su dureza y persistencia. Pero los límites corporales no han apagado en ningún momento su celo ministerial y pastoral. Ha sabido estar y vivir su enfermedad en medio de su parroquia, con las personas de su comunidad, dando testimonio de fe y esperanza en medio del dolor. Me llama la atención como en este contexto cultural y social, en el que a veces la figura del sacerdote ha sufrido y se ha resquebrajado, nosotros estamos teniendo en nuestro clero compañeros que están siendo de una fidelidad y entrega algo especial. Curiosamente cuando les ha tocado vivir la enfermedad, como le ha ocurrido a Antonio, les ha alimentado su fe, su vida espiritual y su sentido ministerial para entregarse y ser de la comunidad en sus límites. No abandonar el rebaño y las redes, aunque las fuerzas flaqueen y nos cueste mantenernos en pie. Para mí son ejemplos de resiliencia profunda enraizada en una espiritualidad tan seria como comprometida, permanecer junto al maestro, a veces sintiéndolo dormido, en la mayor tempestad y en la mayor debilidad, fiándose de aquél que los ha llamado y ha puesto en sus manos el cariño y el cuidado de comunidades humanas para poder decir una palabra de aliento y de ánimo a los que están en la misma situación.
Nos reunimos bastantes sacerdotes en su sepelio. Yo contemplaba con el corazón del Padre las presencias en aquella celebración: Paco , que presidía por estar ausente el obispo que envió su pesar y duelo por escrito, y que glosó con voz de compañero y de hermano, en nombre de la iglesia y del presbiterio lo que había sido su vida como escrito de Dios para nosotros, destacando su sencillez y profundidad.
Los compañeros con los que ha compartido tareas y caminos de vida personal y pastoral. El coro sencillo de su parroquia que allí estaba aportando con sus canciones conocidas de toda la asamblea y elegidas con la mirada puesta en este pastor y en su tarea, así como en sus gustos espirituales. El viejo ayudante sacristán, que hacia la oración litánica del señor ten piedad, al recordar el agua de su bautismo, como ha hecho tantas veces junto a su sacerdote, los lectores y sus moniciones llenas de vida y de verdad creyente agradecida. Pero sobre todo el pueblo y la comunidad cristiana que con su estar, su oración, su canto, daban cuenta de una comunidad con vida y sentimientos propios, de los que son de verdad y permanecen.
Unidos de corazón su familia querida que encontraban consuelo en esta manifestación de gloria y esperanza en un momento de muerte y de separación. Siempre recordaremos su presencia y su hacer, sus reflexiones y sus escritos. Esa forma sencilla de estar y de saber decir palabras medidas y sentidas, en comunión con las de otros que podían ser distintas pero nunca distantes. Traigo hasta vosotros las palabras de Paco Maya, que ofició y que ayudó a hacer lectura creyente ante la vida de Antonio y su quehacer ministerial, de su persona y su vocación sacerdotal.
El apóstol Pablo era un convencido radical de que nada era comparable con la riqueza del conocimiento de Cristo; para él, todo se debería considerar basura en comparación con este don. No hay mayor gracia que entrar en comunión con ese misterio de Jesús de Nazaret, el Crucificado que ha resucitado y vive para siempre.
Ayer para la celebración de la Asunción recurríamos a la imagen de Isabel, madre de Inesu, que falleció hace un año y escuchábamos el magníficat de la hija sobre la madre, la gloria sembrada por esa mujer sencilla en su hija. Esta mañana, la imagen es al a inversa, llegaba a la parroquia para unirse a la celebración dominical en Guadajira, Marina que recientemente ha sufrido la pérdida de su hija joven. La enfermedad en su última etapa le había impedido estar con nosotros. Hoy llega con rostro sereno y tranquilo al templo como casa familiar, donde uno viene con su vida y su dolor, para encontrarse con Cristo Resucitado en medio de los hermanos. Nuestra comunidad parroquial, muy débil y siempre en ciernes, hoy celebramos con su estar y su sentir. Ojalá sepamos ser alivio y consuelo para su dolor y aflicción. Ya el hecho de venir y querer estar es un signo de esperanza y de lucha. La última palabra no la tiene la muerte sino la gloria, como decíamos ayer en la celebración de la Asunción de la virgen.
Hace bastantes años que tengo la dicha de pasar unos días en la casa de oración en el Santuario de Regla en Chipiona regido por los franciscanos. La estancia en veranos sin dejar de ser lugar de espiritualidad se convierte en un lugar de descanso y cuidados integrales, que atienden al cansancio, al ruido, a las prisas, a las responsabilidades y que permite adentrase en el cuidado y en la paz personal, llegando a generarse vínculos muy saludables y espirituales entre los que allí acuden sin más pretensión que ser y estar en la paz y el descanso vital y profundo. Allí hay sencillez y hasta austeridad, pero en la riqueza y la abundancia de la playa, la luz, el agua, la brisa... no se trata de nada de consumo ni de fiesta externa, sino más bien de restablecimiento silencioso, tranquilo, donde cada uno se organiza el descansar, el cuidarse y el relacionarse con gracia, sencillez y también, gracias a Dios, con humor y hasta con cantos. Allí me suelen esperar, reconocer, acoger y allí gozo con esta cita anual de bendición y alabanza.
Dios quiere abrir nuestras mentes... ese reto permanente de poder llegar a pensar a como Jesús, sentir y actuar como él... Jesús se dejó tocar por el Padre y abrió su mente en aquellos signos que le mostraba en el quehacer de la historia. Hoy tenemos signos vivos que están llamando a nuestras puertas, estrán gritando en nuestras fronteras, como aquella mujer ante Jesús.
Son muchas las ocasiones bíblicas en las que oímos que se alza la voz de los fieles para proclamar las grandezas de las acciones de Dios en favor de su pueblo. Los que hacen esos cánticos están tocados por la acción graciosa del Señor y suelen ser colaboradores suyos en el silencio que se hace grito para dar testimonio de esa grandeza divina. Hoy es Inesu quien hace magníficat de su buena madre, a la que acompañó en su enfermedad y debilidad.
Los encuentros con Cristo en la dificultad se convierten en la revelación de un amor que no es desde la seguridad y el éxito, sino desde la donación y la vida. Los mismos discípulos no pueden reconocer al Señor en la dificultad y el miedo, pero él se presenta con signos que sobrepasan la lógica contable, se desborda en signos que nos elevan y nos ayudan a creer y a confesarlo vivo entre nosotros.
Jesus Hurtado, desde la comunidad parroquial de san Fernando en Málaga nos ayuda a acercarnos a la verdad del encuentro con Cristo en las realidades propias de la vida dentro de la comunidad, con la vida de los hermanos.
El silencio era hoy grito de vida y memoria de Marina que acaba de fallecer. El templo de Guadajira ha sido hoy lugar de celebración de una vida joven que se ha marchado, siendo hija, pareja, hermana, sobrina, prima, vecina, amiga, trabajadora, ciudadana, cristiana... el pueblo ha sido el cuerpo que se siente dolido por la pérdida de uno de sus miembros. La eucaristía llamaba a poner nombre a lo que estaba ocurriendo y a la interpelación fuerte que ella nos había transmitido: ¿Estamos preparados para vivir a fondo y para saber morir? La pasión, muerte y resurrección de Cristo no has consolado.
Dios siempre ha seducido y ha enamorado a todos aquellos que se ponían al alcance y abrían mínimamente su corazón a la Palabra. Hoy sigue haciéndolo aunque nos parezca que la cultura en la que vivimos se hace hermética a su bondad y a sus lazos de amor. Abramos los ojos a aquellos hermanos que tocados por la verdad, la belleza y el amor de Dios entran en su locura y se convierten en señales luminosas del absoluto y su horizonte para la humanidad. El absoluto al alcance de las criaturas, un misterio de puro amor.
En la mañana revisaba los datos parroquiales de la pequeña comunidad de Guadajira y reparaba en el detalle de que este año en curso habíamos tenido solo dos funerales y cuatro bautismos, buena señal. Pero poco después en el pequeño supermercado, Beatriz me informaba que Marina, joven del pueblo, estaba en un momento muy avanzado de su enfermedad y estaba recibiendo cuidados paliativos ya en estado casi terminal. La verdad que había pensado en ella y en su enfermedad, hacía tiempo que no conectaba con sus familiares, al hablar con su hermano Alberto, me pone al tanto de la situación y por la tarde me dirijo al hospital para estar con ellos y compartir estos momentos tan definitivos en la vida de las personas. Este quehacer ministerial nos sitúa en la verdad de la mayor vulnerabilidad y siempre me ha interpelado sobre la verdad de la vida como pura peregrinación en la que es fundamental estar preparados desde el propio vivir. Todos los días son únicos y tienen su ultimidad, la verdadera preparación es la consciencia de nuestra mortalidad y de nuestro ser peregrinos del vivir.
Anoche me sumergí en la proyección del filme la Odisea, una adaptación de la que recibí información a través de Adela Salas Ruíz. Arquitecta funcionaria en la Oficialía del Ministerio de Trabajo, área de Proyectos y Obras. Nos conocemos desde su infancia, más concretamente desde su primera confesión, para comulgar. No olvido ese momento singular y su luz de infancia creyente y emocionada. Tras eso su paso por la JEC -juventud estudiante católica- aprendiendo a leer en creyente y reflexionar sobre la vida a la luz de la fe y todo su proceso para poner su saber al servicio común, cuidando el bien interno de su profesión, ahora recién en ese espacio público, antes en cuestiones que han tenido mucho que ver con el desarrollo y la igualdad en el mundo. Ese modo de pensar, sentir y actuar desde luz evangélica que nos ayuda y nos marca para siempre en nuestra mirada de la realidad. Al recibir su reflexión sobre la nueva adaptación cinematográfica de la Odisea, ahora en nuestras salas de cines, me entró el deseo "contemplarla" y recibirla desde las claves de que ella me había enviado y que me permito compartirlas con vosotros, para que os podáis enriquecer como yo lo he hecho, tanto de la visión del film, como de las claves de esta mirada trascendente y creyentes, a la vez que esperanzada y crítica, que Adela nos brinda en su escrito.
La llamada hoy es urgente y necesaria, hay que cultivar y sembrar humanidad por los cuatro costados, con los de dentro y con los de fuera. El reto es universal y la Iglesia está llamada ser servidora sin dilación ni distracciones. No hay otro Jesús que el de la fraternidad que ejerce lo humano con los otros y con la naturaleza. Nos quema el momento... el grito del fuego es el grito del a creación, de la naturaleza y de la humanidad. Montes quemados y humanidad desalojada...
Nada más lejos de la indiferencia y del acomodamiento ante la realidad desnuda e injusta que sufre la humanidad. La postura de Jesús en su caminar a los pueblos y estar con ellos es de una dimensión vinculante sin retraso ni «diletancia». Ante la necesidad básica, respuestas directas y a mano propia. El Maestro enseña a sus discípulos a vincularse con la realidad desde lo pequeño y lo pobre. No se necesita la grandeza ni el poder para compartir y generar comunidad.