El valor real de la marca España

Llevan meses dándonos matraca con la marca España, y yo nunca entendí muy bien en qué demonios consistía el invento. Parecía una sombra, una entelequia, una burla, otro grifo por el que se iban los cuartos de todos. Luego he descubierto que hay algo más que da un gran valor a esa marca .

Un tren descarriló junto a Santiago y empecé a comprender. La marca España son unos vecinos que se lanzan a un vagón en llamas para socorrer a desconocidos. Es un hombre que improvisa una camilla con un trozo de chapa y un joven que se corta los brazos para poner a salvo a un niño.

La marca España son veinte mil personas que desalojaron en diez minutos la Plaza del Obradoiro sin un solo incidente, o las que inundaron las redes de mensajes de apoyo. O aquellos que esperaron horas para donar sangre.

Son las familias de las víctimas asumiendo la tragedia con una dignidad estremecedora. Son los hosteleros que organizaron un banco de habitaciones para alojar a los deudos. Los taxistas que llevaban gratis a familiares de las víctimas. Los médicos y los sanitarios que interrumpieron su descanso para ayudar en los hospitales y los enfermos que pidieron el alta para no ocupar la cama que podía necesitar un herido.

La marca España son los bomberos que se arremangaron olvidando sus reivindicaciones laborales. Son los voluntarios, los psicólogos, los policías, los guardias civiles.

La marca España son, en fin, quienes en estos días lloraron por el dolor de personas a las que ni siquiera conocían.

Todo esto, y no otra cosa, es lo que ha deslumbrado al mundo.

El afán quijotesco que llevamos en el ADN y hace que cuando ocurre algo terrible todos queramos hacer algo para ayudar. Aunque lo único que podamos aportar sea una gota de sangre. O nuestras lágrimas.

Escrito por Marta Rivera en Diario de Lugo
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