No, no y No

Una vez más debemos hablar de futbol. Aunque no nos guste o apenas lo entendamos. El impacto social que tiene es tan grande que aspirar a evangelizar en la sociedad actual pasa por tener en cuenta los valores que transmite.

El pasado miércoles el jugador Pepe pisó “voluntariamente” la mano a Messi, caído en el suelo. Aunque Pepe se ha disculpado la interpretación más extendida es que lo ha hecho, simplemente, presionado por su club.
En el cuento del pastor y el lobo aquel pide ayuda, porque efectivamente el lobo se acerca pero el problema es que ha mentido tantas veces que ahora ya no se le cree. Algo similar le ocurre a Pepe. Ha tenido tantas veces comportamientos similares que ya no se le cree.

!Qué importante es generar confianza y credibilidad! !Ser hombre de palabra!, como dicen en mi pueblo.

Ya sé que no es fácil hablar de futbol, porque las opiniones están enormemente sesgadas y condicionadas por el color de nuestro equipo preferido. Pero hay que hacerlo y debemos hacerlo, porque el comportamiento en torno al mismo puede llegar a ejercer una enorme influencia en los valores que transmitimos a nuestros jóvenes.

Independientemente de quien lo haga un comportamiento así debería rechinarnos.

¿Acaso queremos decir a nuestros hijos que todo vale con tal de que nuestro equipo gane?

¿Queremos decirles que no pasa nada y que la camiseta de su equipo, que ellos llevan con tanto orgullo, no ve dañada su imagen con la foto que ha dado la vuelta al mundo?

¿Queremos decirles a nuestros hijos que todos lo hacen, que el juego y la vida son así y que hay que seguir haciéndolo?

¿Queremos decirles que se puede fingir y mentir?

La disculpa es necesaria, pero, cuando llueve sobre mojado, y se ha hecho reiteradamente ¿es suficiente?

Lo acontecido no es un hecho banal. El club debería tomar medidas sancionadoras y preventivas. Si no lo hace por conciencia debería hacerlo por conveniencia, pensando en el desprestigio que supone para su imagen.

Los padres y educadores deberíamos hablar de lo ocurrido con nuestros hijos, darle la importancia que merece y diferenciar el juego y la lucha por ganar de los medios utilizados para hacerlo.

Las autoridades que lo regulan deberían dotarse de mecanismos serios para evitar tales comportamientos con medidas preventivas y sancionadoras.
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